Las pinturas que decoran el presbiterio, es lo único que nos queda de la primitiva Ermita,
pues sobrevivierón a la invasión napoleonica y a las dos guerras civiles posteriores.
Las podemos dividir en dos zonas, la cúpula y la subyacente con los cuatro arcos torales que la
circunscriben, y en cuyas pechinas encontramos cuatro figuras femeninas, prefiguras estas de la
Virgen. Ellas son, Judith, María (hermana de Moises), Esther y Jahel. Tanto unas pinturas como
otras, son de estilo churrigueresco, y aunque parecen no estar hechas con la misma mano, sí
pertenecen a la misma escuela. Esta labor pictorica se la debemos, si no a Vicente Lopez, sí a su
escuela.
En la cúpula octogonal se desarrollan dos programas intercalados. El programa mariano, con
cuatro escenas de la Virgen María (Anunciación, Visitación, Inmaculada y Asunción) y las cuatro
pinturas alusivas a la vida de San Roque.
En primer lugar, encontramos al Santo orando de rodillas. San Roque rezaba todas las noches y
rogaba a Dios por los pecados de los hombres, por lo que hay dos inscripciones en las que se
lee PENITENTIA y ORATIO. La escena nos situa a San Roque orando en su habitación, en casa de sus
padres, antes de marcharse y emprender su camino de peregrino. Esta afirmación la corroboran
los cortinajes, sombrero y ropa que lleva el santo, propias de una casa de familia adinerada
como lo fuerón los Condes de Montepellier.
Frente a esta escena, le vemos rodeado de apestados que le contemplan extasiados y a los que
curaba lavándoles las heridas y haciendoles sobre la frente la seńal de la cruz. En la parte
superior, podemos leer CHARITAS. La caridad, es la raiz del Arbol del Bien (figura del
medallón) de donde nacen todas las virtudes del olvido a si mismo. En el medallón inferior
figura un aguila con las alas extendidas, ave de vuelo rápido, de gran prontitud y por lo tanto
activa, como lo fué la vida del Santo que no cesó en su misión de ayudar a los necesitados.
Entre la Visitación y la Asunción, se encuentra San Roque arrodillado y junto a Él, un ángel
alado que lleva en sus manos una cinta "Eris in peste patronus", haciendole patrón de la peste
y recibiendo asi la GRATIA DIVINA como podemos leer.
Y ya por último, San Roque encerrado en su propio castillo por mandato de su tio el Gobernador,
junto a su perro. A este tiempo que permaneció encarcelado (5 ańos), aluden los instrumentos
de prisión que hay en el medallón superior (argollas, cadenas ...) y junto al que leemos
PATIENTIA, virtud que destacó en Él, junto con el don de la HUMILDAD, inscrita en la parte
inferior. El buey que se encuentra en el medallón es el atributo de la paciencia.
Todo el conjunto tiene una gran armonia y es muy destacable la asombrosa sensación de
perspectiva, lograda especialmente en la linterna de la cúpula y que parece prolongarse debido
a su gran realismo.
Texto: Mercedes Fontelles García
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