Las siete maravillas del mundo moderno
La ciudad perdida de Petra - Jordania


El enclave arqueológico de Petra en la actual Jordania, era la antigua capital del Reino de los nabateos. Su nombre proviene del griego y significa "piedra" y realmente nunca mejor escogido su nombre, pues se trata de una ciudad excavada en la roca. Tuvo su momento de mayor esplendor durante los siglos III y V antes de cristo, por ser lugar de paso y descanso de todas las caravanas que procedentes del lejano Oriente se dirigían a los mercados de Egipto, Siria y Arabia transportando metales preciosos, hierbas aromáticas, incienso, betún y productos de lujo. Desde 1985 está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El territorio fue ocupado desde el neolítico principalmente por pueblos nómadas. Fundada hacia finales del siglo VIII ac por los edomitas (descendientes de Esaú), fue ocupada en el siglo VI ac por los nabateos (pueblo nómada de etnia árabe) que la convirtieron en su capital. En el año 106 dc fue conquistada por el emperador romano Trajano para pasar posteriormente a depender del imperio romano de Oriente. Por Petra pasaron los cristianos bizantinos, más tarde los musulmanes y finalmente los cruzados aunque para estos momentos la ciudad ya se encontraba en franco abandono y no pareció que su ocupación fuera importante. La ciudad fue abandonada definitivamente hacia el año 700 dc y no será hasta el año 1812 cuando la ciudad sea re-descubierta por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt y comience a conocerse la historia del pueblo nabateo y su capital Petra. Para entonces el territorio estaba en manos de los otomanos.

Los terremotos que sufrió la ciudad y el cambio de las rutas de comercio llevaron a la decadencia y olvido de la ciudad y su abandono hacia el año 700 dc.

Para llegar a Petra es necesario pasar por un estrecho desfiladero de algo más de 1 kilómetro de longitud. Aunque en la ciudad de Petra hay muchos lugares que visitar, dos edificios son los que más admiración levantan y centran el interés turístico.

El edificio más conocido es "Al Khazneh" o Templo del Tesoro, famoso por su fachada monumental que da paso al santuario en el interior de la montaña. De casi doce pisos de altura, recibe su nombre por la leyenda que circulaba, que su interior albergaba un gran tesoro de un faraón egipcio. En realidad era una tumba real y un templo donde los nabateos realizaban sus ritos funerarios. Fue construido a principios del siglo I por el rey nabateo Aretes IV y por sus claras características helenísticas sus constructores tenían origen heleno o al menos conocían bien el mundo greco-romano. El templo se articula en dos niveles, el inferior formado por seis columnas que sostienen un frontón y un arquitrabe clásico. El segundo nivel se compone de tres cuerpos separados que sostienen un frontón partido. El cuerpo central de forma cilíndrica sostiene una pequeña cúpula que sobresale del conjunto por el centro del frontón partido. Los cuerpos de este segundo piso se sustentan también en columnas. Las paredes tanto del primer piso como del segundo se decoran con relieves hoy día bastante deteriorados que los hacen de difícil interpretación.

En cuanto a como fue construida esta gran portada, se ha llegado a la conclusión que dado que en las cercanías no existen bosques que puedan suministrar la madera necesaria para construir un andamio, la construcción se realizó de arriba a abajo, tallando literalmente la piedra desde arriba y dejando una pequeña base para que los trabajadores pudieran labrar, según iban descendiendo se construía otra base y se picaba la superior y así sucesivamente.

Recientes excavaciones han permitido el hallazgo de una gran cripta subterránea formada por cuatro cámaras que albergaban hasta 11 esqueletos. Acompañaban a los mismos diversos elementos de un ajuar funerario bastante sencillo. Los esqueletos se cree podrían pertenecer a miembros de la familia del rey Aretes IV, aunque se sabe con certeza que el rey nunca fue enterrado en este mausoleo.

El segundo edificio en importancia es el conocido como "Deir" o Monasterio. Se trata de un edificio construido hacia el siglo I por el rey nabateo Rabel II Sóter. Durante el periodo bizantino el edificio pasó a convertirse en centro religioso, de donde le viene el sobrenombre del Monasterio. Es un edificio levantado en honor al rey nabateo Obodas I. Estilísticamente guarda cierta semejanza con el Templo del Tesoro, en este caso el frontón del piso inferior desaparece pero se mantiene la estructura del piso superior con su cuerpo central de forma circular. Aunque hoy desaparecidas, en la fachada podemos ver los nichos donde se alojaban esculturas, que contrasta con el Templo del Tesoro donde su decoración se realizaba a base de relieves.