Historia del monacato

Anacoreta: Persona que vive en lugar solitario, entregada enteramente a la contemplación y a la penitencia.
Asceta: Persona que, en busca de la perfección espiritual, vive en la renuncia de lo mundano y en la disciplina de las exigencias del cuerpo.
Cenobita: Persona que profesa la vida monástica.
Eremita: Ermitaño.
Ermitaño: Persona que vive en soledad.
Monje: Persona que pertenece a una orden religiosa y vive en un monasterio.

Una fecha a tener en cuenta es el año 312 cuando las tropas del emperador romano Constantino, derrotan a las de su opositor Majencio en la batalla conocida como del “Puente Milvio”. Con esta victoria el emperador Constantino decretará en 313 mediante el conocido como “Edicto de Milán” el fin de las persecuciones contra los cristianos. Años más tarde, en 380 el emperador Teodosio hará de la religión cristiana la oficial del imperio romano (Edicto de Tesalónica).

Los orígenes del movimiento monacal tienen su inicio en un periodo donde la decadencia del imperio romano de occidente era todo un hecho. El punto álgido de esta decadencia habría que situarla el 4 de septiembre del 476 cuando los bárbaros de Odoacro asaltan la ciudad de Roma (caída del imperio romano) dando por finalizado un largo periodo histórico de lo que hemos llamado civilización romana. El movimiento monacal es un fenómeno que nace en las tierras de Siria y Egipto entonces bajo la autoridad de Roma.

San Antonio Abad La primera persona que tenemos constancia que se retiró de la vida mundana para vivir en soledad, fue Antonio, conocido como san Antonio abad, san Antonio el Ermitaño o San Antonio el Grande (* Heracleópolis Magna-Bajo Egipto ca. 250 † cerca del mar Rojo-Egipto 17-01-356). San Antonio se retiró al desierto egipcio haciendo vida eremítica y prácticamente en soledad. Siguiendo su ejemplo gran número de personas imitaron su ejemplo y se retiraron a los desiertos de Egipto y Siria para vivir en soledad. La vida del personaje es conocida por los relatos de san Atanasio († 373) y san Jerónimo († 420). De los datos que se manejan, se considera que san Antonio vivió más de cien años, algo bastante improbable según los estándares de la época.

San Palemón († ca. 330) retirado a la soledad del desierto egipcio de Tebas, finalmente y ante el gran número de seguidores que se reunían en su entorno, fundó una comunidad cenobítica en Tabennisi (isla situada sobre el río Nilo, cerca de la ciudad de Tebas). Tuvo como discípulo a san Pancomio.

San Pacomio (* Cesarea-Turquía ca. 292 † 09-05-348). En sus inicios fue discípulo de san Palemón, pero con el tiempo llegó a la conclusión que la forma de vida eremítica debía dar paso a una nueva organización que prestara atención a algunos aspectos de vida comunitaria y no necesariamente en completa soledad.

Es por tanto que se considera a san Pacomio como el iniciador del movimiento monacal en sus formas más primitivas. Fue un soldado romano que luchó a las ordenes de Majencio, convertido al cristianismo fundó junto con su maestro san Palemón, una aldea cenobítica en Tabennisi (actual Egipto) hacia el 320. En esta aldea reunió a todos los ermitaños que se encontraban diseminados por distintos lugares (que eran muchos) y les dio una regla de convivencia, fue el introductor del principio monástico de “Ora y Labora” que posteriormente popularizaría san Benito de Nursia. En principio esta unión de eremitas se realizaba en absoluta soledad, tan solo en las comidas y el día consagrado al Señor se reunían en comunidad. Con el tiempo esta forma de vida en soledad atenuada, se iría ampliando con la realización de tareas comunes que todo sea dicho de paso restaba tiempo para la soledad y para la vida ascética. San Pacomio puso por escrito (en lengua copta) la regla monacal siendo la primera regla monástica de la que se tiene conocimiento. La regla de san Pacomio es conocida gracias a los escritos de san Jerónimo que tradujo la misma al latín.

San Atanasio de Alejandría (* Alejandría 296 † 02-05-373), obispo en su ciudad natal, fue desterrado en repetidas ocasiones, en una de ellas al desierto de Egipto y allí conoció los monasterios que san Pacomio había fundado. A él se debe la introducción del espíritu del monacato en la iglesia occidental hacia los años 336-337. De su estancia en Egipto conoció de primera mano la vida de san Antonio Abad y por su pluma conocemos la historia de este santo anacoreta.

San Basilio (* Cesarea-actual Turquía ca. 330 † 01-01-379). Dentro del mundo del monacato san Basilio es recordado por haber escrito una guía monástica cenobítica de la iglesia oriental y que es conocida como regla de san Basilio. En vida ocupó el cargo de obispo de Cesarea y su regla mostraba mayor interés por una vida monastica en comunidad (cenobítica) frente a una vida eremítica (en soledad). Esta regla monastica tuvo mucha predicación en la iglesia oriental y algo menos en la occidental.

San Benito de Nursia El creador del monacato en occidente fue san Benito de Nursia (* Nursia-Italia 480 † Montecasino-Italia 21-03-547) quien fundó hacia el 530 el primer monasterio de occidente en Montecasino, dándole una regla conocida posteriormente como la "Santa Regla" y que es la base de todas las reglas posteriores. Hizo suya el principio de san Pacomio de "ora y labora", consideraba que el monasterio tenía que ser autosuficiente y aislado de la sociedad. Sus miembros fueron conocidos como benedictinos en su honor.

Desde Montecasino, el monacato occidental se extendió por toda Europa y la regla benedictina se hizo general en todos los monasterios. El lema de "ora y labora" se extendió como principio general del monacato, oración y trabajo. La vida de san Benito, está inmerso en una nueva realidad histórica, aquella en que la desaparición de la cultura clásica romana es más que un hecho y el mundo ostrogodo que dominaba la península italiana y abría una nueva perspectiva histórica.

Orden benedictina (O. S. B.) Toma su nombre por su fundador san Benito de Nursia. Tiene su punto de arranque el siglo VI con la fundación del monasterio de Montecasino en Italia. Los monasterios benedictinos elegían un abad, tenían total autonomía y no estaban supeditados a ninguna instancia superior. Se regían por una orden escrita por el propio san Benito que es conocida como regla benedictina. Su lema era "ora y labora". Vestían hábito de color oscuro, motivo por el cual han sido conocidos en algunos momentos como monjes negros en contraposición a los mojes blancos cistercienses. Hermana de san Benito fue sana Escolástica, a quien se considera iniciadora de los monasterios femeninos en occidente. El más conocido monasterio benedictino de España, tal vez sea, el monasterio de santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, al que se le pueden unir otros muchos, como la abadía del Valle de los Caídos en Madrid, o la abadía de Montserrat en Barcelona, por poner unos ejemplos.

Orden cluniacense Toma su nombre de la abadía de Cluny, en Francia. En 909 el duque Guillermo I de Aquitania entrega al papa Sergio III, unos terrenos en la Borgoña francesa para construir sobre ellos una abadía. Al frente del monasterio se sitúa Bernón de Baume († 927), considerado como el primer abad de Cluny. Este monasterio nace con la sana intención de volver a los principios fundacionales de las abadías benedictinas y al mismo tiempo poner a estas bajo la autoridad del papado romano. Es por tanto la orden cluniacense una reforma de la orden benedictina surgida a principios del siglo X. Una de las principales modificaciones que se imponen sobre la orden benedictina, es que la autoridad de los monasterios están supeditadas en última instancia al abad de Cluny, estableciéndose una rígida jerarquía de mando. Cluny fue sin lugar a dudas uno de los principales pilares en la formación del monacato europeo e incluso de la propia Europa.

Orden cisterciense (O. Cist.) Al igual que la orden cluniacense, la orden del Cister pretendía una vuelta a los valores originales de los benedictinos, es por ello que toman como regla fundamental de convivencia la regla de san Benito. Su punto de arranque es la fundación de una abadía por parte de Roberto de Molesmes en la ciudad francesa de Citeaux (la romana Cistercium). En la empresa fundacional le ayudarían Esteban Harding († Citeaux 28-03-1134) y Alberico († Citeaux 26-01-1108).

San Roberto de Molesmes (* ca. 1028 † Molesmes 17-04-1111) había fundado en 1075 un monasterio en Molesmes bajo los principios de la estricta observancia de san Benito a la que Cluny había renunciado. No tuvo mucho éxito en esta primera fundación y por ello resolvió crear en 1098 un nuevo monasterio en la localidad Citeaux. Esta segunda fundación si que tuvo el éxito esperado y desde aquí los principios fundacionales de esta nueva orden conocida ya como del Cister se extendieron por toda Europa. Su hábito es de color blanco con escapulario marrón, son conocidos como monjes blancos en oposición a los monjes negros benedictinos, sin que ambas acepciones tengan ningún carácter peyorativo. El éxito de esta nueva orden fue inmediato, en breve tiempo y siendo abad Esteban Harding se vieron en la necesidad de fundar nuevos monasterios, el primero el de La Ferté (1113) y un segundo en Pontigny (1114). Una tercera fundación importante para nuestra historia fue la de Clairvaux (Claraval).

No obstante el personaje fundamental de la orden del Cister, es Bernardo de Claraval (* Fontaine lès Dijon-Francia 1090 † Clairvaux 20-08-1153). Bernardo de Claraval ingresó en Citeaux en 1113, en 1115 fue enviado por el abad Harding a regir el nuevo monasterio de Claraval. Bernardo sería abad de Claraval hasta su muerte en 1153. La vida de Bernardo es harto compleja, fue asesor de nobles, papas y reyes. Promovió de forma activa la segunda cruzada (1147-1149), intervino en el cisma entablado por el antipapa Anacleto II y fue mentor y defensor en el concilio de Troyes (1128) de la naciente orden del temple (los templarios). Gracias a su carisma consiguió llevar a la orden del Cister a lo más alto del monacato europeo occidental.

Una de sus afirmaciones consistía en que para adorar a Dios no hacían falta imágenes, pinturas u objetos innecesarios, es por ello que la arquitectura del Cister es muy pobre en elementos decorativos. Bernardo de Claraval, además impuso un modelo de arquitectura en la construcción de los monasterios, modelo que estuvo vigente durante siglos y que es fácilmente observable en casi todos los monasterios, incluso en no adscritos al Cister. Aunque la devoción a la Virgen María (madre de Jesús) estaba arraigada en el mundo cristiano, con san Bernardo esta devoción se multiplicó, difundiendo la veneración a la Virgen en todos los lugares donde se establecía el Cister, numerosos monasterios cistercienses, llevan por nombre de Santa María.

El monacato hispano El primer monasterio hispano es el de San Victorián de Asán en el núcleo de Los Molinos de la población de El Pueyo de Araguás, en la comarca del Sobrarbe oscense. San Victorián (* Italia ca. 480 † Monasterio de Asán ca. 551) compañero de san Benito llegó a España y fundó el monasterio hacia el 507-511 (siglo VI) en tiempos del rey visigodo Gesaleico. En sus inicios el monasterio era conocido como de san Martín de Asán, pero después del paso de san Victorián, cambió su nombre por el actual. El monasterio de San Victorián pasa por ser el más antiguo de toda España (siglo VI). Otro de los más antiguos es el Monasterio de san Millán de la Cogolla también del siglo VI aunque posterior a Asán.

Le sigue el monasterio de San Pedro y San Pablo de Montes, del siglo VII. Fundado hacia 635 por san Fructuoso. Situado en la población leonesa del Bierzo de Montes de Valdueza.