CATEDRAL DE SEVILLA

La Mezquita de Sevilla

En Junio de 1171 entraba en Sevilla el califa almohade Abü Ya'qüb Yüsuf, y en abril del año siguiente dispuso lo necesario para trazar las líneas del emplazamiento de la nueva mezquita que, además de poder acoger a los numerosos fieles, manifestara el poder espiritual almohade y el dominio magrebí en al-Andalus.

Según Ibn Sähib al-Sala, historiador de la corte almohade, los trabajos se continuarón sin interrupción a lo largo del tiempo en que el califa permaneció en Sevilla, hasta completar la obra y poner la techumbre. Esto ocurrio en el 1176, y la primera jutba u oración del viernes, tuvo lugar el 30 de abril de 1182 y las gentes llenarón sus naves.

Su estructura era rectangular, de aproximadamente 150 metros por 110 en sus lados, con 17 naves separadas por arcos de herradura apuntados; se orientaba de norte a sur, con espléndido sahn porticado, que permaneció practicamente intacto hasta 1618 y que se ha mantenido hasta nuestros dias con el nombre de Patio de los Naranjos. Parte esencial de este complejo era también su alminar, convertido posteriormente en torre de campanas de la Catedral cristiana y conocido como La Giralda.

La hoy llamada Giralda, fué erigida como alminar de la mezquita entre 1184 y 1198 por Ahmed Ben Baso que es el mismo que construye otros minaretes casi gemelos en el norte de África, concretamente en el Magreb: la Kutubía, en Marrakech, la torre Hassan, en Rabat, y la Mansuariah de Tremecén. Podría decirse que son las tres Giraldas del otro lado del estrecho.

Cuando el califa almohade regresó a Sevilla en el verano del 1195, para comenzar la campaña contra los cristianos, el alminar ya estaba practicamente terminado. Las tropas almohades vencierón a las cristianas en Alarcos, cuya celebración proporcionaría a Sevilla otra joya artistica: las cuatro manzanas doradas de su yamür o remate, que construyó el alarife de origen siciliano, Abü-Layt al-Sigilli, y que se colocarón en lo más alto del alminar en una memorable ceremonia presidida por el califa, el 10 de marzo de 1198.

El alminar tenia una base cuadrada de 13,60 metros de lado por el exterior y un machón central, subiendo entre ambos una rampa que se cubre con pequeñas bóvedas de arista en sus tramos y de arista o vaídas en los pequeños cuartos que se alojan en los descansos de sus siete plantas.

Exteriormente, sus casi 51 metros de obra almohade se distribuyen en dos pisos: el inferior liso, roto en su paramento por los tragaluces para la iluminación de la rampa de subida, y el superior, decorado en sus cuatro frentes con tres bandas verticales y paralelas cada uno, que alojan, la central, espacios en los que se articulan ventanas gemelas de arcos de herradura o lobulados, enmarcados bajo otros ciegos, lobulados y con alfiz. Las laterales llevan paños rectangulares en los que, con ladrillo recortado (labor de sebka), se dibujan arcos gemelos ciegos que se prolongan y entrecruzan formando rombos, todo ello descargado sobre columnillas de mármol y jaspe, con pequeños capiteles de acarreo. La parte superior de lo que fué alminar se adorna, entre impostas horizontales, con andenes de diez arcos ciegos, lobulados y entrelazados, habiendo testimonios de su remate con almenas. Sobre su antigua azotea, hoy embutida en las obras renacentistas, se alzaba una airosa linterna y sobre ella, el ya referido yamür de bolas doradas.

Alfonso X el Sabio, dijo de este alminar: "Pues de la Torre mayor que es ya de Sancta María, muchas son las suas nobresas, e la su beldad e la sua alteza ... Otrosí tan alta e tan llana, e de tan gran maestria es fecha la su escalera ... E a la cima della son cuatro manzanas redondas, una encima de otra, de tran grande dobra e tan grandes que non se podian aver otras tales... mas de la cuarta manzana no podemos retraer, ca es de tan gran labor e de tran grande e estraña obra que es dura cosa de creer ... e cuando el sol da en ella resplandece, crea rayos mas de una jornada".

La admiración que despertaba la edificación del alminar fué tal, que cuando los musulmanes solicitarón, al tratar las capitulaciones de Sevilla, que se les dejara demoler la torre, el infante don Alfonso contestó una frase que ya se ha hecho célebre en la historia: "por un solo ladrillo que le quitasen los pasaría a todos a cuchillo".

El terremoto de 1356 hizo caer este famoso yamür y el cabildo se ocupó reiteradamente de levantar sucesivos cuerpos de campanas, todos con carácter provisional.

La Catedral de Sevilla

Sevilla fué conquistada por Fernando III el Santo en el 1248.

La Catedral de Sevilla se levanta en el solar que ocupó la gran mezquita construida por los almohades a finales del siglo XII. La Giralda, que es su campanario, y el patio de los Naranjos son legados de su estructura árabe.

En 1375 el arzobispo don Fernando de Albornoz, decidió restaurar la antigua mezquita, ya catédral que tras varios terremotos se encontraba seriamente dañada, pero el estado de la misma era tal que el cabildo decidió comenzar las obras de demolición y construir una nueva iglesia catédral. Las obras comenzarón en 1402 y continuarón hasta 1519 respetandose la Giralda, asi como los lienzos de los muros del Patio de los Naranjos. La mezquita comenzó a ser derribada, y a renglón seguido los maestros Ysambret y el francés Carlin iniciarón, a compás de su destrucción, un grandioso templo gótico, muy austero y riguroso, que se estrenó, aunque inconcluso, en el 1507, sin que se introdujeran cambios en el plan original, pese a su extensión y a los setenta y cinco años que duró la obra, bajo la dirección del arquitecto Alonso Martinez. Otros maestros que intervinierón en la obra fuerón Simón de Colonia, Juan Gil de Hontañon y Alonso Rodríguez.

Señalar que Lorenzo Mercadante de Bretaña, interviene en la decoración escultórica de las portadas del Nacimiento y del Bautismo; o la de Enrique Alemán en la colocación de las vidrieras.

En su construcción se empleó, preferentemente, la piedra, procedente de diversas canteras de la región -Alcalá de Guadaira, Morón, Puebla de Cazalla, Utrera, Jerez de la Frontera, Puerto de Santa Maria, Sanlúcar de Barrameda- e incluso de Portugal -Setúbal y Lagos-. Esta diversidad de procedencias le confiere a sus muros una diversa coloración y resistencia, lo cual ha contribuido al mayor o menor grado de conservación de las distintas dependencias del edificio. El aparejo de sus muros es de sillares labrados a tizón, con hiladas de igual altura, y según era costumbre en los edificios góticos, sus portadas estuvierón policromadas, como consta referente a la puerta del Perdón y aún hoy se puede apreciar en las de poniente.

Hay un predominio de la linea horizontal; sólo la nave central se eleva un poco transmitiendo su empuje por doble serie de arbotantes, sin escalonamiento. Un sistema de contrafuertes, estribos y botareles completan los empujes, estando todo el conjunto rematado por pináculos. Es también novedad la desaparición del triforio, apareciendo en su lugar un balcón volado bajo las vidrieras, a modo de galería de servicio.

Su planta que responde a las directrices del gótico final, es rectangular, de tipo salón, dividida en cinco naves, más dos de capillas laterales que se abren entre los contrafuertes. Muy interesante es su cabecera recta, de tipo cisterciense, tambien semejante a la maxura de una mezquita, con capillas cuadradas en el testero, haciendo función de deambulatorio del tramo recto existente tras la capilla Mayor o trasaltar. De igual manera es una innovación la colocación de dos puertas a los lados del ábside, hecho que luego se repetirá en la catedral de Méjico.

Fuera de este rectángulo quedan la capilla Real, la Sala capitular, sacristía mayor y sacristía de los cálices, adicionadas en el siglo XVI, más la capilla de la Antigua, que se amplió entonces. El sistema de soportes es a base de pilares fasciculados, de estructura muy variada, existiendo hasta trece modelos, que sostienen arcaizantes bóvedas de nervios, muy sencillas, salvo en el crucero, que, tras la caida del cimborrio en 1511, fué nuevamente levantada según traza de Juan Gil de Hontañón, constryéndose el actual coronamiento, muy rebajado, aligerando los muros con ventanales situados a distinto nivel y siguiendo la curvatura del arco toral. Las cuatro bóvedas, parecen encajes de puntillas, pues los festones de sus nervios lo invaden todo imitando un bordado. Este crucero se cubre con una torrecilla que proyectó Simón de Colonia, recostruida tras su hundimiento en 1888.

Las mencionadas vidrieras constituyen un importantísimo conjunto que propicia la luz ambiental característica del estilo gótico. Su realización corrió a cargo de un notable plantel de artistas, que ejecutarón los 81 vitrales desde 1478 hasta el siglo XX, siendo los más antiguos los del crucero, debidos al maestro Enrique Alemán, quien colocó las 18 primeras vidrieras entre 1478 y 1483. El nuevo siglo se inicia con la intervención de un grupo de maestros flamencos, siendo Juan Jacques el último de los vidrieros góticos que continuó los trabajos de la capilla mayor y del cimborrio. El período renacentista se inicia con Arnao de Vergara, autor de las situadas sobre las puertas de los Palos y de Campanillas, destacando la que efigia a San Sebastián, sobre la primera, en cuyo rostro se figuró el del emperador Carlos, estando firmada y fechada en 1535, y que es considerada como obra cumbre de la catedral. El conjunto se completó con las realizaciones de Arnao de Flandes, Vicente Medardo, Juan de León, etc., hasta las más modernas de la casa Zelter de Munich.

Exteriormente, hay que destacar su fachada principal que es la que mejor conserva la unidad de estilo. Sus portadas laterales Nacimiento y Bautismo, se realizarón en 1449, siendo Carlin Maestro Mayor y Lorenzo Mercadante de Bretaña su escultor, terminándolas Pedro Millán. La central es edificación decimonónica, estando dedicada a la Asunción, cuyo misterio se representa en su tímpano y es obra del escultor Ricardo Bellver, datada entre 1882 y 1885.

La fachada sur, la de la epístola, es la que más cambios ha sufrido, construyéndose en ella, a principios de nuestro siglo, dependencias para archivos y oficinas. Aquí se localiza la portada del Principe, iniciada en 1887 por Fernández Casanova, abierta a la plaza del Triunfo de la Inmaculada y al edificio renacentista de la Casa Lonja Sevillana.

En la fachada este, la de la cabecera, se encuentra el ábside de la capilla real, flanqueado por las portadas renacentistas de los Palos, que es la más próxima a la Giralda y la de Campanillas o de la Entrada de Jesús en Jerusalén. La primera, así llamada por los tableros que componian la gran puerta de ingreso al Corral de los Olmos, ostenta en su tímpano un magnífico relieve de la Adoración de los Reyes, obra del maestro escultor Miguel Perrín realizada en 1520. La de campanillas, llamada así porque regulaba el horario de trabajo de los obreros de la catedral.

La Catedral de Sevilla es una de las catédrales más grandes del mundo, concretamente la tercera, después de San Pedro del Vaticano y San Pablo de Londres.

Planta de la Catedral de Sevilla

La Catedral propiamente dicha es un edificio insolito que comparte con otras nueva europeas del mismo estilo el rasgo de poseer el maximo de cinco naves; además tiene otras dos naves más, compartimentadas en ocho tramos de capillas y los extremos del crucero.

Quizás lo más raro es que la Catedral carece de cabecera en el sentido gótico habitual, pues su planta es un perfecto rectángulo que corresponde con toda exactitud a la de la aljama, de la que también heredó la rara situación de puertas en la cabecera.

Todas sus dimensiones son grandiosas. La Catedral de Sevilla tiene planta de salón con cinco naves, la central más ancha, cubierta por sesenta y ocho bóvedas ojivales sostenidas por columnas, algunas de ellas llegan a medir hasta cincuenta y seis metros de altura. Cuentan que cuando se ordenó su construcción el Cabildo dijo: "Hagamos una obra tan grande que los que la vean acabada nos tengan por locos". La superficie completa del edificio es de 23.500 metros cuadrados.

Sus muros tienen poco espesor, pero las capillas están separadas por estribos perpendiculares al eje del templo, que terminan en 28 pilares adosados que, con otros 32 exentos, dan soporte a 68 bóvedas ojivales de la Magna Hispalensis, apelativo que ostenta en la serie de las catedrales españolas; estas bóvedas se escalonan desde el tramo central del crucero (37 metros de suelo a clave), el resto de éste y toda la nave central (32,30 metros), las cuatro naves laterales y colaterales y dos de las capillas de la cabecera (24,50 metros), hasta las más bajas, las de las capillas (12,80 metros). La luz natural es algo escasa en este gran espacio pese a la luminosidad del cielo sevillano, pues las ventanas no son muy grandes ya que las naves laterales no dejan lugar para más; además los huecos han estado siempre tamizados por hermosos vitrales.

En la nave central de la catedral gótica se situan dos grandes "edificios": el coro, en el que se alojan los dos organos y la Capilla Mayor, de cuatro plantas, que aloja el enorme retablo mayor. Entre ellos quedan tres zonas: la nave de San Fernando, que hace de cabecera, el Crucero, situado hacia en el centro y cuyas bóvedas son las más altas de todo el conjunto y, hacia los pies del edificio, el trascoro.

Cada uno de estos tres ámbitos corresponde, aproximadamente, a las tres jerarquias de la ciudad medieval: la catedral "regia", es decir, el panteón de los reyes, la "eclesiastica", o parte que usaban habitualmente el arzobispo y el cabildo y, finalmente, la catedral "popular", situada hacia poniente. En estos "edificios interiores" hallamos otra serie de ocho capillas o altares y seis bóvedas ojivales más, pequeñas y muy complejas.

Puertas de la Catedral

Además de la puerta del perdón que da acceso al patio de los naranjos, a la catedral se entra por otras puertas de las que destacan por su belleza las situadas en la Plaza de la Virgen de los Reyes, la puerta de campanillas y la de Palos.

Puerta de la Asunción: Aunque de estilo gótico, esta portada no se concluyó hasta 1833. Decora el tímpano un relieve en piedra de la Asunción de la Virgen.

Patio de los naranjos Como última fase de un largo y complejo proceso de construcción de la ciudad se levantó en tiempos de los almohades, la aljama al-Moharrem de la penúltima capital andalusí, entre el Ramadán del año 567 de la Hégira (abril de 1172) y finales del mes de Rabic(II) del año 594 de la Hégira (19 de marzo de 1198) aunque había sido inaugurada el viernes 24 de Du-l-hiyya de 577 de la Hégira (30 de abril de 1182). Su arquitecto fué Ahmed ben Basso y uno de sus restos más significativos es este Patio de los Naranjos.

Este patio hoy hace de claustro de la catedral y es un espacio rectangular descubierto, que fué conocido como Corral de los naranjos desde comienzos del siglo XIV, cuyo costado meridional lo constituye el flanco del evangelio de la catedral propiamente dicha, que sustituyó a la sala de oración de la aljama, los lados de levante y septentrión corresponden al shan de la misma y el de poniente es la fachada de la epistola de la parroquia del Sagrario, que destruyó ese lado.

Consta que las caras exteriores de los estribos dibujarón en origen un rectangulo de 43,32 metros norte-sur por 81,36 metros este-oeste; los lados cortos eran sendas danzas de siete arcos gemelos y los largos tenian trece, formando dos tandas de a seis, y un gran arco central, que corresponde al acceso principal del patio, la llamada puerta del Perdón. Se iniciarón las obras en este patio en el 1172 y se concluyerón en el año 1196, alojando los muchos usos que fuerón típicos de estas plazas mayores musulmanas. Cuando los cristianos tomarón Isbilya en el 1248, este sahn se convirtio en cementerio, aunque hasta 1432 se celebraba en él una de las ferias anuales de la ciudad.

El patio de los Naranjos es un espacio en el que los fieles islamicos se lavaban las manos y los pies en la fuente antes de la oración, como es preceptivo en el mundo musulman.

Al visitar el Patio de los naranjos, no olvide fijarse en el cocodrilo que cuelga junto a un colmillo de elefante, un freno de caballo y una vara de alguacil en la entrada del mismo. El cocodrilo de madera, popularmente conocido como el lagarto, es una replica de uno real que el sultán de Egipto le regalo a Alfonso X, cuando vino a pedirle la mano de su hija.

Altar Mayor

Unas espectaculares rejas forjadas entre 1518 y 1532 cierran el altar mayor, presidida por un colosal retablo; se trata de La Virgen de la Sede, titular de la Catedral, se asienta en el altar mayor bajo una cascada de oro. Los 44 paneles dorados del retablo fuerón tallados por escultores españoles y flamencos entre 1482 y 1564.

La sacristia mayor alberga entre otras obras de arte, cuadros de Murillo.

Capilla Real

En el interior del templo se encuentra la Capilla Real, en la que se representa al último rey árabe de Sevilla rendido a los pies de Fernando III. Precisamente aquí está la urna de plata que acoge el cuerpo momificado del rey cristiano, patrón de la ciudad.

En el centro del altar de la Capilla Real, se venera a la Virgen de los Reyes, una imagen del siglo XII tallada en madera de alarce. Hay que observar con detalle los cabellos de la Virgen, que, con hilos de seda y oro, simulan un cabello auténtico.

Esta capilla que hace como cabecera del gran edificio gótico, lo cual le da un aspecto extraño en la organización arquitectónica y cuya rareza tipologica se debe a su azarosa historia, pues es una especie de ábside renacentista atrófico situada donde cabria esperar una gran girola ojival. Sabemos que el 1 de junio de 1253 fué enterrado en la Catedral el rey Fernando, y acto seguido fué armado y alzado sobre el pavés su hijo Alfonso, quien organizó en el lugar una capilla funeraria que abarcaba la mitad de levante de la aljama cristianizada. Este ámbito fué derribado a mediados del siglo XV y su contenido pasó al Patio de los Naranjos, hasta que en 1579 se trasladarón a la capilla actual, que ocupa una gran parte de lo que en la Edad Media se llamó "Corral de los Olmos".

En la cabecera del templo gótico se conservarón sin alteraciones las dos capillas laterales, las de San Pedro y de San Pablo, mientras la central se prolongó hacia el exterior, para conseguir un ámbito cuadrado, cubierto con bóveda hemisféricca casetonada y un remate en semicirculo, con bóveda de cuarto de esfera, todo ello suntuosamente decorado. A esta organización axial se añadierón dos cámaras laterales, que alargarón, por detrás y sin conexión con ellas las capillas laterales, aquellas que actuarón como sacristías, se subdivierón en altura, ofrecierón sendas tribunas al espacio principal. Esta capilla Real es panteón de los dos monarcas citados, así como algunos otros miembros de la familia real de la época, y aloja además la imagen gótica de la patrona de la ciudad, Santa Maria de los Reyes, siendo el ámbito de la Catedral que más intenso y continuo uso religioso tiene, por lo que permanece abierto, junto con los espacios adyacentes, a lo largo de toda la jornada.

En otro extremo encontramos el mausoleo romántico de 1891 donde supuestamente se guardan los restos de Cristobal Colón. El conjunto muestra a cuatro porteadores con los símbolos sobre el pecho de los reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón que llevan a hombros el féretro del descubridor.

Ya en la sacristía mayor, podemos disfrutar de las famosas tablas de Alfonso X, y de la custodia, realizada por Juan de Arfe, con un peso de trescientos kilos y que constituye una de las obras máximas de todo el Renacimiento español.

Capillas de la Catedral

Altar de Nuestra Señora de Belén alberga un bello cuadro de Alonso Cano.

Capilla de San Antonio interesantes pinturas presididas por un magnifico lienzo (muro de la derecha), la visión de San Antonio de Padua de Murillo. Asimismo destacan el Bautismo de Cristo, también de Murillo y dos cuadros de Valdés Leal sobre San Pedro.

Altar del Santo Ángel presidido por un bello cuadro de Murillo llamado el Angel de la Guarda.

Capilla de la Virgen de la Antigua , mayor que el resto y cubierta con elevada bóveda y, en el altar un bello fresco de la Virgen (siglo XIV). Cuando estaba dedicada a San Pedro albergó los altares de la Virgen de la Antigua y de la Alcobilla, es decir de la quibla que fué mihrab de la aljama. Sus patronos, entre otros muchos clérigos, han sido los arzobispos Hurtado de Mendoza, Zuñiga y Avellaneda y Salcedo y Azcona, que en ella estan enterrados.

Capilla de la Inmaculada conocida popularmente como la Cieguecita, por la hermosa figura de la Virgen, obra de Martinez Montañés, aparece con los ojos levemente entornados. Esta fundación del jurado Francisco Gutiérrez de Molina estaba dedicada a San Juan Bautista, pasando luego a la advocación de la Inmaculada, por lo que se llamó la Inmaculada de Molina, hoy se le denomina de la Inmaculada Chica o de la Cieguecita. Su primer patrono fué el bachiller Gonzalo Gabriel, que la dedicó a los arcángeles Miguel y Gabriel y al Bautista. En el primer cuarto del siglo XVII sustentaba esta capilla la mitad de levante del organo menor.

Capilla del Sagrario una vasta capilla del siglo XVII, se utiliza hoy como parroquia (Iglesia del Sagrario).

Capilla de San Hermenegildo esta es la advocación de la capilla funeraria que perteneció al cardenal Cervantes, titular de Ostia, por lo que ha recibido los nombres de "del Cardenal", "del señor Serbantes", y "de los Arzobispos", pues esta fué una de las tres capillas alienadas y contiguas donde se enterrarón arzobispos en la iglesia vieja: don Garcia Enrique Ossorio (en la de San clemente) y don Fernando Alvarez de Albornoz (en la de San Pedro).

La Giralda


Es la denominación actual de la torre y campanario de la Catedral, antiguo alminar como ya hemos comentado, constituyendo dentro de ella una entidad autónoma, destacable no sólo por su ubicación e historia, sino además por sus variados aspectos formales, funcionales y simbolicos, hasta el punto de ser el emblema de la Catedral y constituir su imagen una de las típicas de la ciudad, objeto de uso, consumo y abuso. En apariencia es una unidad, pero sin embargo, es el resultado de la superposición de dos obras muy distantes en el tiempo y en los estilos, aunque bien integradas gracias a los artificios compositivos del arquitecto Hernan Ruiz.

Con la ciudad enriquecida por el oro procedente de América, las autoridades eclesiasticas decidierón edificar un nuevo remate que simbolizará el poder cristiano. Para ello añadierón un cuerpo de campanas renacentistas sobre el fuste islamico.

En 1555 se presenta el más antiguo proyecto de remate de la torre, proyecto que fué rechazado por el cabildo. Era su autor el arquitecto Diego de Vergara, Maestro Mayor de la Catedral de Malaga, y que proponía coronar la torre con un remate piramidal, de madera de roble, forrado de "planchas de aletón morisco y dado color dorado, lo cual relumbrará mucho tiempo". Dos años después, en 1557, el cabildo hispalense convova un nuevo concurso abierto entre arquitectos españoles para solucionar el problema del definitivo remate, y el 5 de enero de 1558 se aprobó el proyecto presentado por el arquitecto cordobés Hernán Ruiz Jimenez, el Joven, iniciándose de inmediato las obras del precioso campanario manierista, que se remató en 1565. Esta obra arquitectónica se vió completada, desde esta fecha, con el programa pictórico que, siguiendo las normas de Pacheco, ejecutarón el maestro Luis de Vargas y su equipo, y del que apenas si quedan vestigios en los paramentos de la torre.

Dado los amplisímos conocimientos acumulados por Hernan Ruiz, no es de extrañar que al cuerpo por él añadido al alminar se le quieran buscar infinidad de precedentes tanto en la arquitectura real como en la efímera, y aun en artes consideradas menores, como su estructura "al modo de una custodia". Sea como sea, el diseño de los balcones, la alternancia de dinteles y arcos en el cuerpo de campanas, las jarras de azucenas, los adornos cerámicos, etc., nos hablan de una dignísima "montera" que corona airosamente al viejo alminar.

Se ha escrito que "el cambio de función de la torre, de alminar a campanario, no sólo se constituía como símbolo del triunfo del cristianismo sobre el islam, sino que adquiría ahora nuevas connotaciones, ya que aludía también a recientes victorias de la cristiandad "romana" sobre los turcos, protestantes y moriscos alpujarreños... " A este efecto, la lápida commemorativa reza así: "La torre se recreció en cien pies ... y los Padres de la Iglesia Hispalense, con motivo del feliz desenlace de los asuntos religiosos, ordenarón poner el Coloso de la Fé Victoriosa."

Y este coloso no fué otra cosa más que la estatua de Santa Juana, aunque siempre se le llamó la Fé y Giralda -como sinonimo de veleta-, y hoy día se le conoce popularmente como "Giraldillo". Esta figura, de 7,52 metros de alto y un peso aproximado de dos toneladas, realizada en hierro y bronce, se colocó en su sitio en agosto de 1568 y, según los últimos estudios, fué diseñada por Luis de Vargas, inspirándose en la iconografía clásica de la diosa Minerva y más especificamente en el grabado de Raimondi que representa a la diosa Palas. Todo parece apuntar que el modelado lo hizo el escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo, siendo fundida por Bartolomé Morel.

Este campanario, en el que se integran cuatro espadañas, cada una de las cuales tienen seis campanas, se llamó "Torre Mayor" o "Torre de Santa Maria". A comienzos del siglo XVII, concretamente en 1603 se publicó El Viaje Entretenido, de Rojas Villandrando y la veleta comenzó a llamarse "Giralda"; a mediados de la centuria siguiente este nombre se aplicaba al conjunto, como "Torre de la Giralda"; la evolución se completó llamando Giralda a toda la torre y "Giraldillo" a la veleta. No ha sufrido ningún cambio desde entonces, salvo la eliminación de sus yeserias almohades y los frescos renacentistas a fines del siglo XIX. Hoy la torre, que llegó a ser defensa de la catedral en la Edad Media, candelero e intrumento músical para las celebraciones urbanas y vivienda para sus servidores, sólo se usa como campanario y mirador.

Los cimientos de la Giralda que bajan quince metros desde el nivel del suelo están construidos a base de las ruinas romanas de Sevilla e Itálica. Su base cuadrada, que arranca a 7,12 metros llega a una altitud de 104,06 metros.

Fases de construcción de La Giralda

Cuando decida admirar las vistas de la ciudad desde este impresionante minarete descubrirá que para subir hay 35 rampas, y no escaleras. Esto es así para que el almuédano, el encargado de llamar a la oración al musulman, pudiera subir a caballo.

La Giralda dispone de veinticinco campanas, cada una tiene su nombre. Las de San Miguel y Santa Cruz, del año 1400 son las más antiguas. Otra curiosidad: las lagrimas de San Pedro, es un toque especial de clarinetes y campanas que se hace el dia del ápostol.

Cronologia de la Catedral

1184-1198 Construcción de la mezquita mayor de Sevilla y de su alminar. Se conservan partes en el patio de los naranjos y en los tercios inferiores de la Giralda. Se hizo con ladrillo.
1248-1401 La mezquita se consagra como catedral.
1434-1517 Obras de la catedral gótica. Comenzarón por la parte oeste. Se hizo con piedra.
1528-1601 Obras renacentistas en la capilla real, sacristía mayor, sala capitular y sus anexos. Destacan las de cuerpos superiores de la Giralda, obras de Hernán Ruiz Jiménez entre 1558-1568.
1618-1758 Barroco de la catedral: Parroquia del Sagrario y dos capillas menores del mismo lado.
1825-1928 Las últimas obras significativas de la catedral: tres portadas mayores y el ángulo suroeste.