Palacio de los Barones de Santa Bárbara
Casa de los Juliá - c/Cadirers, 14

El palacio fue mandado construir en el siglo XV por Baltasar Chuliá Muñoz, caballero de la Orden de Montesa, señor de Godella, de Rocafort, de Benidoleig, Benismulen, Forna y Mislata. Por herencia pasaría en el siglo XVIII a Felix Joaquín Rodríguez de la Encina y Fernández de Mesa (* 1770 † 1836), I barón de Santa Bárbara de donde tomará el palacio su nombre. No obstante también es conocido como Casa de los Juliá por sus primeros propietarios.

En origen adoptaba una estructura gótica-civil de formas valencianas, es decir con patio central descubierto, con arcos rebajados y escalera de piedra que llevaba al piso principal. Sufrió fuertes modificaciones en los siglos XVIII y XIX que cambiaron totalmente su aspecto. En las reformas del XIX se llevó a cabo una total modificación interior de corte neoclásico de la mano de Sebastián Monleón Estellés (* 1815 † 1878).

En 1988 la Generalitat Valenciana adquirió el edificio y procedió a una total rehabilitación del mismo para adaptarla a uso administrativo. Estas obras fueron llevadas a cabo por los arquitectos Vicente González Móstoles y Alejandro Pons Romaní hacia 1991.

El palacio ocupa una manzana completa, dispone de dos entradas, la principal formada por una puerta adintelada cercada por un gran arco de medio punto y la trasera (hoy usada como principal) recayente a la plaza de San Nicolás. El edificio se articula en planta baja, semisótano, entresuelo, piso principal y piso alto con galería de arquillos típicos de las casas nobles valencianas. Dispone de dos patios interiores, en el principal una escalera en ángulo permite el paso al piso noble. Sus fachadas completamente lisas solo se ven interrumpidas por sencillos vanos con balcones de forja, apoyados en tornapuntas del mismo material.

Después de las últimas reformas se han conservado algunas pinturas murales de estilo romantico de la segunda mitad del siglo XIX, un suelo con azulejos decorados de mediados del XIX y algunos artesonados de madera. Las pinturas murales mejor conservadas son las que se encuentran en el actual Salón de Plenos, antes conocida como Salón de las Chimeneas, también usado como comedor. Durante la Guerra Civil la casa fue incautada y dedicada a Entidad Bancaria siendo despojada de todos los bienes muebles de algún valor.