Ruta Ibérica Valenciana
La Bastida de Les Alcusses
Moixent

El poblado se encuentra aproximadamente a 12 kilometros de Moixent en dirección a Fontanares. Se puede llegar en vehiculo sin ningún problema hasta el aparcamiento del yacimiento. El poblado ofrece la posibilidad de visitas guiadas. Es el único yacimiento ibérico de la Comunidad Valenciana que cuenta con este servicio. En el lugar además se ha procedido a una réplica exacta de una de las viviendas de la bastida que hace aún mas atractiva la visita si cabe.

La Bastida de les Alcusses es un yacimiento arqueológico ibérico del siglo IV ac. Se encuentra en el término municipal de Mojente (Moixent). Desde 1931 está declarado Monumento Histórico Artístico.

Una bastida en un termino amplio se puede entender como un conjunto urbano con unas caracteristicas especiales de desarrollo, bien en terminos defensivos, agropecuario o de otra indole. La denominación de bastida a este conjunto es de acuñación moderna, mientras que el termino Alcusses hace referencia al nombre de la zona. En nuestro caso bastida lo interpretamos como fortaleza.

Ubicado sobre un cerro elevado a 741 metros de altitud, tiene unas dimensiones de 650 metros de longitud x 150 metros de ancho. El poblado se adaptaba a la superficie del terreno y además estaba rodeado por una muralla de varios metros de altura, realizada basicamente en adobe.

Los pobladores de este lugar se correspondían con la tribu de los constestanos, uno de los numerosos pueblos íberos que ocupaban la zona oriental de la península ibérica.

El yacimiento fue localizado en 1909 por Luis Tortosa y desde entonces se han realizado varias campañas arqueológicas con desigual resultado. En las mismas se han encontrados importantes restos: armas, adornos, figuras, cerámicas y sobre todo una plancha de plomo con escritura ibérica que hasta el día de la fecha no ha logrado ser descifrada.

Sin embargo el resto más importante encontrado en las excavaciones es sin lugar a dudas el conocido como guerrero de Mojente “guerrer de Moixent”, pequeña figurilla de apenas 7 cm. de alto, cuya función exacta se desconoce pero se cree que debería formar parte de un estandarte de uno de los jefes de un clan guerrero. Y decimos que es importante porque el mismo se ha convertido en el icono distintivo de la arqueología valenciana. Otra hipótesis es que se trate de un exvoto. El guerrero de Moixent se encuentra en la actualidad en el Museo de Arqueológia situado en el Centro Cultural La Beneficencia de Valencia.

El guerrero realizado en bronce y de 7,3 cm. de altura fue descubierto en 1931. Es un guerrero montado a caballo, con falcata (espada), caetra (escudo redondo y pequeño) y un casco caracterizado por un gran adorno tal vez significativo de su status.

El poblado como ya hemos mencionado se encontraba rodeado por una muralla en su totalidad con una altura de entre 6 y 8 metros según la necesidad defensiva. La misma se elevaba sobre un zócalo de piedra de dos metros de altura y sobre ella el resto de muralla construida en adobe y recubierta de barro. Completaba la defensa varias torres salientes de la muralla situadas estratégicamente a lo largo del perímetro. Se cree que las torres se encontraban coronadas por almenas.

Lógicamente de estas murallas sólo se han encontrado los restos petreos, la parte construida en adobe ha desaparecido, al ser un material perecedero.

Disponía de cuatro puertas, la principal situada en la parte occidental se encontraba protegida por dos torres de planta cuadrada, una segunda en el lado oriental y otras dos por los lados norte y sur ambas muy cerca de la principal. Estas tres últimas puertas se protegían además con torres un poco más pequeñas que las de la puerta principal. Las puertas se cerraban con batientes de madera reforzadas con pletinas de hierro que remachaban los tablones. Por el interior de la muralla un camino de ronda ponía en comunicación el recinto.

La puerta sur tenía su entrada a traves de la torre. Era un acceso apto para el paso de carros y al igual que el resto de las portadas por el interior tenia una especie de bancada en los laterales, cuya función nos es desconocida pero que se supone era para el control de las mercancias y personas que entraban desde el exterior. Se sabe que tanto la puerta norte como la sur en una determinada época se tapiaron con piedras y el lugar fue utilizado para actividades de carácter doméstico, ya que en el espacio se ha encontrado loza y ánforas de uso diario.

El interior del recinto adoptaba la típica distribución íbera consistente en una larga calle (este-oeste) a la cual daban las distintas casas o locales y las calles adyacentes que desembocaban en ella. Las casas de una sola altura se construían con una base de piedra y los muros de adobe. El techo de las casas era plano y estaba construido a base de maderas, ramas y barro. El suelo de la casa era de tierra apisonada y se cubría con esteras. En algún caso se ha encontrado suelo con losetas de piedra. Las paredes se encalaban de blanco y en ocasiones se pintaban de diversos colores por su interior. Las casas se distribuían en varias estancias, en la principal se hacia la vida diaria y servía de dormitorio, en el resto una hacia funciones de molino o área de molienda y en otra se situaba el fuego del hogar. Además existía un pequeño patio o establo para el ganado y un almacen.

Se da la circunstancia que en la habitación donde se encontraba el fuego no hay chimeneas ni salidas de humo, y el techo realizado con cubierta vegetal podía prender fuego de inmediato, por lo que se cree que la cocción de alimentos se realizaba en el exterior de la vivieda y el fuego sólo era utilizado como brasero para calentar la casa.

La distribución interior del poblado permitía la existencia de pequeñas plazas entre las viviendas, en una de ellas se ha localizado un aljibe o cisterna que proporcionaba agua al poblado.

La actividad económica del poblado era la agrícola y la ganadera, en el primer apartado se cultivaba cebada, trigo, mijo, habas, guisantes, olivos, viñas, almendros e higueras, mientras que la ganadería se componía básicamente de ovejas y cabras. En menor medida el ganado porcino. Los bueyes eran usados como animales de tiro y usados en la agricultura, mientras que los caballos eran animales reservados a los guerreros.

Además de los campesinos y ganaderos, otros grupos sociales lo formaban los artesanos y comerciantes y en la parte más alta de la jerarquía los guerreros.

Destacan los hallazgos de cerámicas de diversas zonas geográficas, signo inequívoco de que existía un intercambio comercial con otras zonas del mediterráneo, concretamente con el mundo griego. La cerámica autóctona íbera estaba realizada en barro en tornos movidos manualmente y su decoración era basicamente a base de motivos geométricos.

La cerámica era un tipo de artesania de gran pujanza. Sus piezas se componian basicamente de vajilla de uso diario, anforas para guardar liquidos, cuencos, vasos, platos y tinajas para guardar alimentos. La cerámica más preciada era sin duda los vasos griegos, autenticas piezas de lujo en el mundo ibéro.

Habian artesanos que se dedicaban al trabajo de los metales, principalmente el hierro que era usado para la construcción de aperos de labranza, armamento (espadas, cuchillos, flechas). El oro se utilizaba como elemento de adorno, el bronce como articulo de uso personal (fibulas, broches, hebillas) y el plomo era la base principal para la escritura. Estas eran finas láminas de plomo enrolladas de pocos milimetros de espesor escritas por ambas caras.

Las mujeres se encargaban de la administración doméstica y del cuidado del poblado y los hijos. También estaban encargadas de la confeción de tejidos en hilares manuales. Se han datado hasta 245 departamentos o habitaciones y se cree que en el mismo pudieron habitar entre 1.000 y 1.500 personas.

El poblado fue abandonado sobre el 330-325 ac de una manera precipitada sin que sepamos el motivo de tan rápido abandono. En total la vida del poblado duró escasamente cien años, un periodo muy corto para una sociedad tan jerarquizada y avanzada para su época. El hecho del rápido abandono del poblado nos da pie a pensar que un enemigo superior, problablemente de etnia ibéra fuera el causante de la desgracia.