Palacio de los Condes de Alpuente
c/Caballeros, 28

Edificación barroca del siglo XVIII sobre un antiguo palacio gótico. Fachada de ladrillo visto al igual que los elementos de revestimiento, balcones adintelados con antepechos de hierro y adornos barrocos formados por frontones partidos, en su parte superior. En su fachada encontramos tres grandes pilastras gigantes de orden compuesto.

Consta de semisótano, entresuelo, piso principal y segundo piso. De su fachada destacan cuatro balcones en el piso principal y otros tantos mas pequeños en el segundo piso. Decorados los del primer piso en su parte superior por frontones partidos, los dos de los extremos son curvos, mientras que los dos interiores son rectos y partidos. Distribuidos por distintos lugares de la fachada encontramos decoración con máscaras burlescas.

Dispone de otro balcón del mismo tipo que los anteriormente citados, en la fachada recayente a la calle Salinas.


El palacio se distribuye en torno a un patio central descubierto que dispone de grandes arcos carpaneles. Una escalera de piedra da acceso al piso principal. Esta distribución del patio es la huella más patente de su anterior pasado gótico ya que todo el interior del palacio ha sufrido fuertes reformas a lo largo de toda su historia.

El antiguo edificio del siglo XV era en origen de estilo gótico, fue adquirido por la familia irlandesa de los Hollier, que lo reformó a principios del siglo XVIII en estilo barroco y colocó sus iniciales en el dintel de la portada. Una hija del Sr.Hollier, Isabel Hollier y Shelly contrajo matrimonio con José Carrión y Saenz de Juano que tuvieron una hija de nombre Mariana Carrión Hollier que casó en 1860 con Francisco Javier de Aspiroz y Montalvo (* Segovia 1833 † 1893), II conde de Alpuente de quien toma nombre el palacio.

Posteriormente el palacio fue adquirido por la familia Oller, sustituyendo el escudo de la puerta por el de los Morales, que a la postre es el que ahora vemos en el dintel de la portada.

Fue sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia y en la actualidad desde 1992 es sede de una empresa de ingeniería (Agustín Diez Cisneros) que ha conservado el palacio tal y como fue encontrado, es decir con una fuerte reestructuración interior que llevó a cabo un famoso pintor que también habitó el caserón, Manuel Valdés Blasco y que distorsionó la decoración interior original del palacio. En la actualidad podemos ver en los techos de las escaleras pinturas al fresco, con temática de inspiración clásica obra del pintor Julio Marcos Caparrós.