Santo Cáliz de la Última Cena

El Santo Cáliz es la copa donde según la tradición Jesús instituyó la eucaristía el Jueves Santo antes de ser crucificado, según se nos cuenta en las Sagradas Escrituras. Nos referimos a la Última Cena. También conocido como Santo Grial, esta palabra procede del francés "Graal" que a su vez deriva del latín "gradalis" que era una especie de plato o cuenco para poner alimentos. La palabra cáliz procede del griego "kilix" que significa vaso y que se aproxima mas a la realidad histórica del vaso sagrado. El término Grial tuvo su aceptación en épocas medievales a raiz de las leyendas que sobre el rey Arturo circularon por gran parte de Europa, pero se alejan de los datos históricos y hemos de considerarlas como bellas leyendas medievales.

El Santo Cáliz se encuentra, para su veneración en la Capilla que lleva su nombre en la Catedral de Valencia. Esta capilla antes fue Aula Capitular de la Catedral (construida entre 1356 y 1369) y albergaba la Cátedra de Teología confiada a los religiosos dominicos. Cuando terminó esta función, la capilla se dedicó al Cristo de la Buena Muerte. En 1916 se consagró al Santo Cáliz. El Vaso Sagrado se sitúa en un templete gótico incorporado al retablo del Altar.

El Santo Cáliz ha sido inspirador de numerosas leyendas cuya característica común es la realización de fantásticas y heroicas gestas por parte de caballeros medievales llenos de virtudes y religiosidad. La leyenda surgió durante la estancia del Santo Cáliz en San Juan de la Peña (Huesca), monasterio aislado entre montañas que inspiró todo el misterio y enigma que ha rodeado las historias medievales sobre el Santo Grial.

Estas leyendas se propagaron por Europa en boca de juglares y trovadores. Las más antiguas datan del siglo XII. En general, casi todas están basadas en el Evangelio apócrifo de Nicodemo y en la historia de José de Arimatea. Se habla de una copa misteriosa que contiene el elixir de la juventud y que se encuentra en un lugar inaccesible, entre abruptas montañas. Sus guardianes son los Caballeros del Santo Grial.

Nuestro Santo Cáliz, parte según la tradición más aceptada, de que la copa usada en la última cena quedó en propiedad de San Pedro, que este la llevó a Roma, quedando en poder de los sucesivos Papas que fueron los encargados de su custodia. Desde el principio no dejó nunca de servir para la celebración de la Eucaristía. En Roma permaneció dos siglos hasta que el Papa Sixto II (243-258) ordenó, poco antes de su martirio el 6 de agosto del 258 a su diácono Lorenzo que escondiera el Santo Cáliz. San Lorenzo envió el Cáliz a su tierra natal, Huesca, antes de su martirio. Esto ocurría en el año 258 ó 261.

Las peripecias del Santo Cáliz y de como fue enviado a Huesca por San Lorenzo están recogidas en "La vida de San Lorenzo" escritas por el monje agustino San Donato en el siglo VI. Según esta crónica, San Lorenzo le entregó la Copa en Roma a un compatriota suyo natural de Hippo (actual Yepes en la provincia de Toledo), con el encargo de que fuera entregada a sus familiares en la ciudad de Osca (actual Huesca). Según la historia el nombre de este cristiano hispano era Precelio.

El Santo Cáliz quedó en poder de la iglesia oscense hasta que fue depositado en la Iglesia de San Pedro el Viejo en la ciudad de Huesca. Ante el avance musulmán en el año 712 el Santo Cáliz empieza un peregrinaje por distintos lugares siempre bajo la vigilancia de los obispos correspondientes hasta que en el año 1076 llega al Monasterio de San Juan de la Peña donde queda asegurado ya que el peligro musulmán en el norte de España había sido conjurado. En este periplo se cree que el Santo Cáliz llevado en un primer momento por el obispo Acisclo estuvo en la Ermita-Cueva de Yebra en Basa, más tarde en San Pedro de Siresa, en San Adrián de Sásabe y en Bailo (cerca de Jaca), todas estas poblaciones en el pirineo oscense.

Hacia 1045 el Santo Cáliz recala en la Catedral de Jaca, ciudad considerada como la primera capital del Reino de Aragón. En 1076 el obispo de Jaca don Sancho, que era monje de San Juan de la Peña lo lleva a este monasterio donde permanecerá hasta el año 1399 en que el rey Martín el Humano se lo queda en propiedad.



Estructura

El Santo Cáliz consta de tres partes: La copa propiamente dicha, el pie y una estructura de dos asas que une ambas partes.

La copa superior Es de piedra llamada calcedonia de color rojo oscuro. Tiene forma semiesférica. La calcedonia es un conglomerado de cristales de cuarzo, en una variedad llamada cornarina, muy semejante al ágata.

Se trata de una copa procedente de un taller oriental, helenístico romano fechable entre los siglos IV antes de Cristo y I después de Cristo.

Sus dimensiones son: 9,5 cm. de diámetro de la boca, 5,5 cm. de profundidad y 7 cm. de altura. En la copa se puede observar una pequeña rotura, consecuencia de una caida accidental que sufrió el Viernes Santo de 1744 (3 de abril). Inmediatamente se procedió a la recomposición de la Copa por parte del platero Luis Vicent, levantando acta notarial del hecho don Juan Claver. Esta copa superior es el verdadero Cáliz.

Hay que hacer notar que el Santo Cáliz fue usado con regularidad para celebrar la Eucaristía pero a raíz del accidente antes mencionado, se dispuso que el Santo Cáliz fuera guardado entre las reliquias de la Catedral a fin de evitar futuros accidentes.

La vara de unión (Nudo y asas) Debajo de la copa, están la vara, con su nudo, y las asas, todo ello de oro y con primorosos adornos burilados al gusto griego. Tiene unas dimensiones de 7 centímetros de altura.

Las asas, el nudo y la orfebrería gótica es de finales del siglo XIII o principios del siglo XIV. Los dibujos llamados de nielado, es una técnica decorativa semejante a la incrustación. Se trazan sobre el metal unos surcos formando un dibujo que luego se rellena con una amalgama de color negro compuesto por plata, cobre, plomo y azufre llamada niel.

El pie Se trata de un vaso ovalado invertido del mismo color que la copa. Reforzada con armadura de oro, adornada con dos rubies, dos esmeraldas y veintiseis perlas, en vez de las veintiocho que tenia antes, pues se perdieron dos. Sus dimensiones son; 14,5 cm. en el eje mayor, 9,7 cm. en el menor y 5 cm. de altura.

Los tirantes del pie y reborde perforado del mismo son obra de muy inferior calidad, fechada en la segunda mitad del siglo XIV. Lo más seguro es que haya sido puesta con posterioridad al nudo y a las asas para asegurar mejor la unión de la copa con el pie. También puede ser de la misma fecha que el resto de la orfebrería, pero de otra mano menos hábil.

La base es de piedra tallada en calcedonia, con reborde de oro, originaria quizás de un taller cordobés, o tal vez fatimita y fechable entre los siglos X al XII. Es muy probable que fuera usada como incensario antes de acabar como base ornamental para el cáliz. En una de las vertientes del pie y en el lazo izquierdo aparece esgrafiada una inscripción árabe en caracteres cúficos que dice "para la más floreciente" en alusión a la ciudad cordobesa de Medina Azahara (Antonio Beltrán).

Todo el conjunto tiene una altura de 17 centímetros.

Historia

Según análisis científicos, se ha podido datar la copa entre el siglo IV a.c. y el I d.c. y determinar su origen oriental, de algún lugar entre Egipto y Palestina. El pie es un añadido posterior, hacia el siglo XIV y se trata de un vaso califal del siglo XI. Las piedras y perlas preciosas que lo adornan debieron ser engarzadas durante su estancia en el monasterio de San Juan de la Peña.

El primer documento referido al Santo Cáliz que se conserva hoy en día data del 26 de Septiembre de 1399. En él, el rey Martín el Humano pidió al monasterio de San Juan de la Peña que le cediese esta joya. Los monjes decidieron acceder a los deseos del rey y el Santo Cáliz pasó a ser venerado en la Capilla del Palacio de la Aljaferia en Zaragoza, residencia del monarca. El documento de donación se conserva en Barcelona y en él se hace constar que el Santo Cáliz fue remitido desde Roma con una carta de San Lorenzo, que no se conserva. En esta época el cáliz ya tiene su actual aspecto que hoy podemos observar.

En el nombre de Dios, dejad que todos sepan que, como el más excelente principe y señor don Martín, por la gracia de Dios Rey de Aragón, Valencia, Cerdeña y Córcega y Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdeña, ha deseado y procurado afanosamente tener en su capilla real ese Cáliz de piedra en el que nuestro Señor Jesucristo, en su santa cena, consagró su preciosa sangre, y que el bendito Lorenzo que lo recibió de San Sixto, sumo Pontífice a la sazón, que era su discípulo y diácono de Santa María in Dominit, la envió y entregó con una carta suya al monasterio y convento de San Juan de la Peña, situado en las montañas de Jaca del Reino de Aragón, con cuyo Cáliz, los abades, priores y sacerdotes del monasterio se acostumbraron después de consagrar; y para tener éste Cáliz el antes mencionado Rey envió al reverendo en Cristo Padre Antonio, arzobispo de los atenienses, su ministro, a este mismo monasterio. Finalmente, el viernes 16 de septiembre del año del nacimiento del Señor 1399, que ese reverendo arzobispo y el religioso fray Bernardo, prior de ese monasterio, declararon al Rey en su capilla menor del Palacio de la Aljaferia de la ciudad de Zaragoza, que cuando el documento de él fue explicado a los sacerdotes del monasterio, todos los priores y religiosos que estaban reunidos en capítulo, en relación con la entrega del Sagrado Cáliz, decidieron por unanimidad dárselo al Rey y entregar en sus manos el Cáliz de piedra; y el Rey, que recibió en su manos el Cáliz, queriendo dar las gracias por ello al monasterio, dió y puso en manos del prior, para servicio del monasterio, un Cáliz de oro de su capilla, de cinco marcas, de Zaragoza, más una onza de peso en el que se han encontrado las siguientes señales: tres esmeraldas, dos emblemas y un Cristo crucificado y en asa, o sea en el medio, seis esmeraldas, dos con las armas de Aragón, dos con los emblemas de los Reyes y dos imágenes de San Jorge con una cruz, y en la patena esmaltado con el Padre Eterno. El Rey donó este cáliz de oro al monasterio con la condición de que el abad más antiguo y los priores del mismo monasterio no puedan vender ni empeñar ese cáliz en ningún tiempo, para que sirva al monasterio y sea destinado sólo a su servicio. Y el abad y los priores actuales, lo mismo que los futuros, deben jurar que no venderán ni empeñarán ese cáliz. El prior, después de recibir del Rey el cáliz de oro con la patena, prometió, dando las gracias, el mencionado pacto de no venderlo ni empeñarlo, y conservar el cáliz, mientras estuviera en su posesión. Y en la entrega que había hecho al monasterio, obligarse a la observación de ese acto, como se describe más arriba.

Posteriormente en 1410 el rey Martín el Humano marcha a vivir a Barcelona y allí llevó el Santo Cáliz. De Barcelona pasó en 1432 durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo (1416-1458), al Palacio del Real, situado en la ciudad de Valencia.

El rey Alfonso el Magnánimo recibió un préstamo de 136.430 sueldos para sufragar los gastos de las campañas militares en Nápoles, poniendo como garantía de devolución la totalidad de las reliquias que disponía la Corona de Aragón, depositadas en el Palacio del Real, entre ellas el Santo Cáliz. Al llegar el vencimiento del préstamo y ante la imposibilidad del rey de abonar la cantidad prestada, entregó el Santo Cáliz a la Catedral de Valencia el 18 de marzo de 1437, expidiéndose para ello el documento correspondiente. La entrega fue realizada por Joan el hermano de Alfonso el Magnánimo que ostentaba el titulo de lugarteniente del Reino en ausencia del rey. "lo calcer hon Jesucrist consagra lo Dijous Sant de la Cena".

En la Catedral permaneció hasta el 18 de marzo de 1809, en que huyendo de las tropas napoleónicas que habían invadido España, el canónigo de la Catedral Pedro Vicente Calvo lo trasladó primero a Alicante (1809), luego de nuevo a Valencia (1810), más tarde a Ibiza (1810) y luego a Palma de Mallorca (1812), hasta que en 1813 volvió a la Catedral de Valencia.

En 1916 el Santo Cáliz fue instalado en su actual capilla (Aula Capitular), ya que hasta ese momento el Cáliz estaba guardado en la Sala de Reliquias de la Catedral. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) tuvo que ser escondido fuera de la ciudad de Valencia. El 21 de Julio de 1936 y unas horas antes del asalto e incendio de la Catedral, el canónigo archivero de la Catedral, don Elias Olmos Canalda sacó el Santo Cáliz de su capilla para ser trasladado después de varias peripecias a la cercana población de Carlet, donde permaneció hasta que acabó la contienda en 1939, y más concretamente el 30 de marzo de 1939, fecha en que volvió a la Catedral de Valencia, a su actual emplazamiento.

En su momento el Santo Cáliz se encontraba colocado sobre un pedestal formado por un plano de 24 centímetros cuadrados, sobre el que posaban sus rodillas cuatro ángeles alados, los que sostenían la preciosa reliquia: de altura media el pedestal diez centímetros, era todo de plata y su construcción muy moderna. Este pedestal fue destruido el 21 de julio de 1936 en el asalto a la Catedral.

Desde entonces sus salidas han sido esporádicas y por motivos de celebración: en 1959 se llevó a tierras de Aragón, donde visitó su antiguo emplazamiento, San Juan de la Peña, y más tarde fue trasladado a Covadonga. Se celebraba la conmemoración del XVII Centenario de la llegada del Grial a España. En 1964 se llevó a Carlet para celebrar los 25 años de su ocultamiento allí.

En 1982, el Papa Juan Pablo II visitó Valencia y celebró la Santa Misa con el Cáliz de la Ultima Cena y en el año 2.006 durante el V Encuentro Mundial de las familias celebrado en el mes de julio en la ciudad de Valencia, el Papa Benedicto XVI celebró la eucaristía con el Santo Cáliz.