COLEGIO DE LAS ESCUELAS PIAS c/Carniceros, 6
Declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1982.
El conjunto de las Escuelas Pias, está formado por el Convento, la Iglesia y el Colegio. Se levanta sobre una superficie
rectangular. Convento y Colegio fuerón construidos entre 1739 y 1742 dirigiendo las obras el fraile Blas del
Espiritu Santo. Este fraile arquitecto distribuyó el conjunto alrededor de un patio central interior porticado de forma
rectangular. Alrededor de este gira todo el conjunto, que fué construido a iniciativa de don Felipe Lino de Castellví, conde
de Carlet.
La iglesia de planta decagonal (diez lados), se inscribe en una
traza eliptica, casi circular, fué erigida entre 1767 y 1772 bajo el mandato del Arzobispo Mayoral, siendo el responsable de las
obras el arquitecto Antonio Gilabert (1716-1792). No obstante las obras fuerón comenzadas por José Puchol hasta 1768 en que se hizo cargo
de las obras Antonio Gilabert. Está compuesto por una
espectacular rotonda de 24,35 metros de diámetro y 40 metros de altura, presidido por una enorma cúpula
semiesférica horadada y coronada por una linterna, todo ello apoyado en diez
grandes machones de sección trapezoidal y otros diez espacios subsidiarios radiales,
ocupados por distintas capillas. Lo que hace de este templo una muestra singular
de la arquitectura del neoclásico academicista valenciano.
La Iglesia de las Escuelas Pías de Valencia constituye una empresa por varios conceptos
representativa del momento arquitectónico que la ciudad de Valencia vive en el último tercio del siglo XVIII.
Tanto por la composición de la fachada, alzado interior y planta como por los arquitectos que
participan en su construcción, la Iglesia de las Escuelas Pías se erige en un inmejorable ejemplo para
apreciar la inflexión clásica que la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos -a través
de sus directores de arquitectura - motiva en el desenvolvimiento del barroco clasicista imperante
desde mediados del siglo XVIII en Valencia.
El esquematismo lineal con que se resaltan los componentes del orden dórico o la misma intencionalidad
escenográfica que resulta de su adaptación a una superficie circular, entronca el primer cuerpo de la
iglesia de las Escuelas Pías con fuentes barrocas originales y cultas, donde los efectos de dinamismo y
movimiento de la planta se combinan con una respetuosa sintaxis clásica.
Siete de estos espacios están destinados a capillas y constan de altares formados por dos columnas
corintias sobre pedestales y frontones circulares o triangulares alternados.
Los tres espacios restantes que se configuran entre los machones de la iglesa están destinados a
entradas -una colegial y otra de acceso desde la calle- y al altar mayor. Este último, situados enfrente
de la puerta, es de mayores dimensiones que el resto y articula el primer cuerpo con el segundo.
Flanqueado por dos columnas corintias pareadas exentas y con retropilastras a cada lado, así como
trozos de entablamiento resaltado, su composición guarda un gran parecido con la del Panteón
romano de Agripa.
A través de un arco rebajado que penetra el segundo piso se abre la capilla mayor con pilastras
corintias estriadas, entablamento y bóveda de cuarto de esfera con fresco. El altar mayor consta
de cuatro columnas, dos de ellas resaltadas con frontis triangular, destacando los mármoles y
adornos dorados de sus bases, planos, mesa y entablamento.
El segundo cuerpo, de menor altura que el primero y circuido por una baranda de hierro que asienta
sobre un estrecho andito, acoge tribunas entre los espacios dejados por los machones, comunicándose
todo el conjunto por estrechos pasos abiertos en éstos. El ritmo vertical impuesto en el primer cuerpo
por las columnas corintias pareadas se mantiene en el segundo, pero cambia radicalmente la composición
de sus intercolumnios. Las arcuaciones de aquél dan paso a rígidas composiciones adinteladas en éste.
El tercer cuerpo, tras el que se voltea la cúpula, sigue guardando una proporción y una distribución
similares a la del Panteón. Cerrado por una barandilla metálica y un estrecho andito, organiza su superficie
con diez ventanas rectangulares que cargan sobre las tribunas del piso inferior, nichos en los machones y
recuadros decorativos en los espacios intermedios.
De la cornisa del último cuerpo arranca la cúpula semiesférica marcada con su intradós por veinte
nervios pareados. Sobre el anillo superior de la cúpula se eleva la linterna dividida en diez segmentos
con ventanas. Exteriormente la cúpula presenta en su base un perfil alabeado apoyando sobre
tambor circular de escasa altura. Tanto la cúpula como la linterna se cubren con teja azul resaltando
los nervios con teja blanca.
El interior de la bóveda del altar mayor fué pintado al fresco por José Vergara.
Tanto la idea de un mausoleo erigido para perpetuar la memoria de los escolapios ilustres como las
alusiones al carácter docente de la orden -patentes en el contenido de las frases latinas de los frisos
de los dos primeros cuerpos-, constituyen una exaltación de la orden escolapia. Desde un punto de
vista arquitectónico tiene gran interés el claro sentido humanista y clásico con que se resuelve
esta idea a través de una estructura circular abovedada a modo de martyria con una composición interior
que, en numerosos aspectos, guarda grandes paralelismos con la del Panteón de Roma, prototipo por
excelencia de tumbas y mausoleos desde la Antigüedad clásica. Buena prueba de este carácter apuntado
es que durante las primeras décadas del siglo XIX la iglesia de las Escuelas Pías fue el marco escenográfico
preferido por las instituciones valencianas para celebrar -exequias con motivo de la muerte de personajes
regios e ilustres, en donde catafalcos, pebeteros dorados, jeroglíficos con atributos mortuorios, doseles
y terciopelos negros, cobraban una especial solemnidad sepulcral dentro del espacio circular del templo.
La fachada principal de la iglesia, cuya disposición aparece forzada por la línea de la calle
Carniceros a la que recae, guarda una composición frecuente en la arquitectura conventual
madrileña del siglo XVIII conocida con el nombre de iglesia-bloque al formar iglesia y covento en un
todo compacto.
Sin embargo, la fachada de las Escuelas Pías, flanqueada por dos cuerpos levemente resaltado, tiene
una composición deudora del modelo contrarreformista derivado de la iglesia del Gesú, que en Valencia
alcanzó una gran difusión durante el segundo tercio del siglo XVIII.
La fachada, de 33,97 metros de extensión y 24,91 de altura, consta de dos cuerpos de desigual altura,
compartimentados en cinco calles por órdenes de arquitectura a través de diez pilastras en cada uno,
de orden jónico la del primero y del corintio las del segundo.
A la derecha de la fachada, sobre uno de los cuerpos que la flanquean, se alza el campanario, fechado en el siglo
XVIII. El cuerpo
de campanas presenta por cada lado un arco de medio punto flanqueado por pilastras pareadas de orden dórico,
entablamento con ménsulas, y antepecho con jarrones. El segundo cuerpo, constituido por el remate
que eleva la linterna, se diferencia de otros campanarios similares del siglo XVIII por el enorme
protagonismo que adquieren los pilares unidos por arcos a modo de contrafuertes diagonales,
sirviendo de realce a la linterna con volutas angulares y cubierta de teja.
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