Palacio de los Valeriola c/ Mar, 31

La familia Valeriola (de procedencia navarra) llegó a la ciudad de Valencia con las tropas de Jaime I. El actual palacio fue construido a principios del siglo XVII en estilo neoclásico o academicista. El palacio se sitúa en lo que antaño fue el barrio judío de Valencia (call), arrasado un 9 de julio de 1391 por el odio antijudío propio de la época. El palacio además se encontraba frente al desaparecido Convento de San Cristóbal que por su parte fue construido sobre la antigua sinagoga.

No hay que confundir este palacio de los Valeriola, con el palacio de los Catalá de Valeriola de la plaza de Nules, cuyos propietarios fueron otra rama distinta de este mismo linaje. Aún tenemos en la ciudad otro palacio que lleva el apellido Valeriola, el palacio Joan de Valeriola, en la calle de su mismo nombre y que actualmente es sede de la Fundación Chirivella-Soriano. El apellido Valeriola procede del nombre propio de origen latino: Valerio que derivaría en nuestro Valeriola y en Valero.

La portada de acceso es adintelada pero en ella podemos ver su anterior forma caracterizada por un gran arco de medio punto con grandes dovelas de piedra. El interior se distribuye en planta baja, entresuelo, piso principal y segundo piso o desván. Dispone de patio interior descubierto.


Al exterior encontramos en su fachada principal dos sencillos balcones a cada lado de la portada que se corresponde con el piso entresuelo. El primer piso, planta principal o planta noble se caracteriza por cinco balcones con balaustradas de hierro, rematados con frontones clásicos de forma triangular. La segunda planta o desván se resuelve al exterior a través de una galería de arcos de medio punto. Del conjunto destaca una torre cuadrada miramar rematada por un tejado con cubierta piramidal.

Traspasada la portada entramos en un vestíbulo o zaguán con techo de bovedillas, a mano derecha la escalera que conduce al piso entresuelo y a la izquierda habitaciones de servicio. A continuación un patio descubierto con escalera de piedra y baranda de hierro nos lleva al piso noble y que ejercía a modo de distribuidor. En el arranque de la escalera podemos encontrar el podium o descansillo desde donde los caballeros podían subir o bajar de los caballos. En la planta baja se situaban las caballerizas, los almacenes y la zona de servidumbre.

En sus salones se encuentran pavimentos cerámicos del siglo XVIII con figuras y motivos florales, destacando entre ellos los del salón principal. Además destaca una pequeña capilla con cúpula de escayola decorada con pinturas y todavía se conserva un artesonado de notable interés con escudos del linaje de los Valeriola. La sala noble con artesonado de madera y vistas a la calle del Mar es un gran salón rectangular que destaca por el friso que sustenta la cubierta y donde se puede leer: Veritas vincit (traducción libre: la verdad vence o la verdad prevalece).

Los descendientes de la familia Valeriola vendieron el palacio a la familia valenciana Domenech, los cuales establecieron en el primer piso su domicilio particular y en la planta baja el negocio del que eran titular: Imprenta Domenech. Desde 1893 fue sede por tanto de la importante Imprenta Domenech, editora del Diario Las Provincias y que durante la guerra civil y durante el tiempo en que Valencia fue capital de la república en este palacio se editaba la Gaceta de la República, el equivalente al actual Boletín Oficial del Estado. En la década de los ochenta del siglo XX, el edificio fue utilizado como bar-musical (pub) con el nombre de Juan Sebastián Bach y que la última actividad fue como local de ocio nocturno con el nombre de palacio de las ánimas. El edificio que en la actualidad está siendo restaurado, será la futura sede del Centro de arte Hortensia Herrero (CAHH).

Alrededor de este palacio hay una truculenta historia digna de una novela negra. Su primer propietario, Jerónimo de Valeriola, casado con Felipa Carroz, fue degollado el 20 de octubre de 1606 en su gabinete. La sospecha del asesinato recayó en su hijo Cristóbal Valeriola ayudado por un personaje de mal vivir de nombre Luis de Sosa. Detenido Luis de Sosa, este pregonó su inocencia en el crimen, entonces fue sometido a una curiosa prueba para determinar si era responsable del asesinato. La prueba consistía ni mas ni menos en abrazar al difunto y si este se estremecía era prueba suficiente de culpabilidad. La prueba fue superada ya que el difunto como era de suponer ni se inmutó, no obstante haberlo tenido que sacar de su sepultura en el Convento de Santo Domingo. Como inductores del crimen fueron investigados Francisco Crespí de Valdaura, señor de Sumacárcel y Pedro Figuerola, pero ambos fueron puestos en libertad ante la falta de pruebas. Finalmente el hijo de difunto fue juzgado, encontrado culpable y condenado a morir en garrote vil en la plaza del Mercado. Durante su detención y bajo tortura había dado los nombres de sus presuntos cómplices: Francisco Crespí y Pedro Figuerola. Minutos antes de morir tuvo un arrebato de dignidad, se retractó de su confesión y manifestó ante el gentío que los nombres que había dado a la justicia eran inocentes y que los había dado por qué eran los nombres que sus jueces querían escuchar. Murió ejecutado el 28 de mayo de 1607.

En 1620, trece años después de los hechos, Miguel Pertusa, antiguo jurado del Consell Valencià, en su lecho de muerte y arrepentido, confesó ser, el autor del crimen en unión de unos sicarios y que lo había hecho instigado por Crisóstomo Ruiz de Lihori enemigo mortal del Valeriola. Ni uno ni otro fueron juzgados pues fallecieron de muerte natural al poco tiempo. Luis Sosa uno de los implicados aunque inocente en el asesinato de Jerónimo de Valeriola, moriría ejecutado el 6 de junio de 1607 por otros crímenes cometidos. Finalmente se demostró que Cristóbal de Valeriola había sido ejecutado siendo inocente.

El palacio de los Valeriola en el recuerdo