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Declarado en 1941 Monumento Histórico Artístico.
En uno de los lugares mas centricos de la ciudad de Valencia se halla el magnífico edificio
artistico, mansión señorial que fué de los Marqueses de dos Aguas, actualmente
propiedad del Estado Español, donde se halla instalado desde 1949 el espléndido y valioso Museo Nacional de
Ceramica y Artes Suntuarias "Gonzalez Martí".
Este monumental edificio, que llama la atención de cuantos lo contemplan por la originalidad y
riqueza de la decoración artistica de sus fachadas y de su espléndido interior, fué construido en
el siglo XV por una de las familias de más rancio abolengo de Valencia.
Dicen los historiadores, que la casa de los Marqueses de Dos Aguas fué considerada en Valencia
durante siglos, como dechado de nobleza y opulencia y que, su fortuna provenia de los años mil
quinientos, en cuyo tiempo una familia de mercaderes, los Rabassa, se enriquecierón, primero con
los tratos mercantiles y luego con los arriendos de los derechos de la Generalidad, o sea los
contratos de contribuciones indirectas.
Un noble caballero, don Francisco Perellós, descendiente de los condes de Tolosa, casó a principios
del siglo XV con la hija única del acaudalado mosén Gines de Rabassa, y los descendientes de este
matrimonio tomarón el apellido Rabassa de Perellós. Esta familia adquirió por compra la baronia
de Dos Aguas en el año 1496, elevada a marquesado por el rey Carlos II, en 1699.
Los Rabassa de Perellós continuarón sus negocios con la Generalidad, al mismo tiempo que ocupaban
elevados puestos en la gobernación politica de Valencia y acumulaban dotes y herencias importantes
por medio de enlaces matrimoniales con otras importantes familias nobles valencianas.
En su origen el palacio era una construcción gótica de tres cuerpos dispuestos alrededor de un patio y
con una sola torre almenada en la esquina noroeste. La fachada disponía de una galeria corrida.
El actual palacio es producto de una radical reforma
llevada a cabo en 1740 sobre la antigua casa solariega de los Rabassa de Perellós, titulares del
Marquesado de Dos Aguas y llevada a cabo por el primer Marqués de Dos Aguas Ginés Rabassa de Perellós como
muestra de su poder y linaje.
De planta
cuadrangular irregular, organizado en torno a un patio y con torres en las esquinas, sus
fachadas se alzan con planta baja y dos alturas. En un lateral se abre la puerta
principal, realizada en alabastro por el valenciano, Ignacio Vergara (1715-1776), fundador y profesor
de la Escuela de Bellas Artes de Santa Barbara, luego de San Carlos,
sobre diseño de Hipólito Rovira Meri (1693-1765), protegido del Marqués de Dos Aguas.
Hipolito Rovira se encargaría de decorar la señorial casa. La fachada fué pintada al fresco con tonos azules, pero bien
pronto desaparecieron, siendo vuelta a pintar esta vez por José Ferrer, alias Ferreret (1728-1782), aunque esta decoración también
acabaría por desaparecer.
En la composición de esta magnifica portada se hace referencia a los dos ríos mas caudalosos de la comunidad valenciana: el
Turia y el Júcar, representados por dos grandes figuras humanas desnudas; a su lado descienden dos caudales de agua en
alusión al titulo de los marqueses.
En la parte derecha de la portada vemos representadas dos
cabezas de cocodrilo, un carcaj con flechas y una vasija por
cuya boca se derrama el agua. Sobre este conjunto una de las dos grandes figuras antes aludidas y mas arriba decoración
de yedra a cuyo tronco
se enrosca una serpiente. Completa el conjunto diversa decoración de tipo vegetal.
En el lado izquierdo, un
león recostado, otra vasija derramando agua y otro carcaj con flechas. Sobre el lomo del león
descansa
el pie del otro gigante que destaca sobre la puerta adintelada. Rodea el conjunto diversa decoración de tipo vegetal.
En el dintel de la puerta el complicado
escudo de los marqueses, el escudo de los Rabassa de Perellós y sus diversos
entronques nobiliarios. Abrazan el escudo las figuras de dos salvajes con mazas.
Y en lo alto de la puerta en una artistica hornacina, la bellisima imagen, a tamaño natural de la Virgen del Rosario,
elegida como especial patrona por la casa de Dos Aguas. A los pies de la Virgen dos mujeres arrodilladas una de ellas con una cornucopia
de la que se derraman frutos y la otra con una vasija a sus pies de la que salen monedas. En toda la portada se desprende una
desbordante voluptuosidad y se enmarca dentro del estilo llamado rococó.
En la fachada recayente a la calle Poeta Querol, encontramos una
portada, bastante mas sencilla
que la principal. En la plazoleta que forma este espacio una
alberca da un toque romantico a este
maravilloso palacio. En este mismo lugar y hasta hace bien poco se encontraba una artistica
fuente, que ha sido sustituida por la que ahora vemos, sin que sepamos cual ha sido su destino.
En 1853 hereda el titulo por no haber sucesión directa familiar, don Vicente Dasí Lluesma. Este realiza entre 1854 y 1873
una espectacular reforma del edificio, basada principalmente en la decoración ornamental del
interior y el exterior del edificio. Asi en un claro estilo eclectico, combina rococó, neo-imperio y motivos
chinescos. Asi es frecuente la presencia de decoradores italianos y franceses, ajustándose
los adornos de rejas y balcones al gusto napoleonico de aquellos años.
En el
patio interior se sustituyerón las ventanas góticas por balcones con relieves de figuras
alégoricas alusivas a las artes (arquitectura y escultura) y también a la agricultura y el comercio, base de la
fortuna del marqués. En el centro se colocó una pequeña fuente cuyo motivo central es un niño que cabalga sobre un cisne. Este mismo
motivo podemos encontrarlo identico en los
Jardines de Monforte.
En esa época toda la fachada estaba decorada con frescos de Hipolito Rovira, pero en 1867
el palacio sufrió una nueva remodelación -obra de José Ferrer-, y de ella
desaparecieron las pinturas, que estaban en mal estado por la humedad, siendo
sustituidas por estucos en tonos grises y rosas imitando mármoles, y además se
realizaron también los balcones de sabor francés, con barandillas ondulantes.
Todo el interior fué estucado y pintado por Salustiano Asenjo, y en su decoración intervinierón
Jose Maria Brel, Plácido Francés,
Rafael Montesinos, Ramiro Contreras y Aznar, Franchini y Nicoli entre otros. Del oratorio se encargó
Molinelly, la decoración interior Franchini y Nicoli, la sala chinesca fue pintada por Vicente Flores e intervinieron
los arquitectos señores Fornes y Ramón Maria Jimenez.
Los fondos de las paredes se estucarón con alabastro de las minas de Niñerola -de donde se
extrajerón también los bloques de mármol alabastrino que utilizó Vergara para labrar la bellisima
portada del palacio-, proxímas a la villa de Dos Aguas, que da nombre al marquesado.
El interior se decoró también con bellas pinturas y artisticos mármoles en los salones, donde
fuerón famosos los bailes y conciertos con la actuación de los mejores cantantes y músicos que
se desplazaban a Valencia, especialmente invitados por los Marqueses de Dos Aguas.
En el salón de fiestas guarda el mobiliario original, el techo fue pintado por el pamplones Salustiano Asenjo Arozarena (1834-1897) con el tema
"El Consorcio de Valencia y don Jaime I por la Religión" (1865) donde se narra la derrota de los moriscos por parte del rey Jaime I.
Los medallones de este techo son obra de Plácido Francés (1834-1902) y representan a Venús y Cúpido. En este salón destaca la presencia
de una tribuna en la pared cerrada por una celosia, donde se asentaban los músicos mientras tocaban, sin necesidad de que estos
pudieran ver a los nobles de la sala bailando.
En su interior aún podemos observar hoy, las carrozas del siglo XVIII y los
salones decimonónicos con su decoración original, recientemente restaurada, mientras
que la segunda planta acoge el Museo Nacional de Cerámica González Martí, con una
importante colección de piezas desde la Antigüedad a los más modernos diseños.
Asi podemos destacar la
carroza de gala del Marques de Dos Aguas, otra carroza del Marqués de Llanera y una silla de manos
fechada en el siglo XVIII.
Con el paso de los años y por el cambio de residencia de sus propietarios, el antiguo palacio de
Dos Aguas fué adquirido por el Estado español en el año 1949, para instalar en él la colección
de cerámica reunida por el profesor don Manuel Gonzalez Martí y su esposa, doña Amelia Cuñat
y Monleón, con los nuevos fondos adquiridos después, creandose el Museo Nacional de Cerámica.
La restauración artistica del edificio fué minuciosa, así como la instalación del gran número
de valiosas obras en las grandes salas, efectuandose la solemne inauguración del Museo Nacional
de Cerámica, el dia 18 de junio de 1954 por el entonces ministro de Educación Nacional, don
Joaquin Ruiz Jimenez, que ostentaba la representación del Jefe del Estado, acompañado del ministro
de la Gobernación don Blas Perez González.
Es verdaderamente magnifico el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias, no sólo por la
exposicion de obras artisticas, sino, además, por la historia y anécdota de usos y costumbres,
fiestas y solemnidades de pasadas épocas. Alli se muestran notables retablos del más puro barroco
valenciano, donde se representan variedad de imagenes, muestra y recuerdo de la piedad valenciana en
las calles de la ciudad, ante las que se celebraban aquellas tipicas "festes de carrer", tan numerosas
en pasados siglos y como numerosos eran los retablos. Y la esplendida reproducción de la
cocina valenciana en un feliz muestrario gastronomico de primeros del siglo XIX donde, entre utensilios
tipicos, paneles de azulejos con brillantes tonos, representan curiosos tipos y escenas de ambiente
culinario. Y la extensa variedad de platos policromados y de dorado reflejo metálico, muestra feliz de
la ceramica popular de Paterna y de Manises, con la epléndida y variada colección de azulejos
donde se encuentran -desde el dorado "all i oli" a la policromada paella-, como invitación a
suculento yantar, la diversidad de la cocina valenciana.
También sedas y abanicos -las dos industrias que tan famosas fuerón en la Valencia de pasadas
épocas-, junto a las galas femeninas en trajes y bordados del ochocientos: la "clavariesa", con
su vistoso atuendo típico; la dama, con su fino traje de calle; la novia, con sus magnificas
galas.
Y en los paneles, con los retablos, con las esculturas cerámicas, con los frisos artisticos, con
los azulejos policromados o de severos tonos góticos, viejas banderas históricas, reposteros
magníficos, tapices decorativos, cuadros y grabados, panoplias con diversidad de armas, muebles
artísticos, armaduras de bruñido acero, suntuosas carrozas doradas que recuerdan los antiguos
tiempos del palacio de Dos Aguas, con sus fiestas esplendidas, sus minués danzados, su música y
sus conciertos en los magnificos salones radiantes de luz y de color, y un desfilar de empolvadas
pelucas, casacas bordadas y trajes lujosos de encopetadas damas, descendiendo de literas y
carrozas, antes la reververancia constante de nobles y caballeros.
Entre 1969 y 1972 el palacio es ampliado construyendose una nueva ala y una nueva torre, concretamente
la mas cercana a la iglesia de San Juan de la Cruz o de San Andrés. Siguiendo el mismo estilo que el resto del
palacio está ampliación se encuentra tan bien realizada que es dificil para los no entendidos percartarse que
esa zona es de nueva construcción.
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