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La iglesia del antiguo convento de frailes ermitaños de San Agustin, de fabrica gótica
medieval, tras haber estado recubierta con decoraciones barrocas (siglo XVII) y clasicistas (siglo XIX), aparece
hoy en día con su aspecto original caracteristico de un templo uninave del gótico valenciano.
Los agustinos levantarón el convento primitivo en el último cuarto del siglo XIII extramuros de la ciudad. La fundación
corrió a cargo de fray Francisco Salelles. Con la construcción de la nueva muralla cristiana en 1356 el antiguo convento
quedó intramuros de la ciudad pegado a la muralla y muy cercano de la
Puerta de San Vicente.
Para comprender la importancia de este monasterio diremos que disponía de refectorio, enfermeria, noviciado, celdas para los
monjes, dos claustros, porteria y que su bibioteca situada en el piso superior del refectorio albergaba mas de 120.000
volumenes. Después del paso de los franceses durante la guerra de la independencia el convento quedó practicamente
arruinado.
En 1836 el convento fué abandonado por los religiosos como consecuencia del decreto de desamortización de
1835 y pasó a ser utilizado como cárcel. La iglesia continuaría cumpliendo exclusivamente función de parroquia.
Disponía de dos claustros, uno de ellos el más antiguo, gótico y otro mas moderno fechado en el siglo XVII y realizado por
Juan Jerónimo de Ranyaga (Joan Geroni de Ranyaga). Por descripciones sabemos que eran grandes y que el claustro moderno tenia
las paredes chapadas con azulejos y en las columnas disponia de imagenes de santos y eclesiasticos.
De lo que fué su claustro gótico hoy sólo nos queda como recuerdo el pequeño jardin que situado al lado de la iglesia
recae a la calle Játiva.
En 1902 se trasladó a esta iglesia la antigua parroquia de Santa Catalina martir, llamándose
desde entonces de Santa Catalina Mártir y San Agustin, aunque lo que es el convento fué demolido, quedando
sólo en pie la iglesia.
En 1936 el templo fué destruido durante la Guerra Civil y en 1940 fué repristinado conservando el nombre
de Iglesia de San Agustin. Las obras de restauración corrierón a cargo del arquitecto mayor del Ayuntamiento de
Valencia Javier Goerlich Lleó. Entre las intervenciones mas criticables de este arquitecto tal vez sean la apertura de
una nueva
portada que nunca tuvo recayente a la calle Játiva y la construcción de la
torre que ahora dispone, ambos elementos un tanto extraños a las caracteristicas originales del templo.
El campanario por referencias de que disponemos sabemos que estaba situada en el siglo XVI en el lado contrario a donde
se encuentra en estos momentos, que era de planta cuadrada y el mismo estaba almenado. En el siglo XIX se levanta uno
nuevo en su actual emplazamiento en estilo neogótico que es el que se conserva actualmente, aunque reformado y modificado
como hemos comentado bien entrado el siglo XX por Javier Goerlich.
Su
portada recayente a la plaza de San Agustin es la habitual de entrada al templo. De estilo barroco (siglo XVII), dispone de
una imagen del santo titular de la iglesia, realizada en el siglo XX por José Justo. Queda situada en muro de la epistola.
La iglesia se corresponde con un planteamiento gótico frances, donde la sobriedad de la decoración es patente, enfatizado si
cabe además por el hecho de tratarse de un templo de origen conventual y no dedicado a la feligresia.
Es un templo de una sola nave sin crucero, dividida en ocho tramos, se cubre con bóveda nervada entre arcos apuntados que apoyan sobre
mensulas. Capillas entre los contrafuertes, cubiertas a su vez por bóvedas sobre ojivas que también apoyan en mensulas. Coro
elevado a los pies. Su fecha de construcción puede datarse en el siglo XIV.
Los retablos neogóticos del interior son obras modernas del escultor José Justo.
En 1692 la iglesia fué renovada y recubierta en su interior con yesos y caracteres barrocos propios de la época, para posteriormente
volver a ser renovada con elementos neoclásicos. En la restauración del templo de 1940 serian eliminados todos estos elementos
ajenos al gótico original de la iglesia.
No obstante la pieza mas sobresaliente de que dispone la iglesia sea una imagen o icono de estilo bizantino, conocida como
"Mare de Deu de Gracia" (Nuestra Señora de Gracia), de gran devoción en su época, hasta el punto que en las cercanias de
la iglesia una calle lleva el nombre de esta imagen sagrada. Se considera que dada la escasa tradición habida en España en
esta clase de imagenes, el icono tenga su origen en Italia.
Este
icono se considera de finales del siglo XIII o principios del XIV. Es una tabla que representa a la Virgen con el Niño en
brazos. El Niño juega con un pajarillo mientras levanta uno de sus pies. Aparece en actitud distraida.
El nombre de Nuestra Señora de Gracia le viene porque según la tradición unos extranjeros, se la entregaron a los monjes diciendoles:
"Os la doy de Gracia", es decir gratis.
El retablo del Altar Mayor está tallado en piedra y mármol. En su centro se encuentra el icono de Nuestra Señora de Gracia y a ambos
lados esculturas exentas de Santa Catalina Mártir y San Agustin obispo.
Su capilla se encontraba en el lado de la epistola la mas cercana
al altar mayor, era de grandes dimensiones ya que sobresalia en planta. Hoy dia esta capilla ha desaparecido y el icono permanece
en el retablo del Altar Mayor. En 1754 se inauguró la nueva capilla mas espaciosa, obra de Vergara y rematada por una cúpula. La
anterior era de los tiempos de Enrique II de Castilla (1369-1379). En 1835 con la exclaustración la capilla fué destruida pero milagrosamente
la tabla se salvó.
En 1836 la iglesia fué abierta a la feligresia y la tabla nuevamenta expuesta, pero lo que fué el convento quedó convertido en prisión.
Como dato anecdótico podemos citar que el escultor
Ignacio Vergara fué enterrado en este convento en 1776 ya que era miembro
de la Cofradia de Nuestra Señora de la Correa que tenía su capilla fundacional en el convento.
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La iglesia parroquial de San Agustin, tal y como hoy la conocemos, es solamente una parte, y
pequeña, de lo que fué el Convento de San Agustin, una institución capital para la vida de la
ciudad durante 700 años. Hacia 1250 llega a Valencia la orden y en 1272 empiezan a levantar
su convento, que se convertiria en un complejo arquitectonicamente importante con el paso de los
siglos. San Agustin se tranformó mucho, con el paso del tiempo, y sufrió también mucho. Guerras
incendios, devastación .... Cuando las torres de Serranos dejarón de ser carcel allí fuerón los
presos de la ciudad. Finalmente, en 1905, el diario LAS PROVINCIAS asistia triste, al derribo
de lo más
sustancial del antiguo convento, deteriorado ya hasta lo indecible. En el almanaque para el
año 1905 se incluyó esta despedida, que era a la vez recuento. Sirva esta página para poner en
pie un fragmento de la historia de Valencia que comenzó su andadura, cuando don Jaime I, ya viejo,
veia su final cercano, los agustinos empezarón a levantar su convento en Valencia. Sirva esta
página también para recapacitar sobre cuanto bueno ha perdido Valencia en estos 750 años, por
culpa del abandono y el desinterés. Queda, menos mal, la iglesia, restaurada en los años
cuarenta y siguientes. Pero San Agustín era mucho más que la iglesia.
Este último año ha sido demolido uno de los vastos edificios que levantó en Valencia el espiritu
monástico y que en el siglo pasado, con motivo de la exclaustración, fuerón destinados a usos
civiles o militares. Nos referimos al convento de San Agustin. Su espaciosa iglesia se abrió al
culto otra vez después de aquella exclaustración, y ahora ha adquirido mayor importancia, por
haberse trasladado a ella la parroquia de Santa Catalina. El convento estaba sirviendo hace muchos
años de presidio correcional y últimamente de cárcel también, y esta parte de aquella antigua
y grandisima edificación, es la que ahora se ha derribado; para que su solar, convenientemente
urbanizado, sea vendido con destino a casas particulares. Justo que; al desaparecer aquel vetusto
resto de Valencia en los tiempos medievales, dediquemos un recuerdo al monasterio que allí estuvo
instalado.
No hay noticias completamente seguras de su fundación. Escolano, refiriéndose al obispo Jusepe
Pamfilo, la fija en 1307. Los cronistas de la orden agustiniana no se contentan con esta
antiguedad y remontan el origen de aquel monasterio a los mismos tiempos de la reconquista.
Dicen que acompañaban al ejercito cristiano algunos padres agustinos, de quienes era cabeza Fray
Francisco Salelles, varón piadosisimo, que alcanzó, después de su muerte, categoría de venerable.
Añade que se albergarón en una casa cercana a la iglesia de la Roqueta, y luego, en 1250, edificarón
su monasterio en un sitio de las afueras de la ciudad que les donó aquel monarca, ensanchandolo
después con nuevas donaciones de terrenos, hechas por el mismo rey y por don Jaime II. El padre
Salelles vivió un siglo cumplido, y al morir en 1310, dejó fundados, además de este convento de
Valencia, los de Aguas Vivas, Alcira, Castellón de la Plana y Alcoy. En que fué el padre
Salelles fundador del convento de San Agustín, no cabe duda; en la época de su fundación, si.
Por ser incierta, litigarón algunos agustinos y carmelitas sobre la procedencia de las procesiones
litigio que, por falta de pruebas terminó con una concordia de transacción.
Al construirse las nuevas murallas de la ciudad, el convento de San Agustín quedó dentro de ellas,
ocupando toda la zona comprendida entre la puerta de San Vicente y la de los Inocentes. Era uno
de los más grandes de Valencia, con espaciosos claustros, numerosas celdas, vasto refectorio,
riquisima biblioteca, magnifica iglesia y dentro y fuera de ella, muchas capillas, algunas de
familias nobilisimas, como los Condes del Real, de Sinarcas y de Castellar. La más famosa de
esas capillas era la de Nuestra Señora de Gracia, cuyo nombre conserva una de las calles que
alfluyen al convento. Referíase que, a poco de su fundación, deseando los frailes tener una buena
efigie de la Virgen, encaminánbanse dos de ellos a la ciudad por la senda que conducia a la
puerta de la Boatella, para encargar la obra a algún diestro imaginero. Les salió al encuentro
un peregrino y les preguntó a dónde iban. Dijeronselo, y presentandoles al punto una pintura de
la Madre de Dios, tal cual la querian, les dijo "De gracia os la doy" y este fué el nombre de la
milagrosa imagen, que alcanzó con el tiempo gran veneración. El rey de Castilla don Enrique II
restauró su capilla, poniéndola bajo su patronato real y dándole rentas sobre los puertos de
Requena, las cuales fuerón confirmadas y aumentadas por doña Isabel y don Fernando. Dos hijas
naturales de este rey, las infantas doña Juana y doña Maria, recibierón sepultura en ella. La
devoción a la Virgen de Gracia era tan general que ofrecian ricas dádivas pontifices y monarcas,
principes y prelados. Su imagen estaba continuamente iluminada por seis lámparas de plata; ante
ella habian estación las procesiones mas solemnes, y en 1754 se le dedicó un hermoso santuario,
contruido en el centro del claustro grande. Pero a todo alcanzan las vicisitudes de los
tiempos, y de aquella tan venerada capilla y tan enriquecida no queda rastro alguno. La imagen de
Nuestra Señora de Gracia está hoy olvidada en la iglesia del convento en la segunda capilla,
al lado de la epistola. Es una pintura sobre tabla que revela a las claras su antiguedad: la
Virgen está vestida "a manera gitana", dice un historiador, para indicar el aspecto oriental de
su indumentaria; el Niño tiene un pajarito en la mano.
La iglesia de San Agustin es muy conocida, sobre todo desde que se ha convertido en templo
parroquial, por lo cual no necesitamos hablar de ella. Como recuerdo medio olvidado, consignaremos
que por la tarde que da a la calle San Vicente tenía esta iglesia un pórtico de arcos de medio
punto enverjados, y al lado del pórtico se levantaba el campanario: campanario y pórtico han
desaparecido. En el interior, su unica nave, que es la mayor de las iglesias de Valencia, revela
aún en su elevada bóveda de crucería su primitiva construcción ojival; en 1692 llenarón sus
muros de hojarasca churrigueresca. En 1815, después del pillaje de los franceses y del incendio
que completó la devastación, fué restaurada de nuevo con sencillo ornamento de orden corintio.
Perdiéronse en el incendio los altares; algunos se contruyerón de nuevo, entre ellos el mayor,
de poco gusto, por cierto.
Hablemos ahora del convento, que es lo que va a desaparecer. Era muy extensa su área y contenia
dos grandes claustros. La entrada principal estaba en la plazuela de San Agustin. Se contruyó en
el siglo XVIII y era de muy poco aparato. Por aquella puerta se entraba al claustro nuevo (asi
se llamaba), que era de la misma época y tenia arcadas de orden dórico y en la planta baja, y en
el piso alto pequeñas arquillas jónicas. En el centro de cada uno de los cuatro frentes de este
gran patio claustral habia un bajo-relieve con los atributos de San Agustin. Tambien en los
lunetos de la planta baja del claustro habia pinturas al fresco representando escenas de la vida
del santo. Por la humedad y poca limpieza, estaban en muy mal estado estas pinturas. Más interesante
era el otro claustro, el primitivo, al cual se pasaba desde el primero y estaba junto a la
iglesia. Lo llamaban el claustro viejo y también de la Virgen de Gracia, porque en el centro de
él estuvo la capilla de que hemos hablado, y de la cual no quedaba en nuestro tiempo ningun
vestigio. Las arcadas de este claustro son de arcos apuntados y bóvedas de nervio. No todos
estos arcos apuntados son de iguales dimensiones. A la parte del norte se abría la hermosa sala
del Capítulo, que afeada por pesadisima labor churrigueresca, pero sus esbeltas proporciones, su
bóveda graciosamente construida, su altar de jaspes, su púlpito de madera muy tipica y correctamente
trabajada según el gusto del siglo XVII, la riquisima araña de cristal de roca que la adornaba,
la hacian digna de ser conservada. Así lo propuso la Sociedad de Lo Rat Penat, indicando la
conveniencia de destinarla a la capilla de la Comunión de la iglesia de San Agustin, con la cual
podia comunicarse facilmente; pero este ruego no fué atendido.
El interior del convento, con su espacioso refectorio situado entre los dos claustros; su biblioteca,
en la que no quedaban vestigios de libros ni de estantes; las celdas, enfermería y demás
dependencias, no ofrecian nada de particular; en todo caso puede mencionarse la cómoda escalera
que conducia a los pisos altos, construida en la segunda mitad del siglo XVII, y en la cual
ofrecian algún interés artístico la linterna con que terminaba y el gran zócalo de azulejos que
la embellacia.
En este albergue monacal se habian hecho las obras convenientes para acomodarlo a su nuevo
destino de presidio correccional y prisión. Para construir la nueva cárcel , inaugurada en el
año 1903, se contaba con la demolición de aquel edificio y la venta de sus solares, trasladandose
los presos a la carcel nueva y los penados al establecimiento correccional de
San Miguel de los Reyes. Este traslado se
efectuó los dias 25 y 26 de febrero último, y poco despues se subastó la demolición del que
habia sido famoso convento de San Agustín, demolición que se llevó con prontitud.
Texto: Las Provincias (Historia Viva de Valencia)
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La Iglesia de San Agustin en el recuerdo
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