|
El Real Monasterio de la Santísima Trinidad, habitado por monjas clarisas
desde el siglo XV, esta situado en la margen izquierda del Turia en la ciudad de Valencia.
Declarado en 1983 Conjunto Historico Artistico Nacional.
Es el conjunto monástico más antiguo de Valencia que conserva su uso inicial.
Se trata de una fundación medieval de gran importancia y que tuvo una amplia repercusión en
la vida cultural valenciana en los siglos siguientes, y es un magnífico ejemplo de la
perfección alcanzada por los arquitectos, canteros y albañiles valencianos a lo largo del
siglo XV. El llamado Siglo de Oro Valenciano.
Las obras se iniciaron en el año 1445 sobre el emplazamiento de un convento trinitario y su
adjunto hospital de San Guillem del año 1256,
a expensas de la reina Dª María de Castilla -esposa de Alfonso V el Magnánimo-, la cual está
enterrada en el claustro. Allí la reina instaló a la comunidad del convento de Santa Clara de
Gandia; que es la que sigue ocupando hoy el convento de clausura.
El hospital de San Guillem estaba a cargo de una comunidad
de trinitarios, de donde recibió el nombre tanto el monasterio de clarisas, como el puente sobre
el río que lo unía al recinto amurallado de la Valencia medieval. Puente que hoy día recibe
el nombre de
Puente de la Trinidad .
El conjunto arquitectónico consta de iglesia, coro, sacristía, claustro mayor, sala capitular,
refectorio, locutorio, escalera, huerta y un antiguo claustro de entrada -del antiguo
convento trinitario- con bóveda gótica y barroca. Todo el conjunto muestra una armoniosa
continuidad desde el gótico clásico hasta el pleno renacimiento.
Se accede a través de una puerta recayente a la calle, que da paso a una pequeña plaza.
En esta plaza interior, se encuentra la fachada lateral de la iglesia en la que se encuentra la portada
principal que da paso a la iglesia. Aquí podemos encontrar una estatua que representa a
Santa Clara, con una incripción que dice: Santa Clara de Asís, alma del franciscanismo.
En la pared a la izquierda de la portada, podemos encontrar un lápida conmemorativa relativa a
Sor Isabel de Villena y su obra "Vita Christi". Por esta misma plaza se puede acceder a las
distintas dependencias de lo que eran los locales de los artesanos de la época y que hoy han sido
debidamente restaurados, y que junto con el monasterio forman todo un conjunto.
Fue abadesa de este convento la célebre humanista sor Isabel de Villena, figura señera de
las letras valencianas y autora de la «Vita Christi» compendio feminista del renacimiento,
fué publicada la obra en 1497 bajo la especial protección de la Reina doña Isabel I la Católica.
Sor Isabel de Villena acabó y
enriqueció la obra del monasterio. Éste se convirtió en un foco de cultura vinculado a
la universidad literaria y fué unos de los grandes focos culturales de la Valencia del
siglo XV, y de toda la Corona de Aragón.
El monasterio de la
Trinidad se convirtió en el convento de las damas nobles valencianas; la clausura no impidió que
la comunidad se aislara de la sociedad valenciana, pues mantuvo contacto con personalidades
como Jaume Roig, que fué su médico, y en otro orden el beato Nicolás Factor, que fué su confesor,
a la vez que mantuvo estrechas relaciones con el colegio del Corpus Christi y la Universidad. La
comunidad fué objeto de importantes donaciones a lo largo de los siglos que se sumaban a las
dotes de sus mas insignes profesas, bienes que consolidarón su patrimonio económico y artístico.
Un Siglo de Oro en el que en torno a la figura de la abadesa se encontraban Jaume Roig
que componía "El Espill", Joan Rois de Corella, Jordi de Sant Jordi que componía "El Presoner",
Ausias March que se encontraba en pleno proceso creativo y Joanot Martorell que ultimaba
el "Tirant lo Blanc", considerada como una de las mas grandes novelas de caballería jamás escrita,
alabada años mas tarde tanto por Cervantes en boca de su inmortal Don Quijote de la Mancha,
como por Shakespeare en "Much ado for nothing".
Un Siglo de Oro en el que contemplamos la
subida al Papado de dos Arzobispos de Valencia, de la poderosa familia de los Borja (o Borgia),
Alonso y Rodrigo que con los nombres de Calixto III y Alejandro VI pasaron a la historia,
además de por sus escándalos, por su mecenazgo de las artes, siendo concretamente el último
de ellos el que financió los trabajos de Miguel Angel en la Capilla Sixtina, y los que con su
influencia introdujerón el arte renacentista en el Reino de Valencia y a traves de él en
España.
Un siglo de
brillantes campañas capitaneadas por Roger de Lauria y Roger de Flor que culminaron con la
incorporación de Nápoles a la Corona de Aragón, que
comprendía, además de los territorios peninsulares los Condados del Rosellón y la Cerdanya
en Francia, los Reinos de Nápoles, Cerdeña y Sicilia en Italia, los Ducados de Atenas y
Neopatria en Grecia, el Reino Latino de Jerusalén, la Isla de Malta, los territorios
norteafricanos de Marruecos, Argelia y Túnez y más de 80 plazas de soberanía y consulados
comerciales en todas las costas de este mar que en aquellos años anteriores al descubrimiento
de América aún era el centro del mundo y en el que, según dicho popular de la época,
para navegar seguros hasta los peces debían lucir en sus lomos las barras de la Corona de
Aragón.
Un Siglo de Oro estrechamente relacionado con este edificio, que se alza en majestuosa
armonía "a la vora del riu" y en el que seiscientos años
después las monjas clarisas siguen cumpliendo clausura, silenciosas, conservando los
secretos que guardan sus corredores, estancias, claustros, celdas y archivos y en el que se
especula podrían encontrarse los restos de ese otro valenciano ilustre que fue don Luis de
Santangel, banquero de los Reyes Católicos que financió el viaje en el que Cristóbal Colón
descubrió América, quien sabe si tomando como garantía las valiosas joyas de la primera
Reina de Castilla.
El acceso a la iglesia se realiza, desde la plaza antes indicada, por el lado del
evangelio. En la fachada se abren tres
accesos siendo el principal de estilo gótico flamígero en la que se desarrollan nueve
arquivoltas con capiteles decorados sobre columnillas, y enmarcada por un arco conopial
flanqueado por pináculos. En el tímpano de la portada hay una copia de un tondo atribuido a
Benedetto de Maiano, cuyo original realizado en mayólica se encuentra en el Museo Nacional
de Ceramica Gonzalez Martí. Los otros dos accesos son de menor tamaño y se situan más
proximos a la cabecera. En la parte superior de la fachada se desarrollan dos óculos con
traceria gótica.
El interior del templo es amplio y está decorado con
ornamentación barroca de fines del siglo XVII (1695-1700). A ambos lados del altar se abren
dos magníficas portadas barrocas policromas en la tradición de Juan Bautista Pérez.
El coro bajo es una pieza de crucería gótica amueblada y enriquecida en el s. XVII y en cuyo
techo se funden policromos grutescos barrocos a pinturas de ángeles posteriores al saqueo
francés. El coro alto ocupa dos tramos de la nave barroca de la iglesia, decorado con
numerosos cuadros y da acceso al archivo y actual sala capitular de estilo isabelino.
La iglesia, al lado sur del claustro, es de una sola nave con capillas entre contrafuertes, y
ábside poligonal. Parece ser que la iglesia fué el primer edificio que se levantó, junto con
la tumba de la reina Maria. A finales del siglo XVII, sobre la estrúctura gótica la iglesia
fué revestida con decoración de estilo barroco con bóvedas tabicadas de cañón con lunetos en la
nave, y bóvedas muy rebajadas en las capillas laterales para dar cabida a las tribunas que
tienen acceso desde el coro alto. Sobre la bóveda barroca se encuentra la bóveda gótica, con
restos de policromía en las claves y los arranques de los nervios. Al lado de la cabecera se
encuentran las sacristías.
El claustro es de estilo gótico purísimo de fines del s. XV y su belleza se debe sobre todo a
la perfecta armonía de sus lineas y a la gran calidad de la talla de la piedra.
El claustro mayor ordena el conjunto y está dividido en dos plantas. La parte inferior se
desarrolla mediante arcos apuntados, ocho en los lados mayores y siete en los menores,
separados por unas potentes pilastras. Las galerias estan cubiertas con bóveda de crucería
simple realizada en sillería a excepción de la plementeria realizada con ladrillo. La parte
superior se desarrolla a modo de pórtico cubierto con columnas ochavadas que sustentan la
cubierta de madera con teja al exterior.
En el claustro, formando ángulo con la cabecera de la iglesia, se sitúa el sepulcro de
doña Maria de Castilla. Se trata de un arcosolio con un arco conopial en la parte superior
y pináculos en los laterales. En el sarcófago de la parte baja se representan tres escudos
con las armas reales.
En la galeria oeste del claustro se encuentra el refectorio. De planta rectangular está
dividido por cinco tramos mediante los arcos fajones que separan las bóvedas de crucería
con plementeria de ladrillo, que cubren la estancia. Por esta misma galeria se accede a la
lavanderia, la cocina y a través de un pasillo al locutorio.
En la parte este se encuentra el acceso a la sala capitular de planta cuadrada cubierta con
bóveda de crucería rebajada.
Los dormitorios se encuentran en la crujías norte y oeste, conservando una de ellas la cubierta
original. En la intersección de ambas se encuentra la capilla de la Virgen de la Vela de
planta cuadrada.
Cabe señalar que el monasterio custodia un icono
sienés -la Virgen de la Vela- y otro bohemio -la Virgen del Refugio-, probablemente del
siglo XV.
En la zona mas oeste del conjunto se encuentra el huerto del monasterio.
A lo largo del siglo XVII fue enriquecido con
los dones y reliquias ofrecidos por María de Corella, Condesa de la Puebla, que entre otras
cosas adornó espléndidamente el coro bajo, así como por numerosas bulas papales y privilegios
reales.
Fue abandonado en la guerra de Sucesión y sufrió destrucciones en la guerra de la
independencia con la ocupación del monasterio por las tropas francesas que saquearon la iglesia
y sus dependencias. La desamortización, la guerra civil y la riada de 1957 fueron otros
momentos difíciles para
el monasterio con graves pérdidas en su patrimonio mueble. Pese a todo el edificio sigue
siendo un rico depósito de obras artísticas reflejo de la historia de la ciudad y como siempre
habitado por las monjas clarisas.
|