Torres de Serranos - Pl.de los Fueros s/n



Torres de Serranos en 1400
en 1608
en 1704


El 3 de junio de 1931 fueron declaradas Monumento Histórico Artístico Nacional, reconociéndosele su alto valor estético, que hace de este edificio el más bello ejemplo peninsular de la arquitectura militar del siglo XIV.

Las Torres de Serranos se encuentran situadas frente al Puente de Serranos cuya antiguedad resulta difícilmente datable, pudiéndose fechar incluso su origen, en una pasarela romana. En las cercanías de las Torres se han encontrado restos de sillares del antiguo puerto fluvial romano.

El nombre de Serranos, le viene dado, tanto al puente como a las torres, por su situación geográfica, ya que esta puerta situada en la fachada norte de la ciudad, recogía la llegada de todos aquellos viajeros procedentes de la zona de la Serranía, comúnmente denominados "los serranos".

El puente unía y une la ciudad con uno de los barrios más antiguos, el situado en torno a la calle Sagunto, siendo por todo ello que estas puertas llegaron a recoger hasta el 95% del acceso a la ciudad. Esta puerta se ha considerado siempre como el acceso principal a la ciudad mientras esta permaneció amurallada. Las Torres de Serranos son por tanto uno de los monumentos más importantes, junto con las Torres de Quart, que nos recuerdan el carácter amurallado de la ciudad de Valencia en época medieval. Es por tanto un emblema de la identidad urbana de Valencia.

Después de la guerra con Castilla y de las revueltas de la Unión, el Consejo General de la ciudad encargó a la Fábrica de Muros y Valladares (Fábrica de Murs e Valls), la construcción de una grandiosa puerta que fuera orgullo del poder económico y social que gozaba la ciudad.

Las Torres de Serranos fueron el símbolo del poder de la ciudad de Valencia; no solo por la grandiosidad de su arquitectura y por su elaborada ornamentación, pues iba mucho más allá de una arquitectura utilitaria de mero carácter defensivo. Esta puerta formaba parte fundamental del programa de renovación urbana de la ciudad de Valencia, después de las revueltas de la Unión y la guerra con Castilla que supuso la construcción de la nueva muralla cristiana en sustitución de la anterior musulmana.

En el siglo XV las Torres de Serranos serán la puerta principal de entrada a la ciudad, situándose en ella un lugar de cobro de peaje para las mercancías que entraban y salían de la ciudad. Este tipo de peaje era uno de los impuestos propios de la Baja Edad Media, siendo una de las formas de fiscalidad municipal. La Puerta de Serranos con sus dos esbeltas torres, representaba en aquellos tiempos el poderío y la importancia de la ciudad de Valencia, "cap y casal del Reino".

Su construcción tuvo lugar entre abril de 1392 en que comenzaron los preparativos de la obra y el 19 de marzo de 1398, día en que se dieron por finalizadas. La construcción fue encargo de los "jurats" (jurados) de Valencia. El arquitecto fue Pere Balaguer (mestre de pedra picada), que se inspiró para su proyecto en la Puerta Real del Monasterio de Poblet, aunque la de los Serranos es de mayores proporciones. También visitó la Puerta de San Miguel de Morella, pero al final se decantó como modelo por la de Poblet.

Torres de Serranos
Puerta Real
Monasterio de Poblet
Puerta de San
Miguel de Morella

Pere Balaguer también colaboró en otras construcciones de la ciudad como la Catedral, el Miguelete o la Iglesia de Santa Catalina, y en otras ciudades del Reino, como la capilla de San Marcos de Gandia, encargada por el padre del poeta Ausias March.

Para dotarla de una mayor seguridad, se realizó un foso defensivo en su base. Las torres se construyeron sobre un alto talud de sillería que forma su basamento en la zona del foso. Estos elementos forman parte de la visión general del edificio en la actualidad.

Con una altura de 33 metros, su planta la forman dos torres poligonales simétricas rematadas por almenas. Dispone de tres alturas con salas abovedados en cada una de las torres que se encuentran unidas por un cuerpo central formado por dos alturas y terraza. Las torres acaban pues en amplias terrazas almenadas. Todas las salas se cubren con bóvedas de crucería cuyos nervios apoyan en ménsulas decoradas con labor escultórica. A título de curiosidad podemos indicar que de las dos torres, fue la Torre de Levante la primera en ser levantada.

Exteriormente la separación entre el piso bajo y el primer piso se realiza a través de una imposta corrida con florones vegetales que rodea todo el perímetro del edificio, mientras que la separación entre este y el segundo lo realiza una barbacana almenada que protege tanto las torres como el cuerpo central. Partes de esta imposta y sus florones fueron restaurados en época reciente.

La puerta de acceso a la ciudad se encuentra en el cuerpo central que une ambas torres. Se trata de un gran arco dovelado de medio punto ligeramente apuntado que aloja la puerta de madera en la que caben destacar las cerraduras de hierro con el escudo de la ciudad.

Las torres están desprotegidas por su parte posterior, es lo que se llama de gola abierta. Esto obedece a tres motivos: el primero para el caso de que las torres fueran tomadas por el enemigo, que estos no pudieran hacerse fuertes en las mismas; otro motivo era para que los militares que las defendían no pudieran hacerlas servir contra la ciudad y el tercer motivo era que tal disposición hacia de balcón y mirador hacia el interior de la ciudad dando realce a las entradas de personajes importantes, principalmente reyes y reinas.

Entre 1397 y 1398 se construyó la gran escalinata adosada a la fachada posterior que da acceso a la planta noble (primer piso), donde jurados y caballeros recibían a las visitas ilustres de la ciudad. Esta finaliza en una puerta formada por un arco de medio punto encuadrada por una moldura a modo de alfiz con decoración vegetal. Esta puerta es en la actualidad la entrada turística al monumento y es una recreación neogótica moderna.

Fachada exterior (norte) La fábrica está realizada con bloques de sillería muy cuidada, para lo que se utilizó piedras de canteras cercanas como Alginet y Rocafort e incluso de Benidorm.

Toda la parte recayente hacia el exterior de la ciudad tiene un remate de almenas y barbacana. El trozo decorativo por encima de la portada fue destruida y tuvo que ser repuesta a finales del siglo XIX en las obras de restauración que se efectuaron.

En el paño central del cuerpo de unión de ambas torres encontramos el portal de entrada a la ciudad formado por un gran arco de medio punto ligeramente apuntado. Por encima del portal de entrada vemos diversos escudos, así en el centro podemos observar el escudo con las armas del Reino de Valencia y a ambos lados dos escudos de la ciudad sujetos por ángeles tenantes. Este conjunto de escudos son réplicas modernas, los originales que se habían perdido fueron realizados en 1394 y se encontraban policromados, siendo el pintor Marçal de Sax el autor de la policromía. Los actuales escudos son obra del escultor José Aixa realizados en 1901.

José Aixa Iñigo fue nombrado en 29 de agosto de 1893 restaurador artístico municipal, recayendo sobre su persona el grueso de las obras de las Torres de Serranos. Se mantendría en el cargo hasta su fallecimiento en 1920. Al poco de morir el cargo sería amortizado por las autoridades municipales.

El portal de entrada está formado por dos espacios, el primero de ellos dispone de dos acanaladuras en los laterales por donde se hacia bajar un rastrillo que impedía el acceso al enemigo, además esta sección se encontraba protegida por una abertura en la parte superior a la altura del primer piso desde donde el enemigo podía ser acosado con toda clase de objetos contundentes o líquidos hirvientes. La segunda sección se cerraba por una puerta de madera reforzada con gruesos clavos que representaba un segundo obstáculo para el enemigo caso de haber superado el primero. Este segundo espacio se cubre con una bóveda de crucería en cuya clave podemos encontrar el escudo de la ciudad.

En el paño central por encima de la portada, es el único lugar donde podemos encontrar elementos decorativos que rompen la estética militar de la obra. Esta se limita a una cuidada labor de filigrana y tracería calada formada por un conjunto de arcos ciegos conopiales y apuntados que se superponen entre ellos. Flanquean esta tracería dos estilizados pináculos no sobresalientes sobre el marco de la tracería. Este conjunto sufrió una cuidadosa restauración o mejor dicho restitución entre 1893 y 1901 ante el avanzado estado de deterioro que sufría.

Por encima de esta labor decorativa y uniendo las torres de los extremos se encuentra el camino de ronda o barbacana con sus correspondientes almenas, conjunto apoyado sobre un total de veintiséís gruesos soportes que forman espacios abovedados, veintidos de estos soportes son escalonados y los cuatro restantes con forma troncopiramidal decorados con temática vegetal y figuración humana en sus vértices. Los soportes escalonados arrancan de un escalón de formas vegetales. De los veintidos soportes escalonados, diez de ellos se encuentran en cada una de las torres, mientras que dos más se encuentran en el paramento central. Los cuatro soportes troncopiramidales se encuentran dos de ellos en el paramento central y los otros dos en cada uno de los extremos de la barbacana, ya en la torre. Las almenas, y el antepecho de esta barbacana fueron totalmente reconstruidas en las reformas de principios del siglo XX. Los elementos decorativos de los soportes de la barbacana también han sido ampliamente reformados con recreaciones neogóticas que son las que ahora podemos observar.

Una imposta o cenefa decorada con elementos vegetales recorre todo el perímetro de las torres tanto por su parte anterior como por la posterior.

Fachada interior (sur) La parte recayente al interior de la ciudad, muestra la misma estructura dividida en tres con la zona central más sobresaliente y las dos torres a los lados. El cuerpo central está formado por dos niveles más azotea, mientras que las torres se abren al interior de la ciudad a través de tres niveles que acaban en dos grandes terrazas. Las salas del nivel inferior de las torres se encuentran cerradas mientras que las dos restantes se abren al exterior con grandes vanos de perfil apuntado.

En el cuerpo central de la planta baja encontramos el vano que forma la puerta de entrada a la ciudad. En las plantas bajas de ambas torres dos salas abovedadas que actualmente cumplen funciones variopintas. A nuestra izquierda podemos ver la gran escalera que permite el acceso al primer piso de las torre. La escalera de un solo tiro que da paso al piso principal, fue realizada entre 1397 y 1398, pero la que ahora vemos es una total reconstrucción hecha entre 1914 y 1917 ya que la original fue demolida. Separando la planta baja y el primer piso la moldura que recorre el perímetro de las torres y a la que ya antes hemos aludido.

El primer piso lo forman tres grandes salas abovedadas abiertas al interior de la ciudad por tres grandes arcos apuntados apoyados en ménsulas con decoración vegetal. Estas salas forman un excelente mirador sobre la ciudad. Estos espacios quedan convertidos en tribuna para poder contemplar las entradas solemnes y otros festejos ciudadanos, hecho absolutamente desconocido en puertas con exclusiva función militar y defensiva, lo que le confiere un carácter que nos recuerda el del arco triunfal, monumental y simbólica entrada a la ciudad.

El segundo piso sigue la misma disposición que el inferior, solo que en este caso la sala central está descubierta, al aire libre. Al igual que en el piso inferior las salas de las torres se abren al exterior por grandes arcos apuntados. Sendas escaleras restauradas modernamente permiten desde el cuerpo central el acceso a las terrazas almenadas de las torres, punto más alto del monumento.

En el cuerpo central del primer piso podemos ver el hueco de planta octogonal por donde corría el rastrillo de cierre de la puerta. Además asimismo tenía funciones de defensa, pues permitía arrojar piedras, flechas o líquidos ardientes sobre las tropas atacantes. Esta oquedad abierta sobre el suelo se apoya en trompas labradas con sillares de piedra sin decoración.

Interior Las salas ubicadas en el primer piso de las torres tienen una función defensiva, así en los muros podemos ver una serie de nichos o huecos que permiten divisar el exterior a través de saeteras y eventualmente disparar desde ellas. Las salas se cubren con bóvedas de crucería apoyadas en ménsulas decoradas con motivos vegetales. En las claves de la bóveda encontramos el escudo con los colores de la ciudad pintados con policromía negra.



En el interior llaman la atención las ménsulas sobre las que arrancan los nervios de las bóvedas. En la decoración de las estancias interiores trabajaron insignes artistas de la época como los pintores Pere Nicolau y Marçal de Sax. Estos se encargaron de dorar y colocar las claves y los escudos que rematan las bóvedas. En algunas partes de la sillería y mampostería se pueden localizar algunos signos lapidarios que utilizaban los canteros para facilitar el recuento de los bloques que se iban utilizando en la construcción.


En su parte trasera cerca del portal de entrada podemos ver una campana procedente del Convento de San Antonio Abad, situado entonces en la huerta y hoy en la calle de Sagunto, que en 18 de mayo de 1363 alertó a la población del primer cerco de las tropas del Rey de Castilla, don Pedro I el Cruel, en guerra con el Rey de Aragón, don Pedro IV el Ceremonioso. Esta campana sufrió una mella el 7 de enero de 1812 durante el asedio de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, por lo que está fuera de uso.

Independientemente de lo dicho sobre la antigüedad de la campana, lo bien es cierto que en la misma figura claramente la fecha de su fundición, que es 1662. Una leyenda escrita en la misma dice "Ave María Gracia Plena - 1662". Por lo tanto esta campana no se corresponde con la que se trajo desde el convento de San Antonio Abad. Esta campana en época en que las Torres de Serranos fue utilizada como cárcel servía para dar aviso a la población en caso de que algún preso lograra escapar, cosa por otra parte que no era nada raro.


En esta fachada interior de las Torres de Serranos encontramos un total de cuatro gárgolas, todas ellas son copias realizadas en los años ochenta del siglo XX por el arquitecto Emilio Rieta, siguiendo las también copias realizadas a principios de siglo XX por José Aixa sobre los originales que se han perdido.

Cárcel de la Ciudad Las Torres de Serranos albergarían desde fines del siglo XVI y hasta el siglo XIX una de las cárceles de la ciudad, lo que motivó el cerramiento de las salas hacia el interior de la ciudad, su subdivisión interior y otras obras de acondicionamiento para este fin, como sucesivos enrejados, que alteraron sustancialmente el conjunto, aunque también sirvieron en parte para conservar las torres cuando a partir de 1865 comenzó el derribo de la muralla de Valencia.

Fue en julio de 1586, cuando un incendio provocado el 15 de febrero de ese año en la cárcel de la Casa de la Ciudad obligó a trasladar a los presos nobles, caballeros y generosos a otras dependencias, entre ellas las Torres de Serranos. Desde entonces su utilización como prisión fue ininterrumpida hasta el año 1888.

Para la adecuación de las torres a su nueva función carcelaria, hubieron de acometerse obras de reforma y adaptación, estas fueron llevadas a cabo por el maestro Agustín Roca y consistieron fundamentalmente en tapiar las salas recayentes al interior de la ciudad y abrir ventanales allí donde nunca habían existido, llegando incluso al extremo de horadar la tracería gótica de la decoración de la fachada principal.

Las salas recibieron nuevas denominaciones, así en la torre izquierda, la planta baja era la Sala de La Cañeta, la intermedia se dedicaba a Capilla bajo la advocación de San José y la sala superior recibía el nombre de El Peñón. En la torre derecha, sus nombres eran El Cubo, Los calabozos o Comuna y la sala superior de San Vicente. Las salas del cuerpo intermedio que unen ambas torres estaban utilizadas por los presos mas jovenes, por lo que recibían el nombre de Los Chicos.

El triste aspecto que ofrecían las magnificas torres convertidas en cárceles, las insalubres condiciones en que se hallaban los reclusos, movieron repetidamente la protesta de las gentes, con el deseo de liberar el histórico edificio de su cruel destino, trasladando a los reclusos a un local de mejores condiciones.

El día 23 de marzo de 1888, se inició el traslado de los presos desde las cárceles de las Torres de Serranos al antiguo Convento de San Agustín, convertido en correccional. A este traslado siguió -afortunadamente- el acuerdo de restauración del monumental edificio, que se inició en el mismo año de 1888, bajo la dirección de los arquitectos José Calvo Tomás, Luis María Cabello y posteriormente por Gerardo Roig Gimeno.

La demolición de muros, escalerillas de servicio y otras paredes y barandas, fue seguida de la restauración, previo informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Se reestableció el foso en 1893, cegado desde 1871; se repuso el antepecho murado de la barbacana en 1896, con la previa consolidación de ménsulas y bovedillas; se arrancaron las rejas de hierro que estropeaban los muros de las torres; se restituyeron las escaleras primitivas de piedra que unían los distintos pisos y la arquería que adornaba el cuerpo central.

La reconstrucción lenta, pero constante, se efectuó totalmente y el gótico edificio -borradas las huellas carcelarias- se mostró grandioso como uno de los monumentos históricos y artísticos mas bellos de Valencia. En este periodo de reconstrucciones, la puerta que conectaba la Torre de Levante con la muralla fue reconstruida totalmente a finales del siglo XIX, mientras que la misma puerta de la Torre de Poniente se reconstruyó de nuevo pero usando sillares originales.

En julio de 1889 una de las torres de la muralla, la conocida como la Torre del Águila, que todavía quedaba en pie junto a las Torres de Serranos, y había sido habilitada como asilo nocturno de mendicidad, fue definitivamente demolida las Torres de Serranos quedaron completamente exentas de cualquier resto murario de la ciudad.

Las Torres de Serranos recogen ante todo, el espíritu de gobierno de la ciudad. Realizadas en estilo gótico, su construcción buscaba desde sus inicios arrebatar el control de las murallas de la ciudad a los elementos nobiliarios que controlaban determinados trozos de dichas murallas, siendo esta unas de las causas que llevará al Consell de la ciudad - controlado por el patriciado urbano- a encargar la realización de dicha obra.

En los duros años de la Guerra Civil de 1936 fueron escogidas por su solidez como depósito de los fondos pictóricos del Museo del Prado. Han sido retratadas y descritas por el viajero inglés Henry Cook en sus "Annales" publicado en Londres en 1585, y también por el francés Jouvín, en su "Voyage" de 1672. Laborde, otro francés, enviado como espía por Napoleón en 1813, quedó subyugado por la belleza y solidez de esta construcción, considerada como la más brillante obra gótica defensiva de la Península Ibérica.

Desde el año 1404 con el Rey don Martín I el Humano y hasta 1976, con el Rey don Juan Carlos I, las torres han sido testigos mudas de las primeras entradas de 22 Soberanos de la Corona de Aragón y de España, rumbo a la Catedral.

Como curiosidades podemos decir que a pesar de tratarse de unas torres con carácter defensivo, nunca han participado en ningún hecho bélico al contrario que su compañera las Torres de Quart que todavía mantiene las heridas sufridas durante el asedio napoleónico. En este mismo lugar desde tiempos musulmanes ha existido siempre un portal de entrada a la ciudad, antes llamado de Roteros y después de Serranos, aunque bien es cierto que el portal anterior se encontraba unos metros más atrás, probablemente en el mismo centro de la plaza de los Fueros. En sus bajos estuvo instalado entre 1974 y 1994 el Museo Marítimo de la ciudad, hoy trasladado al edificio de las Atarazanas. Aunque no lo parezca, las Torres de Serranos son más antiguas que las Torres de Quart y las de Quart eleva en altura 34 metros por lo que son un metro más altas que las de Serranos.

A la derecha de la portada de entrada podemos ver una lápida en mármol blanco realizada por Luis Bolinches Compañ, colocada en 1931 por el Ayuntamiento de Valencia y que rinde homenaje a Pere Balaguer, artífice de esta obra. La lápida que tiene tallada una figura de un hombre desnudo en actitud de picar con un martillo, dice así: A Pere Balaguer / prohom illustre valentí / Mestre de Regla i Compàs del Gremi de Pedrapiquers / inventor i ensemps operari/ de aquesta superba porta de la ciutat / construida en los años de 1392 a 1398 / L'Excmo. Ajuntament de Valencia / En perdurable memoria / Any 1930

Las Torres de Serranos en el recuerdo