Historia de la ciudad de Valencia



Fundación republicana La Valencia romana imperial La Valencia visigoda La Valencia musulmana
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Fundación de la ciudad (Época republicana romana)

Casi todos los autores están de acuerdo en que la ciudad de Valencia fue fundada en el 138 a. C. (616 ad urbe condita, desde la fundación de Roma) por el cónsul de Hispania, Décimo Junio Bruto Galaico, que recibió el nombre de Valentia y que sus primeros habitantes fueron legionarios itálicos licenciados de las guerras lusitanas.

El nombre de Valentia era bastante común entre los romanos, hay muchas ciudades en España e incluso en Europa que lo llevan. Etimológicamente el nombre deriva del verbo latino valeo con el sentido de tener fuerza o tener salud. Conjugado el verbo valeo llegamos a valent y a Valentia, con el sentido de lugar fortificado, era por tanto Valentia, un oppidum fotificado, de lo que podemos inferir que Valentia significa lugar fortificado.

Después de la caída de la monarquía romana en el 509 a. C., con la muerte del rey de Roma Tarquino el Soberbio, el poder pasó a ejercerlo el Senado de Roma, que elegía anualmente a dos cónsules que se encargaban del poder ejecutivo y militar, mientras que el Senado se encargaba del poder legislativo. A este periodo se le llamó época republicana.

En los momentos de mayor esplendor, el tiempo de permanencia en la legión era de veinticinco años, pasado este tiempo el soldado era licenciado y se le asignaban tierras en propiedad. Los legionarios tenían prohibido casarse pero era práctica habitual que estos convivieran con mujeres (esclavas o libres) y tuvieran hijos con ellas, por lo que una vez licenciados los soldados se establecían con sus familias en los lugares asignados.

Se ha especulado con la posibilidad de que los fundadores de la ciudad fueran los lusitanos derrotados y que hubieran sido deportados hasta este territorio. Esta hipótesis se ha descartado en base a los nuevos hallazgos entre los cuales se destaca la aparición de monedas acuñadas en Valentia con nombres de magistrados de clara raíz itálica. La procedencia de estos primeros pobladores podría ser la actual Campania (Italia meridional) y la Italia central. La ciudad de Valentia no parece corresponderse con una población derrotada y deportada, además el hecho de constituirse con el estatus de colonia itálica, le daba privilegios sobre otras ciudades como podía ser Saguntum que solo ostentaba el título de aliada y que sin embargo era mucho más antigua y poblada.

Tito Livio (siglo I a. C.) nos dice: Anno urbis conditae DCXVI Iunius Brutus cos, in Hispania iss qui sub Viriatho militaverant, agros et oppidum dedit, quod vocatum est Valentia cuya traducción podría ser: "En el año 616 de la fundación de Roma, Junio Bruto cónsul en Hispania, a los que habían luchado en tiempos de Viriato, concedió campos y una ciudad a la que se llamó Valentia". En nuestro actual calendario el 616 desde la fundación de Roma se corresponde con el 138 a. C.

El lugar escogido para fundar la ciudad era una isla en medio del río Turia, la única zona apta para el cultivo ya que todos los alrededores eran zonas pantanosas e insalubres. Se dice que desde el Puig hasta Cullera era toda zona de marjales y pantanos y en medio la Albufera, que era veinte veces más grande de lo que es en la actualidad. Por tanto esta zona era la única posible para un asentamiento. El lugar escogido además tenía dos ventajas añadidas, se situaba en el camino de la vía Heraclea, más tarde conocida como vía Augusta, y además en zona equidistante entre las iberas Arse (Sagunto) y Saetabis (Xátiva), lo cual permitía un cierto control del territorio levantino. La vía Augusta cruzaba la península desde Cádiz hasta los Pirineos.

La elección de un lugar tan estratégico para fundar una ciudad abona la hipótesis de que los fundadores no pudieron ser los lusitanos derrotados puesto que estos no serian de fiar. Era necesaria una población fiel a Roma para dominar un territorio todavía no controlado al poder efectivo de la república romana. Se calcula que el número inicial de pobladores de la nueva ciudad alcanzaría los mil quinientos o dos mil habitantes y que en principio estos habitarían en tiendas de campaña y chozas, hasta que fueran construidas las viviendas con adobe y suelo de mortero y cal.

La ciudad de Valencia se configuraba alrededor de dos calles perpendiculares en cuyo centro se situaba el foro, con sus templos, edificios públicos y administración. Estas calles eran el cardo (eje norte-sur) y el decumano (eje este-oeste). El cardo se correspondería con la actual calle Salvador y el decumano con la calle Caballeros. El punto de unión de ambas calles se situaba en la actual plaza de la Almoina y en ese punto se situaba el foro. En los extremos de ambas calles se encontrarían las cuatro puertas con que contaba la ciudad. El antiguo foro romano se encontraría aproximadamente en las actuales plaza de la Virgen y la plaza de la Almoina.

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La extensión aproximada de la ciudad podría establecerse entre la actual plaza de la Reina y la orilla del río Turia en el eje norte sur, y entre la calle Serranos y la calle Avellanas en el eje este oeste.

Poco se sabe de la época republicana de la ciudad de Valencia. Se tiene constancia que la ciudad fue arrasada en el año 75 a. C. en el marco de las guerras sertorianas. Se desconoce si la ciudad estaba amurallada en esta época, y aunque es de suponer que si, estas no debieron de ser muy impresionantes. De hecho hay un texto del historiado romano Salustio que dice que Pompeyo derrotó a Sertorio al pie de las murallas de Valentia. Sin embargo nada se sabe de ellas ni restos han quedado. Tivo Livio al hablar sobre Valentia la cita como un oppydum o ciudad fortificada. Salustio cita que la batalla tuvo lugar entre las murallas a la izquierda y a la derecha el río Turia.

Las guerras sertorianas se inscriben en el marco de la guerra civil entre Sila y Mario por hacerse con el control del Senado de Roma. Quinto Sertorio (* Nursia, Italia 122 a. C. † Osca 72 a. C.) sobrino de Mario se hizo fuerte en Hispania con sus legiones. Hay autores que quieren ver en Sertorio el prototipo del primer héroe o caudillo hispano, algo que tal vez no se corresponda con la realidad.

Finalizada la guerra civil con la victoria de Sila, este quiso acabar con la resistencia de Sertorio en Hispania, para ello envió a su general Cneo Pompeyo Magno a derrotar a Sertorio, cosa que hizo. Sertorio moriría en Osca, actual Huesca asesinado por sus propios compañeros.

Como ya hemos apuntado, hacia el año 75 a. C. tiene lugar en nuestra ciudad la batalla del Turia, en la cual Pompeyo derrota a los generales de Sertorio: Perpenna y Herennio, según cuentan las crónicas de Salustio y Plutarco. Valentia sería destruida por Pompeyo por el apoyo de la ciudad a Sertorio y al bando de Sila; se han encontrado restos materiales de la destrucción de la ciudad en las excavaciones de la Almoina, así se han datado restos de un gran incendio junto a esqueletos que habían sido descuartizados (prisioneros) y algunos restos de uso militar como escudos y pilas o pilum (lanzas de uso común en las legiones romanas).

Después de la destrucción de la ciudad, permaneció durante cincuenta años despoblada. En tiempos del emperador Augusto Valentia fue nuevamente poblada esta vez por gentes venidas del centro de Italia que se sumaron a los pocos habitantes que permanecían en las tierras entonces casi despobladas. A partir de este momento hablaremos de la ciudad de Valencia en el periodo imperial, en contraposición a la Valentia de época republicana.

Sobre la existencia de una ciudad prerromana llamada Tyris, nada se sabe y se pone en duda su existencia. Su nombre aparece en un poema del poeta latino Rufo Festo Avieno que la cita en su obra "Oda maritima" en el siglo IV d. C.

La ciudad de Valentia acuñó monedas de bronce, en ellas se ve el primer emblema de la ciudad: un cuerno de la abundancia con frutos y flores (cornucopia) sobre un haz de rayos jupiterianos (del dios Júpiter).

Los restos materiales de época republicana que se han encontrado proceden en su mayoría de la cerámica de filiación itálica así como ánforas para el transporte de vino y aceite. De esta época, en las excavaciones de la Almoina se han encontrados restos de edificios como es un hórreo o granero y unas termas datadas a finales del siglo II a. C.

El foro romano republicano e imperial se encontraría bajo el suelo de la actual plaza de la Virgen, la Almoina (ya excavada), la basílica de la Virgen de los Desamparados y parte de la catedral de Valencia (la cabecera).

En los años setenta del pasado siglo XX se colocó una lápida en el suelo de la plaza de la Virgen con una inscripción escrita en latín. Bajo el símbolo del cuerno de la abundancia (el cuerno de Amaltea), un texto escrito por el gran investigador de la Valencia romana, José Esteve Ferriol y que parafraseando a Tito Livio dice:

ANNO DCXVI AB URBE CONDITA / CXXXVIII ANTECHRISTUM / D. IUNIUS BRUTUS CONSUL IN HISPANIA IS QUI SUB VIRIATHO
MILITAVERANT AGROS ET OPPIDUM / DEDIT QUOD VOCATUM EST VALENTIA / SIC XXI SIC PLURIMA SAECULA
FELICITER SENATUS POPULUS / QUE VALENTINUS XXI SAECULO / EXPLETO

Año 616 de la fundación de Roma (ab urbe condita), 138 a. C., Décimo Junio Bruto cónsul de Hispania, a los que habían luchado en tiempos de Viriato dio campos y una ciudad fortificada que se llamó Valentia. Así (han pasado) 21 siglos, así (pasen) muchos siglos más felizmente, el senado y el pueblo valenciano (lo hizo), terminado el siglo 21.

Época imperial romana (refundación de la ciudad)

Si pocas son las referencias literarias de la época republicana, no le queda a la zaga la denominada época imperial. Solo los escritores latinos Pomponio Mela (de origen hispano) y Plinio el Viejo la citan; el primero para decir que es notissima urbs o ciudad importante.

La época imperial nace con la llegada al poder en Roma de Octavio Augusto (Roma 63 a. C. - 14 d. C.) o simplemente Augusto. Augusto se proclama emperador en el 27 antes de Cristo (imperator Caesar Augustus), poniendo orden después de las guerras civiles habidas a la muerte de Julio César. Es la conocida como época alto imperial.

Sobre el año 20 antes de Cristo, Valentia volvió a resurgir con la llegada de nuevos colonizadores procedentes de la península itálica. Serán los conocidos como valentini veterani o veteranos (soldados licenciados de las legiones). Frente a ellos los vetere o ancianos que son la población que después del colapso de la ciudad republicana se encontraban dispersos por la zona. Juntos, estos dos estamentos levantarían nuevamente la ciudad sobre las cenizas de la anterior; a este proceso algunos autores lo han llamado la refundación de la ciudad.

Con la llegada al poder del emperador Augusto vino la tan deseada paz a tierras hispanas al igual que al resto del imperio (Pax Romana). La ciudad creció y se desarrolló. Como hemos dicho no hay fuentes escritas que nos describan como era la ciudad en ese periodo, por eso hay que acudir a los restos arqueológicos para intentar comprender como vivían los pobladores valentinos.

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La ciudad seguía articulándose alrededor de las dos calles principales (el cardo y el decumano) y en el lugar donde se cruzaban ambas calles se levantaba el foro, situado aproximadamente en el lugar que hoy ocupa la plaza de la Almoina, la plaza de la Virgen y la catedral. Las excavaciones realizadas en la plaza de la Almoina y las lápidas halladas en el siglo XVII que se utilizaron como sillares integrantes de la construcción de la basílica de la Virgen así nos lo confirman.

El foro imperial era una gran plaza porticada, centro de la vida ciudadana. Al norte se situaba la basílica (centro administrativo y de justicia) formada por una planta rectangular de tres naves, al sur la curia (sede del senado valentino) y en el centro se alzaba una estatua del emperador Tito. El foro era por tanto zona pública de la ciudad. Además en ella se encontraban los templos dedicados a los dioses. Alrededor de este foro y de las calles citadas se levantaban las viviendas de los ciudadanos, formando calles de cuadriculas perfectas.

Distribuidos a lo largo del cardo y el decumano aunque siempre en las cercanías del foro, se levantaban los comercios y los centros públicos (como fueron las termas, siglo II), un acueducto e incluso un puerto fluvial que se situaba cerca de las actuales torres de Serranos ya que por aquel entonces el río Turia era navegable para pequeñas embarcaciones y además el mar se encontraba no tan alejado como lo está en la actualidad.

En aquella época los valentinos adoraban a diversos dioses o deidades: Isis, Asclepio, Ninfas, Hércules, Júpiter y la diosa Fortuna; el cristianismo no había germinado todavía en tierras hispanas pero la llegada del Mesías ya se había producido en Judea y se empezaba a extender por Roma y su imperio. De época imperial nos ha llegado un Ninfeo o templo de las Ninfas que eran diosas asociadas al mundo de las aguas y a las fuentes.

Especial relevancia merece la presencia de un circo en la ciudad de Valentia. Ya la sola presencia de este edificio nos habla de una relativa importancia de la ciudad o por lo menos de una numerosa población. Este circo cuyas medidas eran de 350 metros x 70 metros, se data alrededor del siglo II y de los restos que se han encontrado sabemos que ocupaba el espacio que nos lleva desde la actual plaza de Nápoles y Sicilia hasta la calle de la Paz hasta la altura del Colegio del Patriarca. El circo se encontraba extramuros de la ciudad y en época ya de decadencia sirvió como refuerzo de la muralla y como cuartel militar. Los primeros descubrimientos del antiguo circo romano se realizaron en 1987 y desde esa fecha se han descubierto nuevos restos e indicios que nos hacen conocer su configuración y recorrido. Hasta ese momento no se conocía la existencia de este tipo de monumento en la ciudad.

De esta época tenemos una inscripción que nos habla de la puerta Sucronensis, por lo que podemos afirmar que Valentia era una ciudad amurallada. La puerta Sucronensis hace referencia al río Júcar, ya que esta puerta era la salida natural hacia la ribera del Júcar y sus villas. Se considera que esta puerta estaba situada aproximadamente en la actual calle del Mar en su entrada por la plaza de la Reina. Existen unos restos situados en la calle Avellanas en el interior de un moderno edificio y que se han identificado como parte de esta antigua puerta.

En la zona del actual palacio de las Cortes se han encontrado los restos bastante bien conservados de una vivienda romana. De su estudio se deduce que la forma de vida no se diferenciaba (salvando las distancias) de la Roma imperial. La casa romana giraba alrededor de un patio central descubierto (llamado atrio) en cuyo centro un aljibe, fuente o alberca permitía recoger el agua de lluvia. Alrededor de este patio se encontraban las distintas habitaciones de la casa, tanto de los propietarios como de los esclavos.

Las casas estaban realizadas en piedra, la utilización del ladrillo era escasa, los tejados se cubrían con tejas planas rectangulares, las paredes de las habitaciones se adornaban con pinturas murales de vivos colores y los suelos solían estar cubiertos por cal, cerámica triturada, ladrillos romboidales, ladrillos de canto y en las casas más ricas con mosaicos, cuyo máximo exponente en nuestra ciudad es el conocido como mosaico de la Medusa, encontrado en unas excavaciones en la actual calle del Reloj Viejo. El mosaico hoy se encuentra depositado en el museo de la Historia de la Ciudad. Además las casas se decoraban con pequeñas esculturas de carácter decorativo y otras más pequeñas que correspondían a los dioses familiares o domésticos (lares).

La actividad económica se basaba principalmente en el comercio y en la elaboración de productos artesanales: estatuaria, fabricación de recipientes metálicos, modelado de esculturas y trabajos artesanos relacionados con la construcción.

A principios del siglo IV, un hecho extraordinario tiene lugar en Valentia, la tortura y muerte de Vicentius, diácono del obispo Valero y que habían sido traídos a la ciudad desde Caesaraugusta (Zaragoza) para ser juzgados por el cónsul Daciano por el delito de ser cristianos y no rendir culto al emperador. El 22 de enero de 304, Vicentius moriría torturado en las cárceles valentinas y con él nacería el primer santo de origen hispano: San Vicente Mártir. Los hechos tuvieron lugar durante el gobierno del emperador Diocleciano (284 - 305).

Periodo visigodo (siglos V - VIII)

La historia de la ciudad de Valentia corre pareja con la historia del imperio romano. A la época de esplendor imperial siguió un periodo paulatino de decadencia, que acabaría con la irrupción en la ciudad de Roma de los bárbaros godos de Alarico en el 410. Para entonces el poder de Roma ya no llegaba a sus ciudades, Hispania al igual que el resto de las provincias romanas, se encontraba en un periodo de decadencia e inseguridad, periodo conocido como bajoimperial o tardorromano. En el año 476 las tribus bárbaras destronan a Rómulo Augústulo, considerado como el último emperador romano. Es lo que conocemos como la caída del imperio romano.

Desde principios del siglo V los pueblos bárbaros se habían expandido por el todo el imperio romano occidental. En Hispania penetran tres oleadas de pueblos bárbaros, los suevos, los alanos y los vándalos. Los vándalos pasan pronto al norte de África, pero los suevos y los alanos permanecen en la península. Ya entre los años 409 y 418 los alanos efectúan correrías por la Cartaginense a la que pertenece el territorio valenciano y los suevos a su vez se establecen en la actual Galicia. Son momentos de falta de autoridad, descontrol e inseguridad.

Un nuevo pueblo también bárbaro pero aliado de Roma penetra en Hispania, los visigodos. En la Hispania tardorromana, el control lo ejercen los visigodos desde su capital en Toulouse, aunque este control no es completo ni mucho menos en toda la península. En el 507 Gesaleico es elegido rey de los visigodos y establece la capital de su reino en Barcino (Barcelona). Gesaleico lo podemos considerar el primer rey visigodo peninsular, aunque al igual que sus antecesores nunca tuvo el control completo de la península escapando grandes zonas a su control, por lo que el concepto de rey de Hispania puede ser bastante discutible, pero por lo menos nominalmente es el primer rey visigodo que establece su capital en territorio peninsular. Hacia los años 472 y 473 los alanos habían sido vencidos y el pueblo alano se desintegró. Los suevos aún permanecerán en la península aunque reducidos a su territorio gallego. Solo dos etnias cuentan en la península, los godos de religión arriana (población foránea) y los hispanorromanos de religión católica (población autóctona).

Pocas noticias son las que se tienen del periodo godo hispano. La mayoría de las veces son los restos arqueológicos los que hablan por ellos (enterramientos, iglesias y cerámica) o noticias referentes a la nueva religión que años atrás mediante el edicto de Tesalónica del 380 se había hecho oficial en el imperio: la religión cristiana. En este periodo ocurre un hecho sorprendente, ante el vacío de poder de los autoridades civiles romanas, el espacio lo ocupa una nueva clase dirigente, la religiosa. Los obispos en su mayoría serán los encargados de velar no solo por la ortodoxia religiosa, sino que asumirán un poder temporal que marcará el devenir de los siglos futuros.

Es de suponer que desde que comenzó la decadencia del imperio romano, el control sobre las provincias habría desaparecido, Hispania y Valentia en particular, entraría en un estado de apatía y pobreza generalizado. Las familias adineradas huyen al campo y la gente humilde se convierte en más humilde. La llegada de los godos no supone un cambio cualitativo en la vida hispana y en el quehacer diario de la población hispanorromana. La nueva nobleza goda es escasa en número en comparación con los hispanorromanos. De todas maneras el control de la península no es efectivo, en Galicia los suevos controlan su territorio y durante años los bizantinos del imperio romano oriental controlan la zona sureste peninsular. Valentia parece que no llega a ser ocupada por los bizantinos de Belisario.

En cuanto a Valentia se refiere, la época goda es parca en noticias. El rey godo Leovigildo (572-576) destierra a su hijo Hermenegildo que se había hecho católico (los godos eran arrianos) a Valentia, por lo que podemos entender que en ese periodo la ciudad de Valentia estaba firmemente controlada por los godos arrianos que ejercían su control desde su capital Toledo.

En las excavaciones realizadas en la Almoina se ha podido encontrar el ábside de lo que se considera la catedral visigoda valentina, construida a mediados del siglo VI probablemente a iniciativa del obispo Justiniano en tiempos del rey godo arriano Theudis (531-548). Esta primera catedral, orientada canónicamente al este, se levantó junto al cementerio donde se conservaba la memoria del martirio de San Vicente Mártir. La ciudad tenía obispo propio y así consta en algunas actas y concilios donde los obispos firman como titulares de la diócesis de Valentia, dependiente de Toledo. El obispo más conocido de este momento es Justiniano (obispo entre 530 y 550) cuya firma aparece en un sínodo del año 546. De la catedral visigoda solo se ha conservado un tramo del ábside (hoy visible en la conocida actualmente como cripta de san Vicente) y un trozo de muro de cierre de la fachada norte (hoy visible en el complejo de La Almoina). De los restos encontrados se ha llegado a la conclusión que la catedral desarrollaba una planta basilical terminada en un ábside y que su longitud rondaría los 50 metros.

Junto a la cabecera de la catedral visigoda se ha encontrado un mausoleo que formaba conjunto con ella y que se considera estaba construida sobre el lugar del martirio de San Vicente Mártir, es la conocida en la actualidad como cripta de San Vicente. Este mausoleo o cripta adoptaba forma de cruz griega, en el centro de ambos brazos se han encontrado restos óseos que se consideran son del obispo Justiniano, cuya fecha de defunción se fecha hacia el año 560.

Cerca de la catedral visigoda también junto al ábside, se ha encontrado un segundo edificio de planta circular u octogonal que se cree pudiera tratarse del antiguo baptisterio. Este edificio ha llegado muy deformado hasta nosotros ya que en época islámica sería incorporado al alcázar musulmán y utilizado como baños.

Otro hecho remarcable del que nos habla la arqueología es la existencia ya en esta época del complejo monástico de San Vicente de la Roqueta. La tradición nos cuenta que en este monasterio estuvo sepultado San Vicente Mártir. Es importante este hecho porque ello nos proporciona la certeza, de que podemos encontrarnos con el conjunto religioso más antiguo de la ciudad. La libertad de culto cristiano en el imperio romano se establece con Constantino en el año 306 por lo que no será como mínimo hasta esta fecha cuando se construya el complejo de la Roqueta para que pueda albergar los restos del santo mártir.

Otro apunte arqueológico a tener en cuenta es la excavación durante estos últimos años de una casa rural perteneciente a algún miembro de la nobleza goda. Es interesante porque en líneas generales los godos solo nos han dejado construcciones de tipo religioso y los edificios de uso civil e incluso palatinos es bastante escaso. La casa situada en el Plá de Nadal en la cercana localidad de Ribarroja está fechada en el siglo VII, un periodo en el que se considera que la península ya estaba bajo control godo en su totalidad.

Época musulmana (siglos VIII - XIII)

En el 711 los visigodos del rey Rodrigo (Roderico) son vencidos en el río Guadalete de forma indiscutible, dejando la península completamente libre al avance musulmán. Podemos decir que a día de hoy se desconoce el lugar exacto donde tuvo lugar la batalla pues aunque se cita el río Guadalete este no es el que nosotros conocemos en la actualidad. También es interesante aunque solo sea a título de anécdota que el cadáver del rey Rodrigo nunca se encontró y hay leyendas (no contrastadas) que dicen que escapó a Portugal y allí murió años después.

El avance musulmán por la península fue arrollador, ello nos habla a las claras de la desintegración total a la que había llegado el pueblo visigodo, incapaz de oponer una mínima resistencia al avance musulmán. En el 713 cae Tarragona, Zaragoza en el 714, para el 722 con la batalla de Covadonga los musulmanes han alcanzado ya el norte de Hispania, y en 10 de octubre de 732 son detenidos definitivamente en la batalla de Poitiers (Francia) por los francos de Carlos Martel († 741), abuelo del rey franco Carlomagno († 814).

Por lo que respecta a la ciudad de Valencia, se sabe que en el año 714 los musulmanes de Táriq ibn Ziyad († Damasco, Siria 720) ya ocupaban la ciudad. El gobernador visigodo Agrescio había pactado con los musulmanes la entrega de la ciudad a cambio de condiciones de paz ventajosas, pactos bastante frecuentes en la época. El pacto entre ambos contendientes fue respetado y en Valentia se quedó prácticamente la totalidad de la población hispanorromana que formaba el núcleo principal de la ciudad. La clase dirigente goda fue sustituida por la musulmana y estos godos desaparecieron como un azucarillo o sencillamente se integraron en el mundo musulmán.

Una aspecto muy interesante es que la población autóctona hispanorromana bien pronto se fusionó con los musulmanes. Estos se encontraban en número reducido, ocupaban el territorio y además no traían consigo mujeres, por lo que los matrimonios mixtos se convirtieron en algo frecuente y es de suponer que en un corto espacio de tiempo, solo debió quedar un pequeño grupo de mozárabes (cristianos que vivían en territorio musulmán y que pagaban un impuesto especial) en una ciudad completamente islamizada.

Durante el periodo musulmán, Valencia recibe dos denominaciones, parece ser que la ciudad era llamada Medina al-Turab (ciudad de la arena), mientras que el término Balansiya hacía referencia al territorio que ocupaba la taifa musulmana (taifa de Balansiya). Al final prevaleció la denominación de Balansiya para referirse también a la ciudad. La zona oriental de la península sería conocida como Xarq al-Ándalus.

Desde el siglo VIII y hasta el siglo XI la ciudad de Balansiya, pasa sin pena ni gloria por la historia peninsular. El territorio se islamiza, las costumbres cambian, son levantadas mezquitas y la riqueza de la huerta valenciana va en progreso, pero sin que ello implique una notoriedad particular en la historia hispana. De este periodo un tanto falto de noticias, destaca el hecho que entre el 778 y 779 el emir de Córdoba Abd al-Rahmán I tuvo que venir a Balansiya a sofocar una rebelión. Por estas fechas un ejercito sirio-abasí, contrario a la dinastía omeya que gobernaba en Córdoba, desembarca en la península y se hace fuerte en la zona levantina, el Xarq al-Ándalus de los musulmanes, Abd al-Rahmán I interviene militarmente y derrota al ejercito sirio. Se especula con la posibilidad que en estas fechas fuera escondido o trasladado el cuerpo de San Vicente Mártir que se encontraba sepultado en el monasterio de San Vicente de la Roqueta. Hacia el siglo X el mausoleo o cripta que levantara el obispo godo Justiniano para su enterramiento, es utilizado como sala de baños públicos, lo cual nos habla de lo islamizada que se encontraba la ciudad ya que no consta ninguna clase de oposición a convertir un lugar sacro en una actividad tan profana como unos baños públicos.

Abd Allah al-Balansí (el valenciano), gobernador de la ciudad e hijo del emir de Córdoba Abd al-Rahman I, construiría hacia el 802, una almunia o finca de recreo a la que llamó Rusafa, en recuerdo de una casa de campo que había disfrutado en su Córdoba natal siendo niño. La almunia se situaba en el actual barrio de Ruzafa (de donde toma su nombre), pero sin que se haya podido determinar el lugar exacto donde se encontraba. Se cree que esta debía estar situada aproximadamente entre el actual mercado de Ruzafa y la iglesia de San Valero. Para más señas diremos que esta casa de recreo de Ruzafa fue construida a imitación de su añorada Ruzafa de Córdoba, que a su vez lo era, de otra Ruzafa también añorada, pero esta vez en Siria.

Al-Ándalus o la España musulmana era regida desde su capital Córdoba, primero por emires independientes de Damasco, dinastía fundada por Abd al-Rahmán I († Córdoba 788) y posteriormente por un califa de nombre Abd al-Rahmán III († Medina Azahara, Córdoba 961). El sucesor fue un califa títere en manos de su general en jefe, un personaje temido en todo el mundo cristiano y que llevaba el nombre de Al-Mansur bi-Ilach († Medinaceli, Soria 10-08-1002) conocido como Almanzor. Su muerte daría comienzo al desmembramiento del califato de Córdoba, dando origen al nacimiento de los reinos de taifas, uno de ellos el de Balansiya será de los más influyentes e importantes del mundo islámico hispano.

Entre el 1016 y el 1017 en pleno declive califal, Balansiya está gobernada por dos eunucos puestos en el poder años atrás por Almanzor y hombres de su plena confianza. Son Mubarak y Muzaffar que gobiernan la ciudad de una forma despótica, por lo que a la muerte del primero de ellos de forma accidental, se dice que cayó del caballo al pasar por uno de los puentes de la ciudad y del golpe se mató, el pueblo valenciano se subleva y asesinan a Muzaffar. Se hace con el poder en el 1019 el señor de Tortosa, Labib al Amirí que por azares del destino tendrá que gobernar junto con el rey de la taifa de Denia Abu i Yaysh Muyahid. Disensiones entre ambos llevan a Labib a volverse a Tortosa y dejar el poder en manos de Muyahid que como es de esperar ejercerá el gobierno de forma tiránica.

En el año 1021 la suerte de Balansiya cambia, para entonces la poderosa facción de los amirís (partidarios del difunto Almanzor) aúpan al poder a uno de sus nietos, Abd al Aziz y expulsan a Muyahid a su taifa de Denia. Con tan solo 15 años Abd al Aziz se convierte en el considerado como primer rey de la taifa musulmana de Balansiya. Su largo periodo de reinado de más de 40 años llevará a la ciudad a uno de los momentos más gloriosos de su historia.

Uno de los mayores logros de este rey es la construcción de un nuevo recinto amurallado que amplia considerablemente el existente hasta ese momento, englobando los nuevos arrabales formados fuera de la ciudad. La construcción de esta nueva muralla es uno de los hitos fundamentales de la historia de Balansiya, ya que la configuración de la ciudad musulmana permanecerá inalterable hasta prácticamente el siglo XIV en que se amplia el recinto amurallado por los conquistadores cristianos. Esta será la ciudad que vean los ojos del Cid y sus huestes y esta es la ciudad que conquistará Jaime I el Conquistador en 1238. Abd al Aziz será también el responsable de la construcción de una almunia (del Rahal) que con el tiempo será conocida como Palacio del Real, en los actuales Viveros.

A la muerte de Abd al Aziz (†1061) le sucede su hijo Abd al-Malik († Uclés, Cuenca 1066) quien reinará en la taifa valenciana entre 1061 y 1065. Amante de los placeres y de la buena vida, poco amante de la ortodoxia religiosa y no muy querido por su pueblo. En 1065 el rey de Castilla Fernando I, pone cerco a la ciudad, pero tiene que retirarse al encontrarse enfermo, no sin antes vencer a los musulmanes en la batalla de Paterna. Aprovechando la coyuntura, el suegro de Al-Malik, el rey de la taifa de Toledo Al-Mamún lo destrona y pone en su lugar como gobernador al visir Ibn Rawbax. Al-Malik es encerrado en el castillo de Uclés (Cuenca) donde morirá en 1066.

Durante diez años, la taifa de Valencia estará bajo el control de la toledana, pero a la muerte en 1075 de Al-Mamún, el hermano del difunto Al-Malik, Abu Bakr se hace con el gobierno y manda ejecutar al gobernador Ibn Rawbax († 1075). Abu Bakr se hace vasallo del nuevo rey castellano-leonés Alfonso VI y se pone bajo su protección. A Abu Bakr († 06-06-1085) le sucede su hijo Uthmán ben Abu Bakr quien reinará entre 1085 y 1086, un corto periodo de tiempo de nueve meses.

Mientras tanto a la taifa toledana ha llegado Al Qadir, nieto de Al-Mamún. A pesar de todo, la taifa de Toledo es tributaria de Castilla, una situación que a la larga hará inviable la permanencia en el poder de Al-Qadir, por lo que en 25 de mayo de 1085, Al Qadir hace entrega de la ciudad de Toledo al rey castellano-leonés Alfonso VI a cambio de apoyarle en sus pretensiones al trono de la taifa valenciana, cosa que finalmente consigue a pesar de las injerencias de las otras taifas. Al Qadir con la ayuda de Alfonso VI destrona a Uthmán ben Abu Bakr y se hace con el control de la ciudad de Balansiya, manteniendo el poder de la ciudad desde 1086 a 1092 en que es asesinado.

Al-Qadir es el nuevo régulo musulmán de la taifa valenciana y gobierna con el apoyo del rey Alfonso VI, pero la invasión almorávide de la península obliga al rey castellano a retirar sus fuerzas de la ciudad de Balansiya y dejar en solitario a su aliado. Solo y desesperado Al-Qadir busca el apoyo de Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid Campeador, este se hace con el protectorado de la taifa valenciana actuando por cuenta propia, ya que está desterrado de Castilla.

Como mercenario, el Cid es un señor de la guerra, cobra parias ("yo te doy protección y tu a cambio me pagas") a los reinos y ciudades del arco mediterráneo: Denia, Albarracín, Alpuente, etc., unas veces en nombre del rey castellano, otras veces en nombre del rey musulmán de Zaragoza y la mayoría de las veces por cuenta propia. En 1090 Al-Qadir se somete al vasallaje del héroe castellano.

Mientras el Cid se encuentra en Zaragoza, una revuelta popular tiene lugar en 1092 en Balansiya, el cadí de la ciudad, Ibn Yahhaf se levanta en armas contra el rey Al-Qadir con el apoyo de los invasores almorávides y este es asesinado el 28 de octubre de 1092. Ibn Yahhaf se proclama gobernador en nombre de los almorávides, que procedentes del sur de la península se acercan a la ciudad. El Cid enfurecido regresa a Balansiya y en el camino destruye tras ocho meses de asedio en 1093 el castillo de Enesa (Puig de Çebolla para los cristianos) en la villa de Juballa (hoy el Puig de Santa María). Ya frente a las murallas valentinas, somete a la ciudad a un duro y largo asedio, entrando victorioso en 17 de junio de 1094 y manda ejecutar al conspirador Yahhaf con una muerte espantosa. El Cid se autoproclama gobernador o señor de la taifa, sin atreverse a intitularse rey de Balansiya.

Cuando por fin llegan los almorávides a Valencia, el Cid les presenta batalla y los derrota en la conocida como batalla de Cuarte (21-10-1094). El destino de la Balansiya musulmana está decidido (de momento) y los almorávides se retiran al sur a ocuparse de otros asuntos más importantes para ellos. El Cid primero y su esposa Jimena después, se mantendrán en la taifa de Balansiya entre 1094 y 1102.

Los almorávides eran tribus norteafricanas integristas que en 1086 habían entrado en la península para ayudar a los reinos musulmanes del sur del Al-Ándalus: Sevilla, Badajoz y Granada que sufrían la presión cristiana procedente del norte y centro peninsular. Eran pueblos que convertidos al Islam habían unificado todo el norte de África, fundaron la ciudad de Marraquesh y la convierten en su capital. Su nombre proviene del árabe al-murabitum (los hombres del monasterio o monjes soldados) por su estricta forma de vida. En su ideario está la de reestablecer la ortodoxia musulmana tanto a cristianos como a musulmanes y la espada era su manera de convencerlos.

No será hasta después de la muerte del Cid († Valencia 10-07-1099) cuando los almorávides logren liberar la ciudad de Balansiya el 5 de mayo de 1102, obligando a la esposa del Cid, doña Jimena y a los castellanos que ocupan la ciudad a retirarse hacia Burgos. Antes de partir incendian la ciudad y la mezquita mayor. La ciudad será gobernada hasta 1145 por gobernadores almorávides controlados desde Marraquesh. Se abre un corto periodo de paz aunque no exenta de injerencias políticas entre los propios musulmanes y las distintas facciones internas.

En el año 1146, la capital almorávide Marraquesh caerá bajo el control de los almohades y los almorávides desaparecerán de la historia. Los almohades al igual que sus antecesores los almorávides pretenderán una nueva reforma integrista religiosa y después de derrotar a sus enemigos en el norte de África entrarán también en la península. Los almohades fueron un grupo integrista denominados al-muwahhad que se consideraban unificadores del Islam.

A la caída del poder almorávide se hace con el control de la ciudad Muhámmad ibn Mardanís (* Peñíscola, Castellón 1124 † Murcia 28-03-1172), apodado el rey Lobo o el rey Lope, de origen mozárabe pero convertido al Islam. El rey Lobo crea una nueva taifa con capital en Murcia (Mursiyya) que abarca la de Balansiya y a la que logra mantener bajo su control entre 1147 y 1172 aún a costa de grandes dificultades. El rey Lobo controlará Valencia y Murcia y nombrará gobernadores locales. Ibn Mardanís era un caudillo local que no admitía el control emergente de los almohades y a los que combatió denodadamente. A su muerte, su hijo falto del coraje de su padre, rindió vasallaje a los almohades y estos se hicieron con el control de Mursiyya y de Balansiya.

Con la derrota de los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (13-07-1212) el poder musulmán almohade se desintegra, desde ese momento los musulmanes no lograran subir más allá de la actual Andalucía y los gobernadores situados al norte de esta virtual frontera quedan a merced de las redes clientelares locales y las injerencias cristianas y aragonesas en particular.

Los últimos estertores de la Balansiya musulmana están protagonizados por dos reyes almohades: Zayd Abu Zayd (* Baeza, Jaén 1195 † Argelita, Castellón 11-12-1268), era el gobernador almohade de la ciudad, y tuvo que hacer frente a la descomposición del poder almohade peninsular. De manera bastante torpe comienza una política de enfrentamiento, a veces contra los propios almohades, otras contra los cristianos, casi siempre con sus vecinos y en los ratos libres alternando periodos de paz y vasallaje con propios y extraños. En 24 de enero de 1229, un descendiente del rey Lobo de Murcia, destrona a Abu Zayd y este corre a refugiarse en los brazos del rey aragonés Jaime I el Conquistador. Abu Zayd firmará con el rey aragonés un pacto de vasallaje, en el cual se le autoriza a conquistar todas las plazas musulmanas que estime oportunas a cambio de una parte del botín.

Mientras Abu Zayd era rey de la taifa valenciana, tiene lugar un hecho de especial trascendencia. Hacia 1228 llegan a la ciudad dos monjes franciscanos dispuestos a la predicación cristiana, son fray Giovanni da Perugia y fray Pietro di Sassoferrato. Ambos soliviantan la paciencia del rey musulmán y finalmente manda decapitarlos. Los monjes antes de morir le predicen a Abu Zayd que perderá su reino y además que se convertirá al cristianismo, ambas cosas se llegarían a cumplir. Según la tradición los hechos tuvieron lugar en una almunia (finca de recreo) que el rey tenía extramuros de la ciudad. En fecha posterior a la conquista y sobre la almunia donde murieron ambos frailes, los franciscanos levantaron el convento de San Francisco, hoy plaza del Ayuntamiento.

Zayyán ibn Mardanish (* Onda, Castellón † Túnez 1270) es considerado como el último rey musulmán de la taifa de Balansiya. Después de expulsar en 1229 a Abu Zayd, vuelve a restaurar la taifa valenciana, pero esta ya no será la sombra de lo que fue. Zayyán tendrá que enfrentarse con su eterno enemigo, el desterrado Abu Zayd y contra el rey de Aragón. Abu Zayd llegará a convertirse al cristianismo en 1232 y adoptara el nombre de Vicente Bellvis. Pasará el resto de su vida conquistando territorios y al momento de su muerte disponía de un gran patrimonio territorial que repartió entre sus hijos. Según las crónicas, Abu Zayd (tiene una calle dedicada en Valencia con el nombre de Moro Zeit) fue enterrado en el convento de San Francisco de nuestra ciudad. Con la desamortización de Mendizábal de 1835 y el abandono del mismo por los franciscanos que lo regentaban, sus restos pasaron al convento de la Puridad, lugar donde según la tradición se encuentran.

Desde la conquista cristiana del reino de Mallorca (1229-1231), el rey aragonés Jaime I tenía puesta la vista en la conquista del reino musulmán de Valencia. Esta tiene su inicio en 1231 en Alcañiz (Teruel) donde se fija el plan de acción a seguir. En esta reunión participan además del propio rey, el noble Blasco de Alagón y el maestre de la Orden militar de San Juan del Hospital. Según la crónica del propio rey don Jaime: Blasco de Alagón había dicho sobre la taifa de Valencia: es la meylor terra e la pus bela del mon.

En 1238 el rey Jaime I el Conquistador llega por fin a las puertas de Balansiya, rodeada la ciudad del Turia por las tropas aragonesas, el rey Zayyán encarga a Aben Al Abbar (* Valencia 1199 † Túnez 1260), hombre de su confianza, que solicite ayuda militar al sultán de Túnez pero esta no llega y Zayyán finalmente tiene que rendir la ciudad de Valencia al rey Jaime I después de ocho meses de asedio.

La ciudad se rendirá el 28 de septiembre de 1238 y el rey Jaime I hará su entrada en la ciudad el 9 de octubre de 1238. Esta fecha está considerada como el punto y final de la dominación musulmana en territorio valenciano, aunque es justo decir que el control completo del territorio no se había completado, pero era como al final quedó demostrado, cuestión de tiempo, pactos y algunas rebeliones.

La conquista del reino musulmán de Balansiya-Valencia (siglo XIII)

El desarrollo de la conquista del territorio que hoy abarca la Comunidad Valenciana, antiguo Reino de Valencia o taifa musulmana de Balansiya se puede establecer en tres campañas o fases conquistadoras. En el año 1225 el rey Jaime I ya había hecho un vano intento por conquistar la plaza de Peñíscola, pero este tropiezo no lo podemos incluir en el periodo de reconquista del territorio valenciano por considerarse un hecho aislado. En 1229 Jaime I conquista el reino musulmán de Mallorca y es a partir de este momento cuando fija su atención en la taifa de Balansiya.

La conquista de la taifa se desarrolla en tres fases:
1232-1237 Conquista de los territorios del norte de la taifa (zona castellonense)
1237-1238 Conquista de la capital: Balansiya y dominio del territorio al norte del Júcar
1238-1245 Conquista de los territorios del sur de la taifa (zona sur del río Júcar)

El inicio de reconquista del territorio valenciano se inicia a finales de 1231 cuando el noble Blasco de Alagón toma la población de Morella (Castellón) sin la autorización del rey Jaime I. Después de duras negociaciones entre el rey y el noble, finalmente en 7 de enero de 1232, el rey Jaime I el Conquistador entra en la ciudad. La toma de Morella es el pistoletazo de salida para el inicio de las hostilidades. A continuación se toma la población de Ares (1232) y continúa con Burriana en 16 de julio de 1233. La conquista de Burriana tiene por objetivo dividir el territorio musulmán en dos mitades, la zona norte queda aislada y las poblaciones allí situadas van a ir cayendo una a una: la difícil Peñíscola en 1233, Oropesa en 1233, Castellón en 1234 y Alpuente en 1236. Los territorios al sur de esta línea imaginaria quedan de momento a salvo.

La segunda campaña o fase de conquista la podemos situar entre 1237 y 1238 y centra su atención en la capital de la taifa, Balansiya, esta capitulará el 28 de septiembre de 1238. En esta fase, las acciones militares son prácticamente inexistentes, limitándose a cabalgadas, conquista de pequeñas poblaciones y acosos puntuales propios de un periodo de guerra. Tal vez convenga matizar que el único hecho verdaderamente de armas que podemos citar sea la conocida como batalla del Puig, donde las tropas cristianas se enfrentaron en campo abierto a las tropas musulmanas que habían salido de la ciudad de Balansiya.

Las tropas de Jaime I llegaron en 1237 en su avance hacia el sur, a la población hoy conocida como El Puig de Santa María, entonces conocida por los cristianos como Puig de Çebolla y Enesa por los musulmanes. En una colina de la población se levantaba el castillo musulmán de Enesa, que fue destruido por los propios musulmanes ante el avance de las tropas cristianas. Estos se retiraron a la ciudad de Balansiya y las tropas cristianas reconstruyeron con gran celeridad el castillo, en apenas tres meses. La importancia estratégica del castillo es inmensa, desde su emplazamiento se divisa amplísimas extensiones a su alrededor, incluida la costa.

Jaime I regresó a Aragón para recabar ayuda, víveres y hombres para la conquista de la ciudad de Balansiya, situada a escasos 20 kilómetros del Puig. Jaime I dejó al frente de las tropas a su tío, hermano de su madre María de Montpelier, Bernat Guillem de Entença quien tenía ordenes de esperar la llegada de refuerzos. Los musulmanes enterados que el rey había abandonado Enesa salieron de la ciudad a fin de acometer a las tropas cristianas refugiadas en el castillo. Los cristianos en una operación un tanto arriesgada decidieron combatir a los musulmanes en campo abierto a pesar de encontrarse en inferioridad numérica. La batalla conocida como del Puig o de Enesa tuvo lugar en 20 de agosto de 1237 (634 de la Hégira) y fue una completa derrota para los musulmanes. Estos tuvieron que retirarse tras las murallas de Valencia y ya tras esta batalla nunca pudieron efectuar ninguna acción bélica de carácter ofensivo. En la batalla murió el tío del rey, Bernat Guillem de Entença, quien fue enterrado y allí sigue, en el Monasterio del Puig de Santa María. Según la tradición en el lugar del enfrentamiento se levantaría en 1575 una ermita en honor a san Jorge, ermita que aunque reformada todavía permanece en pie. Hasta entonces el lugar de la batalla solo estaba marcado por una cruz clavada sobre una piedra de molino.

La intitulación de la ermita a san Jorge tiene un aire de leyenda, ya que es tradición que el propio santo se apareció montado en un caballo en plena batalla, dando fuerzas y ánimos a los aragoneses para seguir combatiendo, no hay que olvidar además, que san Jorge es el santo patrón de Aragón. Esta aparición santa en el fragor de la batalla, ha pasado al imaginario colectivo del pueblo valenciano y ha sido ampliamente representada en obras pictóricas.

El Puig de Çebolla se convertiría en base principal donde reunir fuerzas, avituallar a las tropas y preparar el sitio a la ciudad. En este periodo según cuenta la historia, el futuro santo, Pedro Nolasco (* Mas-Saintes-Puelles, Francia 1180 † Barcelona 1245) de la orden de la Merced y que acompañaba al rey en la reconquista, tuvo unas visiones donde siete estrellas revoloteaban en un lugar cercano al castillo, Pedro Nolasco y el propio rey investigaron y encontraron en el lugar un icono de la Virgen María oculta en el interior de una campana, que a su vez estaba enterrada en el suelo. El hallazgo se consideró milagroso y el propio rey mandaría edificar un monasterio que puso bajo la protección de la Virgen y que sería llamado Santa María del Puig, quedando al cuidado de la orden de la Merced. A raíz de este milagroso hallazgo Santa María del Puig sería nombrada patrona del Reino de Valencia, título que algunos siglos después compartiría con la Virgen de los Desamparados.

El 24 de enero de 1238 el rey Jaime I llega al Puig de Çebolla y se pone al frente de las tropas. La nobleza que le acompaña, le desaconseja atacar la ciudad, pero el rey hace promesa de no volver a Aragón hasta tanto haber conquistado la ciudad. Y para demostrar la veracidad de lo dicho, hace traer a su esposa Violante de Hungría a Burriana, para que permanezca junto a él, en señal de su promesa. El 22 de abril de 1238 pone sitio a la ciudad de Balansiya, las tropas aragonesas sitúan su campamento en la almunia de Rusafa y desde este emplazamiento inician el hostigamiento sobre la ciudad.

Otro hecho histórico que se mueve en el ámbito de la leyenda es aquel que hace referencia a la presencia del murciélago en la heráldica de la ciudad y que hunde sus raíces en la misma conquista de la ciudad. Según cuenta la leyenda, mientras Balansiya estaba sitiada, un numeroso grupo de musulmanes salieron de noche de la ciudad, con ánimo de atacar el campamento cristiano mientras estos dormían. Ni los perros que guardaban el campamento, ni la propia guardia militar se percataron de la salida enemiga, sin embargo en la tienda de campaña del rey, se había posado un murciélago y sus grandes orejas si escucharon el poco ruido que hacía el enemigo, inmediatamente echó a volar y con el revuelo que formó el animal en el campamento, las tropas cristianas se percataron de la presencia de los atacantes y después de una breve lucha, les obligaron a regresar al amparo de las murallas. Desde ese momento el murciélago se convirtió en animal totémico de las tropas cristianas de la ciudad de Valencia y en el futuro sería incorporado al escudo de la ciudad, tal y como nos llegado hasta hoy día. El murciélago en valenciano es denominado rat penat castellanizado como "rata penada". Lo rat penat es ya, un símbolo propio del Reino de Valencia (hoy Comunitat).

Si la conquista de la ciudad de Valencia está rodeada de leyendas fantásticas, hay una historia que si que está confirmada documentalmente. La historia la cuenta el propio rey en su Crónica de Jaime I (llibre dels feits), una crónica no escrita con su mano, pero si escrita por un amanuense a su dictado. Nos cuenta como mientras hacía un recorrido a caballo cerca de las murallas de Valencia, un ballestero musulmán logró alcanzarle con una flecha en la cabeza. La saeta penetró en el interior del casco dejándolo herido de gravedad, la providencia quiso que el rey pudiera recuperarse de la herida y el cerco de la ciudad no se malograse ante la posibilidad de la muerte del monarca.

Esta historia tiene una segunda parte, aunque esta mucho más reciente. Durante la guerra de la independencia, los franceses saquearon el monasterio de Poblet, donde estaba y está enterrado el rey Jaime I el Conquistador. En el saqueo los franceses desvalijaron todas las tumbas y esparcieron los huesos de todos los reyes por el suelo de la iglesia, un monje de Poblet consiguió recoger los huesos reales y esconderlos en grandes bolsas aunque todos juntos. Finalizada la guerra y al intentar devolver los huesos a sus legítimos propietarios, hallaron un cráneo con una herida de flecha en la cabeza, señal inequívoca que la calavera pertenecía al rey conquistador. La sorpresa fue mayúscula, cuando entre los restos encontraron otra calavera también con una herida de flecha en la cabeza. Ante la duda de cual de las dos calaveras pertenecía al rey Jaime, estimaron conveniente guardar las dos cabezas en el sarcófago del rey Jaime I, por lo que actualmente en su sepulcro hay dos cabezas guardadas.

Principales fechas en la conquista de Valencia
20-08-1237 Batalla del Puig (el rey no estuvo presente en ella)
24-01-1238 Llegada del rey Jaime I al Puig con los refuerzos necesarios
22-04-1238 Se inicia el cerco de la ciudad de Valencia
28-09-1238 Rendición de la ciudad a las tropas del rey Jaime I
09-10-1238 Entrada de Jaime I el Conquistador en la ciudad

E, quant veem nostra senyera sus en la torre, descavalcam del cavall e dressam-nos vers orient e ploram de nostres ulls, besant la terra, per la gran merçé que Déus nos havia feyta (Y, cuando vimos nuestra senyera (bandera) en lo alto de la torre, descabalgamos del caballo y nos pusimos de cara a oriente y lloramos de nuestros ojos, besando la tierra, por la gran merced que Dios nos había hecho). (Crónica del rey Jaime I).

De toda las acciones de reconquista de la taifa musulmana, la más importante fue sin duda la toma de la ciudad de Balansiya. Las tropas de Jaime I el Conquistador cruzan el Turia (Guadalaviar) por la desembocadura del Grao y establecen su campamento en Ruzafa, poniendo sitio a la ciudad de Balansiya el 22 de Abril de 1238. El martes 28 de septiembre de 1238, el rey musulmán Zayyán firma en Ruzafa, las capitulaciones para la rendición de la ciudad al rey Jaime I el Conquistador (Haymi o Yaqmih rey de los rum, en las crónicas árabes). Estamos en el 17 de safar del año 636 del calendario musulmán. El 9 de octubre, el rey Jaime I entra en la ciudad y dirigiéndose a la mezquita mayor oficia la primera misa en la recién conquistada ciudad. Por entonces se calcula que la ciudad de Valencia podía tener alrededor de 15.000 habitantes aunque la población podría ser tres o cuatro veces mayor a consecuencia de los refugiados que se habían protegido al amparo de las murallas.

En las capitulaciones se establece un plazo de 20 días para que abandonen libremente la ciudad todos aquellos musulmanes que lo deseen junto con las pertenencias que puedan llevar. Además se establece un periodo de tregua de siete años en el cual el rey Jaime I el Conquistador se compromete a no realizar ningún actividad hostil sobre las tierras situadas al sur del Júcar con Cullera como nueva frontera. El rey Zayyán abandona Balansiya el día previo a la entrada del rey conquistador en la ciudad y pone rumbo hacia Cullera. Las condiciones de capitulación se cumplieron, no así lo referente a los siete años de tregua, pues a la primera ocasión que pudo, Jaime I comenzó las cabalgadas y los ataques sobre Cullera.

Iniciadas nuevamente las hostilidades, en 1240 Cullera fue tomada por las tropas del rey. El avance cristiano continuaría hacia el sur, conquistando: Rebollet (1240), Bairén (1240), Villena (1240), Alzira (1242), Játiva (1244), Denia (1244), Villajoyosa y Biar en 1245, considerada como la última plaza a conquistar por el rey aragonés, en virtud del tratado de Almizrra, firmados en 26 de marzo de 1244 en la población de Campo de Mirra (Alicante) y por el cual, la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, establecían los límites de conquista entre ambas coronas. En el tratado por tanto se distribuyen las áreas de influencia y posesión de la corona de Aragón y de alguna manera configura el futuro territorio de lo que años después sería el Reino de Valencia. El tratado sería firmada por el rey Jaime I el Conquistador por Aragón y el infante Alfonso (futuro rey Alfonso X el Sabio) por Castilla.

Todas estas conquistas no podemos considerarlas como tales, ya que la mayoría de las veces se trata de una ocupación más o menos pacífica del territorio más que una conquista militar. Con estas acciones queda por tanto configurado en gran medida el territorio que más tarde incluirá el Reino de Valencia y por otra parte queda cerrado el camino aragonés hacia el sur, pues la zona de la taifa de Murcia es territorio de conquista castellana.

Sin embargo la pacificación del territorio ganado no es definitiva, entre 1247 y 1258 tiene lugar diversas sublevaciones de la población musulmana contra el rey Jaime I. Ello es consecuencia de la política de pactos llevada por el rey que en la práctica consistía en la permanencia de la población musulmana a cambio del reconocimiento de la autoridad del rey y la entrega de los castillos. La sublevación será llevada por el mudéjar Al-Azraq que durante once largos años pondrán en jaque a las tropas cristianas pero que finalmente conllevará su autoexilio al reino de Granada. En 1248 se decretó una expulsión de los musulmanes del reino de Valencia pero este decreto tuvo un alcance muy limitado. Aún durante el periodo 1275 y 1277 los musulmanes que todavía quedaban en territorio cristiano llevaran a cabo diversas sublevaciones, estas fueron motivadas por los múltiples abusos que los cristianos cometían contra los musulmanes y el constante aumento de población cristiana. Sería conocida como gran revuelta mudéjar.

Con la conquista cristiana, Valencia, ya nunca más volverá a manos musulmanas. Otra historia, otra cultura, otra religión, un cambio de población, un cambio de estructura urbana, otra manera de entender la vida, entrará en juego en la historia de Valencia, de Aragón y de España. Jaime I dará forma legal en 1240 al Reino de Valencia, sustituto de ese antiguo reino de taifas conocido como Balansiya. Hay constancia que ya desde abril de 1239 el rey Jaime I tiene la voluntad de crear un nuevo reino que no tuviera dependencias de otros territorios de la Corona, ya que consideraba que la conquista del reino era producto de su esfuerzo y empeño personal, el reino le pertenecía por conquista y no por herencia de sus antepasados.

Haciendo uso del fuero catalán, el rey Jaime I hace entrega a su caballerizo mayor Juan de Pertusa, de las espuelas, freno del caballo y escudo que portaba el rey en la campaña. Estos trofeos quedaron custodiados en la capilla que la familia Pertusa poseía en la catedral de Valencia, para posteriormente ser donados a la catedral por uno de sus sucesores: Ramón Guillem de Pertusa, quedando instalados a partir de entonces en la capilla mayor de la catedral. Durante la guerra civil de 1936 estos trofeos pasaron a ser custodiados por el Ayuntamiento de la ciudad, que una vez finalizada la guerra no los devolvió quedando depositados desde entonces en el Museo Histórico Municipal.

La repoblación de la ciudad de Valencia se realizó con gentes venidas de toda Aragón, destacando los contingentes catalanes, aragoneses, navarros y occitanos. Por lo general los grupos humanos se agrupaban por barrios o zonas dependiendo de su lugar de origen. El reparto de tierras y casas de musulmanes entre los cristianos queda reflejado en el conocido como Llibre del Repartiment donde antes incluso de la conquista de Valencia, el rey hace entrega a sus partidarios de las tierras y casas a ocupar. Así sabemos que la primera anotación realizada en el Llibre del Repartiment lleva fecha 25 de julio de 1237, cuando el rey Jaime se encontraba todavía acampado en tierras de la zona del Puig.

Jaime I de camino hacia el monasterio de Poblet, fallece en Alzira (Valencia) en 27 de julio de 1276, sus restos mortales fueron traídos a Valencia y depositados en el crucero de la catedral hasta que en 1278 su hijo Pedro III el Grande pudo cumplir los deseos del monarca fallecido, que deseaba que sus restos reposaran en Poblet.

Con la entrada del rey Jaime I el Conquistador en la ciudad de Valencia, bien pronto se establece una nueva forma administrativa de gobierno de la ciudad. Esta se agrupará en parroquias (algo parecido a los actuales barrios), cada parroquia elige una serie de ciudadanos que lo representan en el Consejo de la Ciudad (una forma de ayuntamiento), cada parroquia dispone de una demarcación, una iglesia y cementerio propio. La ordenación de las parroquias y sus cementerios quedó delimitada por una concordia firmada por todos su rectores en 1245. En total la división de la ciudad se realiza en doce parroquias, toman como centro el lugar de emplazamiento de la iglesia parroquial, que en ocasiones a su vez se construye sobre una antigua mezquita. Las doce primeras parroquias de la ciudad y germen del actual ordenamiento urbano son:

Iglesia de San Martín Obispo
Iglesia de San Andrés Apóstol
Iglesia de San Juan de la Boatella o San Juan del Mercado (Santos Juanes)  
Iglesia de Santa Catalina Mártir
Iglesia de Santo Tomás Apóstol (hoy desaparecida)
Iglesia de San Esteban Protomártir
Iglesia de San Nicolás
Iglesia de El Salvador
Iglesia de la Santa Cruz (hoy desaparecida)
Iglesia de San Miguel (hoy desaparecida)
Iglesia de San Bartolomé Apóstol (hoy desaparecida)
Iglesia de San Lorenzo

Recién conquistada la ciudad en 1238, la mezquita musulmana es purificada y convertida en catedral con la intitulación de Santa María. Desde 1238 hasta 1262 en que se coloca la primera piedra de la nueva catedral, será el edificio musulmán purificado centro de la vida espiritual de la ciudad. En 1262 esta situación cambia pues el obispo de la ciudad Andrés de Albalat decide la construcción de una nueva catedral de nueva planta.

Desde tiempo antes de la conquista de la ciudad se había planteado una fuerte disputa entre Pedro de Albalat, arzobispo de Tarragona y Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, por el control de la nueva diócesis que se veía cercana una vez conquistada la ciudad de Valencia. En 1245 el papa Inocencio IV decretó que la diócesis valentina será dependiente de la provincia eclesiástica de Tarragona, zanjando así un problema que llevó a una fuerte división interna e incluso al uso de las armas por parte de las facciones enfrentadas.

El 13 de septiembre de 1245 el rey Jaime I concede un privilegio autorizando la creación de un consejo municipal formado por jurados y consejeros elegidos libremente por los ciudadanos y prohoms de la ciudad, sin que haya intervención real. El rey delega pues, los poderes necesarios para gobernar, administrar y regir la ciudad. El gobierno de la ciudad es asumido por cuatro jurados que asumen la representación de un consejo de ciudadanos, la renovación del cargo de jurado se hacía anualmente. Esta situación cambiará en 1283 cuando se crea el Consell General de la Ciutat. Este consell estará formado por seis consellers por cada una de las doce parroquias de la ciudad, más cuatro consellers por cada uno de los quince gremios reconocidos, lo que hace un total de 132 consellers que serán los encargados del gobierno municipal. Nace así un sistema de doble representación (parroquial y gremial).

Los elegidos para los cargos municipales se denominaban según su procedencia social:
Caballeros: (cavallers) miembro de la pequeña nobleza que habían sido nombrados caballeros.
Generosos: (generós) miembro de la pequeña nobleza que no ostentaban la condición de caballero.
Ciudadanos: (ciutadans o prohoms) vecinos de la ciudad que formaban parte de los distintos gremios u oficios.

En 1240 el rey Jaime I establece en la ciudad de Valencia un nuevo cuerpo legislativo distinto de los Usatges catalanes y los furs aragoneses, son las Costums que poco a poco se irán ampliando a todo el Reino de Valencia. Las Costums regirán los destinos del Reino hasta el 22 de febrero de 1261 en que son sustituidos por los Furs valencianos. En 1245 con la conquista del castillo de Biar, considerado el punto y final de la reconquista cristiana aragonesa, el código jurídico de la ciudad de Valencia se aplicará a todo el Reino de Valencia. Las Costums serán pues el primer código legislativo del Reino de Valencia.

El 15 de junio de 1247 el rey concede el privilegio de creación de una nueva moneda de uso en todo el Reino, llevará el nombre de real (real de València).

En 1249 es creada Vila Nova Maris Valentiae, nuevo poblado urbano (Grao) que agrupa a la población que vive y trabaja cerca del mar y que será el germen de lo que en el futuro se conocerán como los poblados marítimos.

El 7 de abril de 1261 tiene lugar un hecho clave en la historia de Valencia y más concretamente del Reino, pues en esta fecha el rey Jaime I jura por primea vez los fueros (furs) ante las Cortes Valencianas, lo que se considera como el nacimiento del Reino de Valencia como entidad diferenciada del Reino de Aragón. Los fueros junto con los privilegios (privilegis) serán la base del ordenamiento jurídico valenciano que estarán en vigor hasta 1707 en que con el decreto de Nueva Planta del rey Felipe V de Borbón, los mismos sean derogados. Los fueros eran las leyes por las que debía regirse el Reino de Valencia, y eran un compendio tanto de los fueros aragoneses, las costums valencianas como las usatges catalanas. Los fueros valencianos sustituyen a las Costums, estos estaban escritos en latín y por primera vez se traducen a la lengua romance que se habla en Valencia. El 11 de abril de este mismo año, Jaime I firma un privilegio en el que dispone que sus sucesores estarán obligados a jurar los fueros valencianos al comienzo de su reinado.

En 1276 el rey aragonés Jaime I muere en Alzira cuando iba camino de Poblet (Tarragona). El cadáver recibe sepultura provisional en la catedral de Valencia hasta que su hijo años más tarde decide el traslado al panteón de Poblet. En su testamento Jaime I divide la Corona de Aragón entre sus hijos: a Pedro el Grande le hace entrega de Aragón, los condados catalanes y el Reino de Valencia y a su hijo Jaime, el reino de Mallorca y el Rosellón.

Siglo XIV

En 1317 el rey Jaime II el Justo crea la orden militar de Montesa, es la única orden militar estrictamente valenciana. Uno de los fines de creación de esta orden militar era recoger los bienes de la desaparecida y extinta orden del Temple que el papa Clemente V había suprimido en 1312. Su sede estuvo en la población valenciana de Montesa pero en el siglo XVIII y como consecuencia de un terremoto que destruyó el castillo y la sede, esta se trasladó a la ciudad de Valencia, frente al Puente del Real construirían su casa palacio, conocida en la actualidad impropiamente como Palacio del Temple.

En 1333 tiene lugar un hecho que ha pasado al ideario colectivo de los valencianos. En esta fecha el rey de Aragón Alfonso IV el Benigno quiso separar de la jurisdicción real, algunas ciudades y villas del Reino de Valencia (Xátiva, Alzira, Sagunto, Morella, Castellón y Burriana) con el fin de entregárselas en propiedad a su hijo Fernando. En el origen de esta decisión parece estar oculta la mano de su segunda esposa, Leonor de Castilla que deseaba entregar al hijo de ambos estas villas y ciudades, ya que el heredero de la Corona era su hijastro Pedro, más tarde conocido como el Ceremonioso. Esta decisión era un claro contrafuero, es decir, iba en contra de los fueros valencianos a los que el rey había jurado defender.

Encontrándose el rey en el Palacio del Real de Valencia, se presentaron ante él, los jurats de la ciutat y Francesc de Vinatea como jurat en cap. Tomando la palabra Francesc de Vinatea le reprochó al rey tal decisión, recordándole que esta acción era un contrafuero y que estos no estaban dispuestos a consentirlo. La esposa del rey que estaba presente, recriminó al rey que permitiese tal ofensa a su persona, pero este contestó a su esposa "¡reina, reina!, el nostre poble és franc e no és així subjugat com és lo poble de Castella, car ells tenen a Nós com a Senyor e Nós a ells como a bons vassalls e companyons". Acto seguido anuló el contrafuero. Si la decisión real hubiera continuado habría supuesto la división del Reino de Valencia; con la acción de Francesc de Vinatea y el resto de sus compañeros, se siguió garantizando la unidad de las ciudades y villas del Reino de Valencia.

En marzo de 1347 el rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso, proclama como heredera a la Corona de Aragón, a su hija Constanza en detrimento de su propio hermano Jaime de Urgel a quien le correspondía la corona, ya que la ley no permitía que las mujeres reinaran en la Corona de Aragón. Este hecho supuso el enfado de amplios sectores de Aragón y de Valencia en lo que consideraban una vulneración de los fueros, por lo que se crean la Unión Aragonesa y la Unión Valenciana o simplemente la Unión. Este hecho dio lugar a una guerra civil que tendría lugar entre 1347 y 1348 y que pasará a la historia como la guerra de la Unión.

En el caso valenciano, además, se unía un clamor general por la crisis agraria que se arrastraba en el campo, una alta presión fiscal por parte del rey, empeñado en guerras que necesitaba de grandes cantidades de fondos y una acusación de autoritarismo que había provocado un estado de malestar latente. En mayo de 1347 un grupo de ciudades del Reino encabezada por la ciudad de Valencia se enfrenta a las tropas reales ayudadas por algunos sectores de la nobleza valenciana. En julio pactan la Unión Aragonesa y la Unión Valenciana. Los primeros enfrentamientos tienen lugar en diciembre de 1347 con las batallas de La Pobla Llarga (Valencia) y Bétera (Valencia), ganadas por las tropas de la Unión. Inclusive en los primeros meses de 1348 el propio rey cae prisionero de las tropas de la Unión y es sometido a vejaciones y burlas. A mediados de 1348 el rey es liberado y lleno de rencor vuelve a la carga contra la Unión Aragonesa a la que vence totalmente en Épila (Zaragoza) el 25 de julio de 1348. Este descalabro militar deja a la Unión Valenciana en minoría y no pueden evitar ser derrotados en la batalla de Mislata (Valencia) el 9 de diciembre de 1348; al día siguiente el rey Pedro entra en la ciudad de Valencia y realiza un escarmiento general entre los cabecillas de la rebelión.

Es conocida la tortura sufrida por el unionista Joan Sala, que fue obligado a beber el bronce fundido de la conocida como campana de la Unión, por ser esta la encargada de tocar "a rebato" a la Unión. El rey Pedro anuló todos los privilegios que tuvo que firmar mientras estuvo prisionero de los unionistas entre marzo y abril de 1348 y establece fuertes penalizaciones de guerra. Sin embargo la tensa situación que se iba gestando con el reino de Castilla hace que el rey tenga que echar freno a su política sancionadora y suavizar la mano ante lo que se le podía venir encima.

El 23 de enero de 1350 nace en la ciudad de Valencia, un niño que llegará a santo, Vicente Ferrer, más conocido como San Vicente Ferrer. De todos conocido no vamos a extendernos en la vida del personaje, santo taumaturgo, dominico, doctor en teología, amigo del antipapa Benedicto XIII (papa Luna) y consejero de reyes y nobles aragoneses. Pieza clave en el conocido como compromiso de Caspe que tanta importancia tuvo en los destinos de la Corona de Aragón. San Vicente Ferrer falleció en Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, y allí descansan sus restos.

En 1356 estalla una guerra entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, la conocida como guerra de los dos Pedros (entre 1356-1365), pues son sus protagonistas el rey de Castilla Pedro I el Cruel y el rey aragonés Pedro IV el Ceremonioso. La guerra obligará a la ciudad de Valencia a construir un nuevo recinto amurallado que englobará a los nuevos barrios y arrabales que habían desbordado las viejas murallas musulmanas. Son las conocidas como murallas cristianas de Valencia y que con mayor o menor fortuna subsistirán hasta 1865 en que son demolidas para permitir el ensanche de la ciudad. De este periodo bélico, habría que destacar las dos veces que las tropas castellanas se encontraron a las puertas de la ciudad y no la pudieron conquistar, el rey de Aragón agradecido concedió en 1377 el uso en el escudo de la ciudad de dos letras "L" en señal de lealtad por los dos asedios a la ciudad, el primero que duró veinte días en el año 1363 y el segundo ya en el 1364.

En 1358 se crea la Junta de Murs i Valls, encargada de las obras públicas de la ciudad tanto civiles como militares. Entre las obras realizadas por este organismo estarán las nuevas murallas de la ciudad, el alcantarillado, la construcción de puentes y los pretiles de la ciudad. Esta junta sería sustituida en 1595 por la Fàbrica Nova del Riu encargada de los mismos cometidos.

El rey Pedro IV de Aragón autoriza el 3 de junio de 1365 la creación de una milicia cuya misión es proteger y dar escolta a la Real Senyera en todas sus salidas, ya sea en tiempos de guerra o de paz. El privilegio firmado en Murviedro (actual Sagunto) llevará por nombre Ballesters del Centenar de la Ploma o Companya de Ballesters. Formada por cien caballeros (centenar), su capitán será el justicia de lo criminal. El patrón de esta milicia será san Jorge y disponía de capilla propia en la actual plaza de Rodrigo Botet. La milicia fue disuelta en 1707 al ser suprimidos los fueros valencianos por el rey Felipe V de Borbón.

En 1391 tiene lugar uno de los hechos más tristes de la historia valentina, nos referimos al asalto de la judería aljama. Esta se encontraba localizada entre las actuales calles del Mar donde se encontraba la sinagoga mayor y el edificio del Corte Inglés de Pintor Sorolla donde se encontraba la conocida como puerta de los Judíos y el cementerio judío. Aunque el odio hacía los judíos venía de lejos no solo en el Reino de Valencia sino también en el resto de los reinos hispanos, fue el 9 de julio cuando se produjo un levantamiento general que acabó con la vida de muchos judíos de la ciudad de Valencia y la desaparición de la aljama incluyendo la sinagoga que acabaría convirtiéndose en el Convento de San Cristóbal. Un hecho similar tuvo lugar el 1 de junio de 1456 pero esta vez el asalto fue realizado en la morería, que era el barrio donde residían los descendientes de los musulmanes que habían decidido quedarse en la ciudad después de la conquista de Jaime I. A raíz de este asalto, la judería valenciana desapareció.

Siglo XV - El siglo de oro valenciano

El conocido como siglo de oro valenciano (siglo XV) comienza en sus primeros años con el asesinato en 21 de marzo de 1407 de Ramón Boil Dies, II barón de Bétera y gobernador de la ciudad entre 1393 y 1407 fecha de su muerte. El asesinato tuvo lugar en la actual plaza de San Vicente Ferrer, cerca de su domicilio, en el lugar donde hoy día se levanta la Iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri. Una noche cuando salía Ramón Boil de su casa fue apuñalado por un sicario; la causa parece ser un asunto de faldas por una mujer que jugaba con dos barajas. Aunque el motivo del crimen es el aludido, tuvo también un cierto trasfondo político ya que Ramón Boil era afín a la familia de los Vilaragut que defendían al conde Jaime de Urgell como legítimo heredero a la corona de Aragón y Joan de Pertusa afín a los Centelles que defendían a Fernando de Antequera como heredero a la corona aragonesa. Si juntamos ambas causas, los celos y los motivos políticos tendremos el motivo del asesinato.

El responsable del asesinato fue el caballero Joan de Pertusa. Horas antes de subir al patíbulo había confesado el asesinato haciendo alarde del mismo. El autor del crimen subió al patíbulo y fue ahorcado, la calle donde vivía Ramón Boil fue renombrada como calle del Gobernador Viejo con el fin de distinguirlo de su hijo Ramón Boil y Montagud († Nápoles 1458) llamado el Joven. Todavía se mantiene en el callejero municipal el nombre de Gobernador Viejo y aunque algo vetusta, pasa por ser una de las calles nobiliarias de la ciudad.

En 22 de abril de 1412 tiene lugar el conocido como Compromiso de Caspe (Zaragoza) del que salió elegido como rey de la corona de Aragón, Fernando de Antequera. Los antecedentes del hecho vinieron motivados por la muerte sin sucesión legítima del rey de Aragón Martín I el Humano († 1410), lo que trajo consigo diversas desavenencias y conflictos entre los posibles candidatos y las facciones que las apoyaban. Se llegó el 15 de febrero de 1412 a un pacto conocido como Concordia de Alcañiz (Teruel) por la cual los estados de la corona de Aragón se reunirían en Parlamento General y nombrarían un nuevo rey elegido por nueve prohombres entre los distintos estados de la corona aragonesa. Se implicaron el Reino de Aragón, el Reino de Valencia y el Condado de Barcelona, los cuales eligieron a tres representantes por cada territorio; los valencianos eligieron a fray Vicente Ferrer (futuro santo), su hermano fray Bonifacio Ferrer y Ginés Rabassa que por su avanzada edad sería sustituido por Pedro Bertrán. Por el condado de Barcelona fueron elegidos Pere Sagárriga (arzobispo de Tarragona), Guillem de Vallseca (jurista) y Bernat de Gualbes (doctor en leyes) y por el Reino de Aragón, Domingo Ram (arzobispo de Huesca), Fernando de Aranda (caballero) y Berenguer de Bajardí (caballero y jurista). En el compromiso tuvo especial relevancia nuestro Vicente Ferrer ya que dado su carisma personal supo atraer a su bando al resto de los compromisarios, el resultado fue la elección de Fernando de Antequera como rey de Aragón y la llegada de la dinastía castellana de los Trastámara en Aragón. Fue elegido por seis votos a favor, una abstención (Pedro Bertrán de Valencia) y dos compromisarios catalanes que votaron por otro candidato (Pere Sagárriga y Guillem de Vallseca). La elección fue proclamada el 28 de junio de 1412.

Los candidatos a la sucesión de la corona de Aragón fueron: Jaime (conde de Urgell), Luis (duque de Calabria), Fadrique o Federico (conde de Luna), Fernando (infante de Castilla) y Alfonso (duque de Gandia), aunque de hecho solo dos candidatos tenían posibilidades: Jaime de Urgell y Fernando de Antequera, infante de Castilla. Jaime de Urgell era yerno del rey Pedro IV el Ceremonioso y por tanto cuñado del difunto rey Martín el Humano. Tras el Compromiso de Caspe se levantó en armas contra el nuevo rey, fue derrotado y encerrado en el castillo de Xátiva (Valencia) hasta que murió en 1 de junio de 1433.

En el siglo XV tiene lugar el llamado siglo de oro valenciano, un periodo en el que la vida literaria, artística y edilicia se impone sobre el resto de territorios de la corona de Aragón. Valencia llega incluso a convertirse en la ciudad más poblada de todo el Mediterráneo superando incluso a Barcelona y Zaragoza por número de habitantes. Es en este siglo de oro cuando surgen los personajes más importantes de la vida cultural valenciana:

Literatos
Jordi de Sant Jordi († 1425)
Jaume Roig (* 1434 † 1478)
Ausias March (* 1397 † 1459)
Sor Isabel de Villena (* 1430 † 1490)
Roig de Corella († 1497)
Joanot Martorell (* 1413 † 1468)

Papas
Calixto III
Alejandro VI

Edificios
La Lonja de los Mercaderes
Las Torres de Serranos
La Generalitat Valenciana

El 9 de julio de 1492 el papa Inocencio VIII eleva la sede episcopal valentina a la categoría de metropolitana, era en ese momento obispo de la diócesis Rodrigo de Borja, más tarde futuro papa Alejandro VI y como sufragáneas de la valenciana las iglesias de Mallorca y Cartagena.

Siglo XVI

La primera vista que tenemos de la ciudad es de 1563 cuando el artista flamenco Antoine van den Wijngaerde dibujó por encargo del rey Felipe II una serie de ciudades españolas, entre ellas las de Valencia, en esta vista realizada desde alto podemos ver la estructura de la ciudad y principalmente la muralla por su fachada norte, los puentes, el trazado de algunas calles y alguno de los barrios extramuros. De 1608 es el segundo plano conocido de la ciudad de Valencia, realizado por el italiano Antonio Mancelli y que tiene la particularidad que en el mismo figura el nombre de los edificios más sobresalientes de la ciudad y donde se puede observar con gran fidelidad el entramado urbano y los espacios más significativos. Ambos planos son una fuente de especial importancia para el conocimiento de la ciudad durante el siglo XVII.

En 1704 el padre Tosca realiza un plano de la ciudad de Valencia con una gran fidelidad y a una escala verdaderamente fidedigna. Este tercer plano marca una gran diferencia con sus predecesores de 1563 y 1608, ya que el primero lejos de ser un plano, solo es una vista de la ciudad. El segundo plano si que es un antecedente del que cien años después realizara Tosca pero muy mejorado por este y mucho más actual.

El acontecimiento que marca sin genero de dudas el siglo XVI valenciano, es la conocida como Guerra de las Germanías. Aunque no es un conflicto estrictamente valenciano, en nuestro Reino adoptó tintes particulares. La Guerra de las Germanías fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1519 y 1522 entre los gremios en lucha contra la nobleza apoyada por el poder Real. El nombre del conflicto proviene de uno de los bandos del conflicto: las Hermandades Gremiales de donde derivará Germanías o Hermandades.

Los gremios ya desde los tiempos del rey Fernando el Católico habían formado milicias para defenderse de los ataques berberiscos a las costas mediterráneas. La epidemia de peste de 1519 había llevado a la nobleza valenciana a los campos donde se consideraba más segura la vida, ello llevó a un vacío de poder en las ciudades que fue ocupado en gran medida por los Gremios. En noviembre de 1519 se creó una junta de 13 de personas representantes de los gremios que se hicieron cargo de la situación. La junta tenía su lugar de reunión en la Iglesia de San Martín. Al frente de del movimiento agermanado se encontraban el erudito Joan LLorens y el jurado de la ciudad Guillém Castellví (conocido como Guillém Sorolla), ambos además miembros de la Cofradía de Sant Jordi.

En primera instancia los gremios agermanados dominaron la situación, se asaltó el barrio de la moreria a los que se acusaba de estar en connivencia con la nobleza, se asaltaron las haciendas rurales y se saquearon las huertas. El virrey de Valencia, Diego Huertado de Mendoza y Lemos tuvo que huir a Denia donde juntó un ejercito realista, mientras tanto las tropas agermanadas constituían juntas revolucionarias.

El conflicto armado tuvo varias fases, en 1521 las tropas reales conquistaron Orihuela, capital de la gobernación de su mismo nombre. Desde el sur las tropas reales conquistaron Alicante y otras ciudades del sur del Reino, mientras tanto por el norte, Alonso de Aragón, duque de Segorbe avanzaba en dirección a Valencia. El 18 de julio de 1521 el duque de Segorbe venció al agermanado Jaume Ros en la batalla de Almenara consolidando el norte del Reino y quedando la ciudad de Murviedro (Sagunto) en manos agermanadas.

Por el Sur el lider de las tropas rebeldes era Joan Caro, después de algunas victorias, las tropas agermanadas se dedicaron al saqueo, por lo que Joan Caro que no estaba conforme con esta situación se apartó de la lucha, siendo sustituido por Esteve Urgellés. El nuevo lider toma el castillo de Xátiva el 14 de julio de 1521 pero muere en la batalla. Es sustituido por Vicente Peris, hombre de tendencias radicales y gran lider revolucionario.

Una de las maniobras esta vez política y no militar, fue dirigirse a Játiva que estaba en manos de los agermanados y entrevistarse con Fernando de Aragón, duque de Calabria que estaba prisionero en el castillo por orden del rey Fernando el Católico. Le propuso liberarlo cambio de que se pusiera al frente de la revuelta y que casara con Juana La Loca que estaba encerrada en Tordesillas. El objetivo era minar la autoridad del rey Carlos I y presentar un candidato alternativo a la Corona de España. El caso es que Fernando de Aragón se negó en redondo y continúo en prisión. Tiempos después el rey Carlos I en premio a su fidelidad, le concedió la libertad, lo casó con Germana de Foix, viuda del rey Fernando el Católico y viuda del Marques de Brandenburgo y como regalo de bodas los nombró virreyes del Reino de Valencia.

Como la solución política no resultó, las armas hablaron y en la batalla de Vernissa (cerca de Gandia) un 23 de julio de 1521, Vicente Peris y las tropas agermanadas vencieron a las tropas realistas que estaban mandadas por el virrey Diego Hurtado de Mendoza inflingiendoles una fuerte derrota. El virrey tuvo que refugiarse en el castillo de Villena donde continúo concentrando tropas con las que dirigirse a la ciudad de Valencia.

Sin embargo la guerra no corría bien para las tropas agermanadas. Si por el norte las tropas nobiliarias tenían cercada la ciudad de Murviedro, por el sur los rebeldes son derrotados en Orihuela cuando estas se encontraban bajo el mando de fray Miguel García, ya que Vicente Peris estaba en Murviedro intentando suministrar ayuda a los rebeldes. El 29 de septiembre de 1521 cae Murviedro-Sagunto.

Vicente Peris consciente de que el destino de la guerra se decide en la ciudad de Valencia, hace su entrada trinfal en ella, pero el virrey y sus tropas toman la ciudad el 2 de marzo de 1522. Vicente Peris que se había refugiado en su casa de la actual Av.de Barón de Cárcer es ejecutado y su cabeza fue colocada en la Puerta de San Vicente como escarmiento a todos aquellos que se levantaran contra la autoridad Real. Para entonces la suerte de las Gemanías estaba decidida, de los lideres rebeldes Joan Llorens había fallecido de muerte natural tiempo atrás y el destino de los que habían sobrevivido a la guerra no se haría de esperar.

Unicamente las ciudades de Alzira y Játiva permanecian en manos de los agermanados. En este momento de la historia hace su aparición un personaje chusco que se hacía pasar como hijo del principe Juan y por lo tanto nieto de los Reyes Católicos y que pasará a la historia y a la literatura con el sobrenombre del Encubierto (El Encobert). Este se convirtió en el nuevo lider agermanado sobre las dos únicas ciudades que quedaban en poder de las Germanías, pero estas acabaron por caer en manos realistas y El Encobert fue asesinado por dos de sus seguidores, Pedro Lluesa y Jusepe Aparicio en Burjassot el 19 de mayo de 1522. Su cadáver fue quemado en la hoguera en la plaza de la Seo valenciana por hereje.

Con el asesinado del Encobert y la caída de Játiva el 5 de diciembre de 1522 y Alzira el 7 de diciembre de 1522 y con Valencia en manos realistas, el conflicto civil entre valencianos había acabado. Las heridas sin embargo continuarían abiertas pues el momento de la justicia o de la venganza, habría de llegar de las manos de los nuevo virreyes valencianos, Germana de Foix y el duque de Calabria.

Muerto Joan Llorens, ejecutado Vicente Peris y el Encobert asesinado, solo dos lideres rebeldes de renombre quedaban con vida. Guillem Sorolla que traicionado fue ejecutado en Xátiva y Joan Caro que a mitad del conflicto y por discrepancias con la dirección agermanada se había retirado de la lucha y en primera instancia había sido perdonado, fue ejecutado por los nuevos virreyes el 12 de marzo de 1524, dos años después de haber acabado el conflicto.

El siglo XVI vería también el primer documento salido de la cancillería del Palacio del Real de Valencia, escrito en castellano y por el cual se concedía un indulto a algunos personajes del Gremio de Peraires. Este documento está considerado como de los primeros escritos en castellano en el Reino de Valencia. En 1528 el rey Carlos I de España concedió un perdón general a todos los participantes en las Germanías con lo que nominalmente quedaba pacificado el Reino.

En otro orden de cosas y ya avanzando el siglo, en 1588 es desterrado a nuestra ciudad, Felix Lope de Vega y Carpio, el gran dramaturgo español. En nuestra ciudad residió durante dos años junto con su amante Isabel de Urbina, y en nuestra ciudad escribió algunas de sus obras: Los locos de Valencia, ambientada en el Hospital General de Valencia; La viuda valenciana y el Grao de Valencia. En nuestra ciudad frecuentó los círculos intelectuales de la Academia de Nocturnos y frecuentó los corrales de Comedias de la ciudad (El Corral de la Olivera y el Corral de las Comedias). En 1590 volvió a Toledo una vez finalizado su destierro, aunque aún volvería a nuestra ciudad en un par de ocasiones. Valencia le puso su nombre a una de sus calles, en el Barrio de Pescadores hoy desaparecido y que sobre su solar se levanta el actual edificio de Correos. Actualmente la plaza Lope de Vega que recuerda su paso por Valencia se encuentra en la plaza que se abre a la Iglesia de Santa Catalina y a la Plaza Redonda.

Cerrando el siglo nuestra ciudad vio un acontecimiento importante en nuestra ciudad, la boda del rey Felipe III y Margarita de Austria, que tuvo lugar un 18 de abril de 1599 en la Catedral de Valencia, siendo oficiada la ceremonia por el arzobispo de Valencia San Juan de Ribera.

Siglo XVII

Si el siglo XVI finalizaba con una boda real, los inicios del XVII comenzaba con un hecho luctuoso que causó gran conmoción en la ciudad de Valencia. El 20 de Octubre de 1606 es degollado en su palacio de la calle del Mar, Jeroni Valeriola. Por tal crimen es ejecutado su hijo Cristófol Valeriola a quien se le atribuye el crimen, pero bastantes años después y en su lecho de muerte y arrepentido confiesa Miguel Pertusa que él cometió el asesinato, por orden de Cristóstomo Ruiz de Lihory.

La expulsión de los moriscos Sin lugar a dudas, el siglo XVII está marcado en la historia de Valencia y del Reino por un hecho trascendente, que todavía forma parte de una historia no cerrada a día de hoy; se trata de la expulsión de los moriscos de todos los reinos hispánicos. Particularmente en el reino de Valencia, la fecha clave es 1609, aunque las expulsiones se seguirán realizando en años sucesivos en otros lugares del solar hispano. El rango de tiempo oscila entre 1609 y 1613.

Desde la conquista en 1238 del reino musulmán de Balansiya por el rey Jaime I el Conquistador, los cristianos y los musulmanes vivían en una relativa coexistencia pacífica. Los musulmanes aunque considerados de alguna manera como ciudadanos de segunda, vivían relativamente tranquilos en la seguridad de un barrio apartado de la ciudad, era la conocida como morería. Esta tranquilidad se vería interrumpida en 1455 cuando la morería fue asaltada por hordas de cristianos. El barrio de la morería toma su nombre por ser el lugar de habitación de los moros, nombre usado para referirse desde los tiempos de la reconquista a los musulmanes. En tiempos del imperio romano, la provincia del norte de África era conocida como Mauretania Tingitana, cuando los musulmanes arribaron a Hispania en el 711, los peninsulares los llamaron maurus como habitantes de la Mauretania, de ahí a moros solo hay un paso. Obviaremos el detalle que no todos los musulmanes procedían del norte de África, los habían sirios y árabes que no eran moros, pero no nos detendremos en pequeños detalles que a nadie parece importar.

Por extensión todos los musulmanes empezaron a ser conocidos como moros (en ocasiones sarraïns) y con tal nombre se ha mantenido incluso hasta la actualidad. Los moros que en el momento de la conquista cristiana quisieron quedarse en territorio cristiano fueron llamados mudéjares (del árabe mudaggan, domados) y como ya hemos comentado vivían principalmente en el barrio de la morería. Este barrio grosso modo ocupaba el espacio del actual barrio del Carmen, su mezquita aljama se encontraba en la confluencias de la actual calle de San Miguel con la plaza del Profesor López Chavarri, mezquita luego reconvertida en iglesia católica con la advocación de San Miguel y San Dionisio. Esta iglesia sería derribada en 1941 ante el deterioro que sufría.

En 1521 en el transcurso de las guerras de las Germanías (1519-1523), la morería de Valencia fue asaltada por segunda vez en su historia. El detonante del asalto, además del típico y habitual odio que se tenía a los mudéjares, era la acusación por parte de los agermanados, que los mudéjares se habían colocado de parte de la nobleza en su conflicto militar. No les faltaba razón, aunque justo es reconocer que los mudéjares no consideraban la guerra agermanada un problema de su incumbencia y se limitaron a permanecer junto a la nobleza para la que trabajaban por una simple cuestión de supervivencia.

Muchos de los mudéjares o moros eran personas que trabajaban en los campos propiedad de la nobleza, otros eran artesanos (buenos y cualificados) y también muchos de ellos trabajaban en casas de los nobles en calidad de criados. En los pueblos del reino de Valencia, la situación era muy distinta, la gran mayoría eran agricultores que trabajaban las tierras de los grandes nobles y en muchas comarcas y pueblos podían ser población mayoritaria. En los pueblos las relaciones entre cristianos y mudéjares eran más razonables. Los mudéjares valencianos al contrario que en otros lugares de España, conservaban la lengua, escritura, religión, vestimenta y cultura árabe.

En 4 de abril de 1525 el rey de España Carlos I, firmó una orden por la cual todos los mudéjares del reino de Valencia debían bautizarse, una política antimudéjar que ya había comenzado años antes en el resto de España. La orden se llevó obligatoriamente al año siguiente, el bautizo era obligatorio y además no venía precedido de un plan de catequización, por lo que fue una conversión forzada que ni siquiera los propios interesados se tomaron en serio. A estos musulmanes bautizados se les llamó moriscos, como una forma despectiva de recordarles su condición mora. En términos historiográficos se les llamó "cristianos nuevos" en contraposición a los "cristianos viejos", dos términos que en los años del imperio español, llegaron a tener mucha importancia.

La orden de bautizarse fue recibida con estupor, los moriscos disconformes se rebelaron a inicios de 1526 refugiándose en lugares de difícil acceso de las montañas valencianas, fueron famosas las rebeliones de la sierra de Bernia, la muela de Cortes, la sierra Espadán y de Benaguacil. Rebeliones que fueron reprimidas con la mayor dureza por las tropas reales.

Era una situación anómala de un pueblo bautizado a la fuerza, que no se sentían cristianos y que seguían practicando su religión musulmana a escondidas, que eran tratados como gentes de segunda y que constantemente eran maltratados, engañados y vejados, lo que llevó a algunos de ellos a colaborar con los piratas berberiscos (norte de África, actual Marruecos y Argelia) que asolaban las costas valencianas. Los moriscos empezaron a ser considerados como enemigos, no tanto por los vecinos que convivían con ellos, pero si por la autoridad real que veían en ellos una quinta columna en el interior del reino y un atentado contra la religión cristiana al ser considerados renegados y por tanto objeto de investigación por el Santo Oficio (inquisición). En 1563 el rey Felipe II ordena en 1563 el desarme de los moriscos, incautándose de grandes cantidades de armas blancas y muchas de fuego, algo por otra parte que no era extraño, ni siquiera en el caso de los moriscos.

La cuestión morisca se alargaba en el tiempo, finalmente en 1609 el rey Felipe III firmó el decreto de expulsión de todos los moriscos de los reinos hispánicos. Entre los muchos motivos alegados se hablaba de la falta de integración de los moriscos, el peligro colaboracionista con los piratas otomanos y berberiscos del norte de África y algo muy importante la necesidad de intitularse como reino católico frente al peligro secesionista de los rebeldes flamencos y holandeses.

El primer lugar de España en ejecutarse el decreto de expulsión, fue en el reino de Valencia, así desde los puertos del Grao de Valencia, Denia (Alicante), Vinaroz (Castellón), Alicante y Moncófar (Castellón), fueron llevados en galeras reales todos los moriscos censados en el reino, destino: Berbería, en el norte de África. La salida del reino fue traumática, disponían de tres días para salir, solo podían llevarse lo que pudieran llevar en sus manos, por el camino eran asaltados y el trato recibido inhumano. La llegada a tierras africanas no fue mejor, allí muchos de ellos fueron asesinados, aunque muchos otros pudieron rehacer su vida en el país creando una nueva cultura morisca en esos países africanos.

Sin embargo algunos moriscos del reino fueron escondidos por sus propios vecinos o se refugiaron en lugares de difícil localización, muchos otros lograron eludir la orden de expulsión incluso durante años. También se dio la circunstancia que muchos de los moriscos expulsados, con el tiempo regresaron a su lugar de origen y pudieron reestablecer su vida anterior con las lógicas limitaciones y el miedo a una nueva expulsión. Otros moriscos se dedicaron a la actividad arriera, un oficio que por su constante movimiento les impedía ser localizados y censados. A pesar de todo, la tragedia humana fue enorme y sin paliativos.

La persona que se vio en la obligación de ejecutar la orden de expulsión en el reino de Valencia, fue el virrey Luis Carrillo de Toledo (* La Puebla de Montalbán, Toledo 1564 † Madrid 02-02-1626), marqués de Caracena, cargo que ocupó entre 1606 y 1615. Con él estuvo a su lado el arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera. El arzobispo era un firme partidario de la expulsión, pero quería que antes de llegar a ese punto, los moriscos recibieran educación cristina y abrazaran la fe de Cristo con sinceridad. No lo consiguió y finalmente colaboró con el virrey en la expulsión de los moriscos.

Las primeras noticias que llegaban a España del poco amable recibimiento por parte de sus hermanos africanos, disuadieron a muchos de ellos a obedecer las ordenes de expulsión, muchos de ellos se refugiaron en las zonas montañosas de Cortes de Pallás (Valencia) y otros lugares del reino, allí fueron masacrados sin piedad por las tropas del rey, los que sobrevivieron prefirieron suicidarse arrojándose mujeres y niños desde lo alto de las peñas de Cortes. Finalmente la rebelión fue sofocada y los supervivientes expulsados.

Como es de suponer el número de moriscos que se vieron obligados a salir del reino de Valencia, se desconoce, pero se calcula que debió superar ampliamente los 130.000 habitantes y que pueblos enteros en las comarcas valencianas quedaron deshabitados, muchos otros tuvieron que ser repoblados con gentes de otros reinos, y en el lenguaje de la época con cristianos viejos. La expulsión de los moriscos fue un trauma poblacional de consecuencias gigantescas. Los nobles cuyas tierras de señorío eran cultivadas por moriscos, vieron como los ingresos disminuyeron de forma alarmante, no obstante la actuación de la nobleza fue de total colaboración en el decreto de expulsión. Grosso modo se calcula que un tercio del total de la población del reino fue expulsada.

Siglo XVIII

La guerra de sucesión a la corona de España Sin lugar a dudas uno de los hechos más impactantes e importantes ocurridos en el siglo XVIII valenciano son los acontecimientos derivados de la guerra de sucesión a la corona de España. A la muerte sin sucesión del rey Carlos II el Hechizado (* 1661 † 1700), se proclama rey de España, Felipe V (* 1683 † 1746), primer rey de la dinastía francesa de los Borbones. No conforme con esta elección, el archiduque Carlos de la dinastía de los Austria se autoproclama a su vez rey, y comienza una guerra civil que pasará a la historia con el nombre de guerra de sucesión y no de "secesión" como en ocasiones se dice. Valencia y su reino se decanta por la facción austracista. La capital del reino que se encontraba en manos de las tropas borbónicas es tomada el 16 de diciembre de 1705 y el 1 de septiembre de 1706 el archiduque Carlos de Austria entra en la ciudad donde es recibido con vivas y vítores, pero la alegría no dudará mucho tiempo, en marzo de 1707 y ante el avance de las tropas borbónicas, el pretendiente Carlos tiene que salir de la ciudad en dirección a Barcelona. El 25 de abril de 1707 tiene lugar en Almansa una batalla decisiva, pues las tropas austracistas son derrotadas y el reino de Valencia cae en manos de los borbones. El 8 de mayo las tropas de Felipe V al mando del duque de Berwick entran en la ciudad y la declaran rebelde junto con otras ciudades importantes del reino, la peor parada Játiva que es incendiada e incluso se le cambia su nombre por el de san Felipe.

Con la derrota en la batalla de Almansa, el destino de la guerra está decantada, un 29 de junio de 1707 el rey Felipe V sanciona el "decreto de nueva planta", por el cual quedan derogadas todas las instituciones, derechos, fueros y privilegios que tiene el reino de Valencia e impone y unifica las leyes castellanas sobre los reinos hispánicos, lo que supone la unificación y centralización de dichos reinos. Los jurados de la ciudad son cesados y en su lugar los "corregidores" se convertirán en la máxima autoridad municipal.

La guerra de sucesión es parte de un conjunto de intereses de dos dinastías europeas, los borbones franceses por una parte y los Austria por el otro. Otras naciones se verán involucradas en la guerra, pero en menor medida. A nivel interior, la desaparición de los fueros supone la sustitución de los mismos por las leyes imperantes en Castilla, lo que suponía un proceso centralizador que chocaba frontalmente con las leyes forales hasta entonces vigentes. En la práctica suponía la desaparición de los estados de la Corona de Aragón, formados por el reino de Aragón, reino de Valencia, reino de Mallorca y principado de Cataluña. El reino de Navarra que se había declarado leal a la dinastía Borbón continúo con sus fueros al no haber sido declarada provincia rebelde.

A pesar de la guerra de sucesión, el siglo XVIII valenciano, es un siglo donde nacen personajes de la talla de Gregorio Mayans (* Oliva 1699 † 1781) y Antonio José Cavanilles (* Valencia 1745 † 1804). El 12 de marzo de 1784 el francés Charles Bouché se eleva en globo por primera vez en Valencia desde el huerto de Duclós, un pequeño y cortísimo viaje en este nuevo invento que pone de relieve el nivel científico e intelectual que se desarrolla en gran medida en Europa y a menor escala y en contadas ocasiones en España. En 1768 se funda la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y en 1776 la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia.

Otros hechos importantes tienen lugar en el siglo XVIII en Valencia, así en 1763 se inaugura el servicio de alumbrado público por gas en las calles y los días 12 y 13 de julio de 1755 tiene lugar una espectacular puesta en escena de una naumaquia en el río Turia para conmemorar el III centenario de la canonización de san Vicente Ferrer.

Siglo XIX

La guerra de la independencia Dando un doble salto mortal en el tiempo nos adelantamos unos cientos de años y nos situamos en el siglo XIX en el inicio de la Guerra de la Independencia (1808-1814). El 2 de mayo de 1808 tuvo lugar el levantamiento de los madrileños contra los franceses que habían invadido la península.

Desde esa fecha los valencianos se encontraban inquietos porque se recibían noticias de la capital pero no estaban confirmadas y el cúmulo de rumores iba en aumento. Por fin el 23 de mayo en la plaza de les Panses, lugar de llegada del correo de Madrid llegó la noticia, el 2 de mayo los madrileños se habían levantado contra el invasor. Inmediatamente un palleter llamado Vicente Domenech levantó el grito de independencia y la ciudad se preparó a la defensa de la ciudad.

El 5 de junio tuvo lugar uno de los sucesos más luctuosos en la historia de la ciudad y fue el asesinato por parte de hordas incontroladas de cerca de 400 franceses que residían en la ciudad, ajenas totalmente a los sucesos que se desarrollaban en el resto de España.

El 28 de junio de 1808, 9.000 franceses a las ordenes del Mariscal Moncey se presentaron ante la Puerta de Quart. La artillería batió durante todo un día la ciudad pero esta no sucumbió y sus maltrechas murallas aguantaron el empuje francés. Estos que habían llegado pensando que la ciudad se entregaría sin lucha se retiraron al día siguiente hacia Almansa ya que no disponían ni de artillería ni de hombres suficientes para sitiar la ciudad. Las señales de artillería que tiene las Torres de Quart corresponden a este momento de la guerra. Para estas fechas se calcula que el número de habitantes que tenía la ciudad rondaría por arriba de las 80.000 personas.

El 5 de marzo de 1810 sería el conde Louis Gabriel Suchet (entonces todavía no era mariscal) quien se presentó con tropas frente a la ciudad de Valencia. Este situó su cuartel general en el Puig pero sus tropas se pertrecharon al otro lado del río, en el Llano de Zaidia y en el camino de Morverdre aproximadamente. El entonces capital general José Caro y el general Blake no quisieron capitular, y la ciudad sufrió el asedio durante cinco días. Por cuestiones de estrategia las tropas francesas se retiraron sin tomar la ciudad, hacia Aragón y Cataluña. El segundo sitio a la ciudad había vuelto a ser favorable para los españoles.

El mariscal Louis Gabriel Suchet (1770-1826) empezó su campaña por el norte de Aragón y dirigiéndose hacia el sur llegó al Reino de Valencia y a su capital el 26 de diciembre de 1811 en que la ciudad es rodeada completamente. El 9 de enero de 1812 la ciudad capitula y los franceses entran ese mismo día en la ciudad. El general Joaquín Blake Joyes (Vélez Málaga 1759 - Valladolid 1827) que defiende la ciudad es hecho prisionero. Suchet es nombrado duque de la Albufera y se instala en el Palacio de Cervelló de nuestra ciudad.

En este punto hay que anotar que hasta este momento la ciudad de Valencia no estuvo nunca ocupada por los franceses, al contrario de lo que pasaba en el centro y sur de la península donde los franceses se habían adueñado de las capitales y poblaciones más importantes. También hay que hacer notar que la zona del levante peninsular por ordenes directas de Napoleón quedo bajo la jurisdicción de Suchet, ninguneando a su propio hermano José I cuya autoridad sobre Valencia en particular era prácticamente nula.

El 31 de agosto de 1812 el rey intruso José I visita la ciudad de Valencia a instancias de las autoridades municipales. El rey entra en la ciudad por la puerta de San Vicente (en la actual plaza de San Agustín) y queda alojado en el Palacio de Parcent. A finales del mes de octubre el rey regresa a Madrid y al poco tiempo tiene que salir de la capital de España ante el avance de las tropas anglo-luso-españolas. La guerra para entonces se volvía en contra de los franceses.

El mariscal Scuhet salió de la ciudad el 5 de julio de 1813 en dirección a Barcelona, la ciudad volvía a estar libre de la opresión francesa. La ocupación había durado aproximadamente año y medio. Fernando VII volvería a ser rey de España. Este, en agradecimiento por los dos sitios que tuvieron que soportar concedió a los valencianos el uso de las ramas de laurel bajo el escudo de la ciudad.

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